A Ziganda ya solo le vale un milagro

El proyecto del entrenador parece visto para sentencia y sólo una gran victoria ante el Madrid podría darle un poco de oxígeno

Ziganda, durante el partido ante el Formentera. /Ignacio Pérez
Ziganda, durante el partido ante el Formentera. / Ignacio Pérez
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Vi ayer las imágenes de Ziganda al término del partido ante el Formentera. No pude hacerlo en directo en San Mamés por causa de fuerza mayor. En ese momento, consumada la catástrofe, los chicos de la prensa escrita estábamos borrando párrafos y soltando juramentos al borde de la hipotermia, mientras picábamos espuelas para rehacer nuestros textos y volvíamos a convencernos, una vez más, de que pianista en una casa de putas hubiese sido una mejor elección profesional. Sentí pena por 'Cuco', la verdad. Estaba destrozado. Cuando dijo que tenía la sensación de que ese 0-1 en el último segundo parecía estar escrito, comprendí la naturaleza de su desolación. Ziganda ha llegado a un punto dramático en el que se siente perseguido por una maldición que lleva camino de convertir su mayor sueño en su peor pesadilla. Observa los astros y se siente condenado por el destino a fracasar como entrenador del Athletic.

Es muy probable que el proyecto de Ziganda quedara visto para sentencia el miércoles. Y es que esta clase de derrotas tienen un componente de afrenta, de honor mancillado, que los aficionados no perdonan. Acostumbran a ser la gota que colma el vaso. Porque el estigma queda ahí y no se va ni con agua hirviendo. Hay que llevarlo como se lleva una bola de preso, apretando los dientes y fabulando con una futura venganza, y para esto hace falta un carácter que este Athletic no tiene. En unos pocos meses, ha perdido su fútbol y se ha convertido en un grupo triste y deprimido que no sabe a dónde va.

Los equipos son un ecosistema muy frágil. Cualquier pequeño virus es capaz de desmantelarlos y hundirlos en la miseria. Es lo que le ha ocurrido al Athletic, que el pasado verano no supo detectar el problema que tenía. La situación estaba lejos de ser ideal. El futuro rojiblanco distaba de ser una tierra de promisión. Otra cosa es que a la directiva rojiblanca le interesara sacar pecho hablando de una temporada magnífica, de nuevo con clasificación europea aunque fuese de rebote, y que a Valverde le viniera de maravilla el triunfalismo reinante para despedirse por todo lo alto. Pero las primeras grietas estaban ahí, a la vista. Y no me refiero al soponcio ante el Apoel, colofón a una Europa League pobrísima. Lo cierto es que se jugó bastante mal en líneas generales toda la temporada y que, en los tres últimos partidos, cuando el equipo se jugaba la clasificación directa para Europa, el rendimiento fue lamentable. Esta era la realidad de la plantilla y el club decidió mirar hacia otro lado. El Athletic empezaba a declinar y pedía a gritos fichajes si no quería correr el riesgo de que sucediera lo que ha acabado sucediendo, es decir, que los jugadores se pusieran a hacerse preguntas y el nuevo entrenador recién llegado, lejos de transmitirles certezas, les contagiara sus dudas.

'Cuco' ha llegado a un punto dramático en el que se siente perseguido por una maldición

Este ha sido el gran pecado de Ziganda. Algún día me gustaría preguntarle por su origen. Y supongo que podré hacerlo porque 'Cuco' es un caballero y no niega la palabra ni siquiera a aquellos que, en situaciones como la actual, estamos obligados a despellejarlo. Mi duda es si su confusión, su incapacidad para imponer un estilo de juego y crecer a través de él, se debe a que se pegó un susto morrocotudo al ver el pobre rendimiento que le ofrecía la plantilla o a que nunca tuvo realmente claro lo que hacer con ella. Sea como fuere, el de Larrainzar ha cometido el peor error posible en un técnico. Lejos de imponer su autoridad con inteligencia, lejos de conquistar a sus futbolistas y conducirlos a donde él quería, como el flautista de Hamelín que todo buen entrenador debe ser, les confundió. Y esto suele ser letal. No olvidemos que los jugadores son un tipo de depredador que detecta las dudas de su mister como los tiburones detectan la sangre, a larga distancia.

Pancarta contra 'Cuco' que se vio ayer en Lezama.
Pancarta contra 'Cuco' que se vio ayer en Lezama.

En fin, que todo indica que este proyecto ya está acabado y que en Ibaigane ya están pensando en un plan B. Que no es un pensamiento fácil, por cierto. Bien mirado, a Ziganda sólo le queda una posibilidad. Muy difícil, casi utópica pensando en el destrozo que ha provocado la eliminación ante el Formentera, pero real. Se trata de dar la campanada y ganar al Madrid. No digo que esto garantice un futuro de vino y rosas. Lo mismo el equipo vuelve a las andadas ante el Zorya y el Levante. Pero quién sabe. En el fútbol suceden a veces fenómenos muy extraños y los muertos resucitan. En eso habrá que confiar. En el milagro, quiero decir.

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