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«Eché el resto para que Kepa se quedara»

El Chopo recuerda que en su época al Athletic lo presidía el «espíritu de ser ejemplares en el juego y fuera de él»

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

– El Athletic tiene que esforzarse cada vez más para resistir en la élite.

– Las cifras astronómicas de hoy eran impensables, parece que no hay techo. Pero nosotros (el Athletic) seguimos. Debería haber un mandato sobre esto de la UEFA, de la organización del fútbol. Diez equipos europeos no pueden desestabilizarlo todo, no me gusta. La propia Liga queda desnaturalizada, una competición de dos no es algo bueno. Parece que la UEFA lo está solucionando con la Champions y por ahí.

– Pero el mercado es libre.

– Y hay dos mercados, el de inicio de temporada y el de invierno.

– Kepa acaba de ser protagonista del segundo.

– Se alargó demasiado (su renovación). Pero ha tenido una buena solución, y cuando algo acaba de esa manera, todos felices y contentos.

– ¿No mantuvo usted una conversación con él antes de que anunciara que seguía en Lezama?

– Pensaba que no iba trascender. Intento trabajar en equipo y si veo que tengo que intervenir y entra dentro de mi trabajo, pues actúo. Estamos para esto. Sí te digo que eché el resto para que Kepa se quedara.

– En el club algunos pasaron noches sin dormir.

–Se hablaba tanto... El tiempo no juega nada a favor. Se daba por sentado que ya estaba en otro equipo, pero nosotros sabíamos que no era así. Teníamos que jugar hasta el final. Porque aquí el que quiere quedarse se queda. Insisto, estamos muy contentos.

– Kepa ha hecho historia en el Athletic con su contrato, pero usted también entró a formar parte de la historia reciente de Euskadi al portar la ikurriña con Kortabarria en Atocha hace 41 años. ¿Cuánto ha cambiado la sociedad vasca desde entonces?

– El avance es total. De una dictadura a una democracia es un salto cualitativo. La antítesis. La ikurriña se ve, se siente, se cuelga, la llevas dentro, la puedes expresar. Antes no lo podías hacer. Hay elecciones cada dos por tres (risas), y eso es bueno; preguntar a la gente cómo quiere que la gobiernen y respetarlo. Siempre hay que avanzar, estés donde estés, hay que intentar hacerlo mejor, que todo sea más justo.

– ¿En qué cree Iribar?

– Saber escuchar. Es lo que tengo en la mente. Soy un poco socrático en esto. Solo sé que no sé nada. Me gusta la metáfora de la esponja. Escuchar, valorar lo que está diciendo la gente. Estarás de acuerdo o no, pero si puedes sacar algo de ello...

– ¿Y es útil?

– Para jugar y para lo demás es importante tener una buena visión periférica.

El compromiso

– Un excompañero del Basconia le ha agradecido que usara lengua vasca en una época díficil, los años sesenta.

– Era mi forma natural de hablar en mi pueblo. En el vestuario del Athletic había muy pocos euskaldunes y teníamos que hacer cierto esfuerzo, por lo del euskera vizcaíno y el guipuzcoano. Siempre he pensado que si con alguien empiezas a comunicarte en euskera, es para toda la vida. Yo veía que en el Athletic muchos tenían sentimiento euskaldun. Estaban traumatizados, querían hablar en euskera, pero no podían expresarse porque lo prohibieron. Utilizaban cuatro palabras como diciendo: 'Me gustaría, pero no nos han dejado'. Ha habido mucha represión, depende de las zonas.

– ¿Siempre fueron conscientes los jugadores del Athletic de que representaban a Bilbao, a Bizkaia?

– Lo percibí en cuanto entré en el vestuario. Sabía que Garay lo había transmitido. Y los Orue, Arteche, Etura... Todos estaban preocupados de que veníamos de abajo, de haber pasado unos momentos... De aquella guerra incivil que hubo. No sé, había un espíritu de ser ejemplares en el juego y fuera de él. Luego, cuando eres tú el que te vas, intentas transmitirlo.

– Aquel Athletic era todo sobriedad, un paisaje espartano presidido por los utilleros.

– Las camisetas tenían que durar toda la temporada. Los tiempos eran austeros, había que velar por la economía.

– El Athletic siempre lo ha hecho.

– El club se cuidaba de salir a la par. Cuando llegué, me llamó la atención la forma que tenía de presentar las cuentas; con un pequeño superávit y punto. El precio de las entradas dependía de ese factor porque entonces no se generaba nada por publicidad. ¡Qué bien lo hacían!

– Pero la directiva tenía fama de rácana con los jugadores, incluido usted. Equipos de menos nivel pagaban más.

– Bueno, pagaban o te decían que iban a pagar. Aquí te prometían una cosa: lo que firmabas estaba garantizado. La directiva buscaba que no hubiera déficit, y había que ajustar sueldos y fichas. Pero un año los jugadores nos pusimos serios. La diferencia con otros clubes era excesiva. No se dieron cuenta de que teníamos que renovar siete jugadores al mismo tiempo, y ahí nos pusimos un poquito firmes. No nos plantamos, pero tuvimos negociaciones.

– ¿Y qué sacaron en limpio?

– Pasamos de cobrar 250.000 pesetas a 700.000. Todos igual.

– Eso une a cualquier plantilla.

– Hace mucho equipo.

– Y casi les triplican el sueldo. Pero ¿tan roñoso era el club?

– Se había desfasado. Pero tenía otras cosas. Disfrutábamos con el juego, con el hecho de estar en el Athletic. Eso era la repera. Nosotros fuimos muy felices jugando.

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