La final de Copa podría disputarse en 2021.

Acuerdo Liga-Federación-CSD para que la final de Copa se pueda jugar la próxima temporada

El pacto prioriza que haya espectadores en las gradas y abre la posibilidad de que se dispute en el año 2021

J. ORTIZ DE LAZCANO

La final de Copa Athletic-Real Sociedad es la más larga del mundo. El duelo que debía haberse disputado el pasado 18 de abril se disputará muy probablemente la próxima campaña. Así se recoge en el acuerdo alcanzado el pasado sábado por el Consejo Superior de Deportes (CSD), Liga y Federación Española. El objetivo del trato es conseguir que la final sea con espectadores, algo que reclaman tanto los dos clubes participantes como la Federación y la Junta de Andalucía, en cuya capital, Sevilla, se disputa.

La única solución para ello era abrir el abanico de opciones a la próxima temporada. Y así se recogió en el llamado pacto del Palacio de Viana a tres bandas entre el CSD, FEF y LFP. El acuerdo es que el partido se pueda jugar en el transcurso de la próxima temporada. No quiere decir que sea así porque se intentarán agotar las posibilidades de que se dispute con espectadores en esta, aunque sea en el mes de agosto. Sin embargo, nadie espera que para ese momento se hayan levantado las restricciones a espectáculos con público. Por eso las tres partes admiten la posibilidad de la siguiente campaña, que no se sabe ni cuándo empieza aunque es probable que sea en septiembre.

Este escenario abre incluso la opción de que la final de Copa 2020 se dispute en el año 2021. El plazo límite es la última jornada de la próxima temporada. Hay dos momentos que se valoran como idóneos. Uno podría ser en Navidades o incluso una semana o dos antes de la final de 2021. Se podría dar el caso así de que uno o los dos equipos jugaran dos finales en un breve espacio de tiempo.

La Federación concede a la final de Copa la condición de gran fiesta del fútbol español. Y para resaltarla necesita que las gradas de La Cartuja estén llenas. Luis Rubiales y los presidentes del Athletic y la Real Sociedad, Aitor Elizegi y Jokin Aperribay, coincidieron en el diagnóstico. Elizegi fue quien más lejos fue al priorizar una final con gradas repletas. «Me lo han preguntado dos veces esta semana, no hay dudas: ¿Ganar la final de Copa o perderla con público? Si la perdemos con público significará que estáis todos y habremos ganado esta batalla. Os echo de menos», apuntó el dirigente bilbaíno en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter el pasado 10 de abril.

«Las aficiones son la pieza clave en la final», proclamó Aperribay, que incluso planteó la posibilidad de que se trasladara a San Mamés o al Reale Arena si se debía jugar a puerta cerrada. Desde Andalucía, ha habido presiones para que la final se aplace al momento en el que pueda jugar con público. La Junta pidió a la Federación que renunciara a un partido a puerta cerrada, tal y como reveló el lunes el consejero de Educación y Deporte del Gobierno autonómico, Javier Imbroda. La Junta apostó fuerte por la final de Copa. Firmó un contrato con la Federación para que el estadio de La Cartuja sea sede de la final durante cuatro años, desde 2020 a 2023. El proyecto buscaba revitalizar una infraestructura en desuso y atraer cada año a decenas de miles de hinchas a Andalucía.

La final de Copa en la campaña 2020-21 abre problemas que hay que resolver. Hay jugadores que se la pueden perder. Es el caso de Beñat, San José y Aduriz, en el Athletic, y Moyá y Zurutuza, en la Real Sociedad, que acaban contrato. Se podría dar el caso de que no la jugaran tampoco aquellos jugadores que fueran fichados por otros equipos y que a cambio la disputaran sus refuerzos del próximo mercado. Y hay una última derivada más curiosa: Iñigo Vicente (Athletic), Merquelanz y Guridi (Real), cedidos en el Mirandés, que perdieron la semifinal, podrían jugar la final.