La afición del Athletic, a la espera

La afición tiene ganas de aplaudir, pero necesita creer en algo sólido y el equipo todavía no se lo ha ofrecido

La afición del Athletic, a la espera
JON AGIRIANO

Por esas cosas grotescas que suceden a veces en la autoproclamada mejor Liga del mundo, el Athletic se dispone a vivir una situación insólita: parar durante casi tres semanas justo cuando empezaba a caminar en la competición. La chapuza es mayúscula, pero desengáñense: no habrá nadie que les ofrezca una explicación convincente sobre las dos grandes incógnitas que sobrevuelan este caso vergonzoso. La primera, por qué no estaba perfectamente inspeccionado el estadio de Vallecas antes de que comenzara la Liga y se ha tenido que actuar ahora, tarde y por las bravas, debido a las denuncias que hicieron algunos espectadores tras el partido contra el Sevilla. Supongo que la catástrofe del puente Morandi de Génova ha despertado de sopetón a las autoridades madrileñas, a quienes el campo del Rayo les ha importado un pimiento toda la vida. De ser por ellas, Pepe Gotera y Otilio se hubieran ocupado del mantenimiento. La segunda incógnita es por qué el partido se ha suspendido en lugar de disputarse en otro estadio, algo que sin duda hubiera sucedido si el Real Madrid o el Barça estuvieran implicados.

El parón, que tendrá un final abrupto para el Athletic con la visita del Real Madrid a San Mamés y una serie de partidos de mucha enjundia, puede considerarse una nueva pretemporada; hasta el punto de que hay que imaginar que Berizzo habrá pedido al club que le busque algún amistoso. En otra situación, esta larga pausa imprevista podría parecer inoportuna, pero creo que ahora puede venir muy bien al Athletic, que como se está viendo tiene mucho trabajo por delante. Y tampoco hay extrañarse. Bien mirado, lo que está sucediendo es perfectamente normal. Lo extraño, casi milagroso, hubiera sido que un equipo que había quedado hecho unos zorros tras su desplome de la pasada temporada -recuerden por un instante aquellos paisajes abisales- se hubiera puesto de repente a bordar el fútbol.

El año pasado, los buenos resultados en el arranque de temporada fueron un espejismo

Al proyecto de Berizzo, como a todos, hay que darle tiempo. Piensen, por ejemplo, en el que se le dio a Ziganda. ¡Una temporada entera! Y lo peor es que no sirvió de nada. Es probable que el técnico argentino no tenga un margen de confianza tan extenso, aunque solo sea porque habrá elecciones a mitad de temporada, pero sin duda va a disponer de tiempo suficiente para poder alumbrar un proyecto que está todavía en estado latente. Lo único que se han visto hasta ahora son buenas intenciones en el campo y un discurso atractivo en la sala de prensa. Es decir, exactamente lo mismo que hace un año. Parece que recordarlo es ser un pájaro de mal agüero, un profeta de la decepción. Y no. Es todo lo contrario. Se trata de algo justo con la realidad y conveniente para Berizzo, al que la afición, en este arranque de la temporada, más que resultados que pueden ser un espejismo le exige juego, un fútbol atractivo que permita observar con optimismo el horizonte.

Esto debería alegrar mucho al técnico de Cruz Alta, ya que no deja de ser un síntoma de madurez por parte de la afición del Athletic. Lo vimos también la pasada campaña. Perdonen la autocita, pero es la que tengo más a mano. Pertenece a la crónica del partido ante el Girona, en la tercera jornada. El Athletic, que había pasado dos rondas previas en la Europa League, ganó 2-0 en San Mamés al entonces equipo de Machín. «Cinco victorias y dos empates en siete partidos oficiales. Siete puntos de nueve y cero goles en contra en las tres primeras jornadas de Liga. Son estadísticas como para sacar el champán de la cubitera y celebrar el buen arranque del nuevo proyecto de Cuco. La afición, sin embargo, prefiere no lanzar las campanas al vuelo. Y la razón fundamental de su cautela no es que, de repente, se haya vuelto fría y pesimista sino que el juego del Athletic no convence todavía a nadie. El único encanto por ahora de los rojiblancos es el sonido de su caja registradora».

Dicho de otro modo: la gente no se fiaba. Y con toda la razón del mundo. Ahora está a la expectativa. Aunque tiene ganas de aplaudir, necesita algo sólido en lo que creer y el equipo todavía no se lo ha ofrecido. Lo cual no significa que la ilusión se haya perdido. En absoluto. En eso, en hacernos ilusiones, no nos gana nadie. Supongo que el 'Toto' estará cumplidamente informado de ello. Sencillamente, estamos a la espera.

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