Nico Williams: «Mi madre me ha abrazado emocionada»

Nico Williams sale en la segunda parte, revoluciona el partido, anota el gol del triunfo y convierte Riad en una fiesta familiar

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

María, la madre que saltó la valla de Melilla embarazada de Iñaki, se puso a botar en la grada del estadio de Riad. Su otro hijo, el pequeño, Nico, acababa de anotar el gol que da el pase a la final de la Supercopa. Las lágrimas felices de María humedecían su camiseta rojiblanca, abrazada a la novia de Iñaki. La fiesta de los Williams. Así es su otra vida, tan feliz ahora, tras aquel viaje sin nada desde África. Iñaki recuerda bien el día en que no hubo qué comer en casa; que les cortaron la luz; que su padre, Félix, trabajaba tanto que María tenía que cargar a solas con los dos críos. Y allí estaban ayer Nico e Iñaki, en Arabia Saudí, llevando a hombros al Athletic a la final. Corrieron, claro, a abrazar a María nada más acabar el partido. No hay valla que los pare. «Mi madre estaba muy emocionada, como yo. Me ha dicho que me lo merezco, que no baje nunca los brazos, que siga trabajando», contó Nico, el joven protagonista de la semifinal ante el Atlético.

Hablaba rápido, como si las palabras no le alcanzaran para tanta emoción. «Me he abrazado también a mi hermano. Espero que haya muchos más momentos así. Es un día inolvidable para nosotros», dijo. Sueño real. Cada cierto tiempo se habla en Lezama de un chaval que viene. Eso pasó pronto con Nico Williams, que hasta ahora era el hermano pequeño de Iñaki, no tan potente, pero con más cintura, toque y desparpajo. Venía y ya está aquí. Ya tiene nombre propio.

Entró mediada la segunda mitad, cuando el Athletic perdía por 1-0 ante el Atlético, y se encargó con apenas 19 años de colocar todo el fútbol en su banda. Descorchó el juego de su equipo. Por sus piernas circula un enchufe. Electricidad. Provocó el córner que sacó, preciso, Muniain y que Yeray convirtió en el empate con un remate pleno de determinación. Luego, Nico le dobló una mano al tremendo Oblak con un disparo. Y, tras un rechace en el área después de otro saque de esquina de Muniain cargado de peligro, el pequeño de los Williams selló la victoria y el pase a la final. «El gol del Atlético ha sido un palo duro, pero siempre decimos que nosotros sabemos reponernos», recordó Nico. Los Williams vienen de lejos, de saltar vallas más punzantes que las levantadas por el bloque de Simeone.

El Atlético de Madrid es un rival al que no se puede despedazar; para batir al batallón del 'Cholo' hay que desmontarlo con sudor grupal, valentía como la de Iñigo Martínez ante la patada salvaje de Giménez y también con talento como el de Nico Williams, que juega como si tuviera diez años más. Sin complejo alguno. En la pasada elimitoria de Copa anotó dos goles ante el Mancha Real. Fue su bautizo como artillero, pero la primera gran diana fue la de ayer frente al inmenso Oblak.

La semifinal, con dos equipos empeñados en asfixiar al rival, se desequilibró en una jugada a cámara lenta tras un córner. Lo remató Joao Félix y el balón entró manso tras pegar en el palo y la espalda de Unai Simón. A Simeone le reafirmó en su estilo y el Atlético se agazapó para proteger su botín. A Marcelino, en cambio, ese gol le obligó a recurrir al oxígeno que tenía en el banquillo. A Nico Williams, el volcánico hermano pequeño.

Con él, la semifinal enloqueció. «Muniain es un mago», ensalzó para destacar la maestría del medio navarro a la hora de dibujar el arcoíris de los dos saques de esquina que anunciaron la remontada y que abrieron la fiesta familiar de los Williams. Que quieren más. «Todos me han contado cómo fue la final que ganaron el año pasado. Espero que volvamos a hacerlo», deseó. Sin arrugarse ante el tamaño del Real Madrid. Ante nada. Como le ha enseñado María. «Vamos a por el título. Vamos con todo». Lo dice Nico, que ya es mucho más que el pequeño de los Williams.