Faltó puntería y sobró Ter Stegen

Jordi Alemany

El Athletic supera a un Barça espeso, incapaz de hacerle una ocasión clara en todo el partido, pero se condena al empate por su falta de gol

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Son famosos los partidos agridulces, casi tanto como la salsa china. San Mamés vivió este domingo uno de ellos. El Athletic hizo méritos para ganar al Barça y demostró una entidad como equipo que hace obligado confiar en un final de temporada tranquilo. Pocas veces habrá creado menos ocasiones el equipo de Messi. De hecho, no tuvo ninguna verdaderamente clara a lo largo de 94 minutos, algo que hay que valorar como una proeza de los rojiblancos, cada vez mejor blindados. Por lo visto, han pasado a mejor época aquellos días en que al Athletic le hacía una ocasión hasta el portero rival cuando estornudaba. Lo que sigue igual de vigente, lamentablemente, es la falta de pegada. El Barça se aprovechó de ella -y de un Ter Stegen magnífico- para llevarse un punto que quizá le sepa a poco ya que sus cálculos eran otros, pero por el cual puede pegarse con un canto en los dientes.

0 Athletic

Iago Herrerín; De Marcos, Yeray, Iñigo Martínez, Balenziaga; Dani García, Beñat (Beñat, m.56); Susaeta (Muniain, m.62), Raúl García, Yuri; y Williams (Kenan Kodro, m.89).

0 Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Lenglet (Vermaelen, m.87), Semedo; Busquets, Rakitic, Vidal (Aleñá, m.63); Messi, Luis Suárez y Coutinho (Dembélé, m.75).

ÁRBITRO.
Carlos del Cerro Grande (Comité Madrileño). Expulsó a De Marcos, en el minuto 91, por doble amonestación. Además, mostró tarjeta amarilla al local Dani García (m.52) y a los visitantes Lenglet (m.72) y Busquets (m.78).
ÁRBITRO VAR.
Guillermo Cuadra Fernández (Comité Balear).
INCIDENCIAS.
Partido correspondiente a la vigésimo tercera jornada de LaLiga Santander, disputado en un San Mamés sin papel a la venta y cerca del lleno con 47.557 espectadores, según datos oficiales.

Había comentado Garitano que se podían sacar buenas conclusiones del choque en el Camp Nou, donde el Athletic rascó un empate más que meritorio. Pues bien, tan buenas debió sacarlas que decidió introducir varios cambios en su once habitual para calcar, con la única excepción de Herrerín por Unai Simón, el que alineó entonces Eduardo Berizzo. De este modo, Balenziaga ocupó el lateral izquierdo para que Berchiche adelantara su posición, dejó en el banquillo a Muniain dando entrada a Raúl García y colocó por la derecha a Susaeta, que llevaba seis partidos de Liga sin jugar un minuto. Un curioso centrifugado en busca de solidez, pujanza y un buen despliegue defensivo. Pues bien, la búsqueda no pudo ser más fructífera.

Ante un gigante como el Barça el primer vistazo suele dar mucha información. Especialmente, en lo que se refiere al tono del equipo, a su grado de combatividad, al filo de su juego. Y lo cierto es que los de Txingurri no ofrecieron una impresión que obligara a meter a los niños en casa y bajar las persianas. Al contrario, se le vio lentos y espesos, sin apenas mordiente salvo el que aportaban de vez en cuando Messi y un voluntarioso Semedo al que esta vez le tocó el ingrato papel de sustituir a Jordi Alba. Por lo demás, era un Barça plano cuya comparación respecto al de sus años más brillantes era fácil de resumir: donde en un tiempo estuvo Xavi, esta noche estaba Arturo Vidal.

De este modo, el Athletic vivió una primera parte muy prometedora. Salvo los últimos cuatro minutos, justo después de una buena ocasión de Raúl García que se marchó muy cerca del poste, que fueron de dominio culé, los rojiblancos tuvieron el partido todo lo controlado que se puede tener ante un enemigo como el Barça. Herrerín no tuvo que esmerarse, ya que la mejor ocasión de los azulgranas fue un centro de Messi que Súarez no llegó a cabecear por poco. Ter Stegen, en cambio, no pudo decir lo mismo. Fue el mejor de su equipo. En el minuto 17, se lució con una parada magnífica tras un zurdazo bien colocado de Susaeta, cuya actividad, febril como siempre, dio mucha vida al Athletic.

En realidad, los rojiblancos sólo tuvieron un problema durante la primera parte y que se acabaría prolongando en la segunda. Un problema grave, eso sí, cuando se tiene enfrente un rival del calibre del Barcelona: no acertaron en las tres o cuatro buenas ocasiones que crearon. Fue una pena que a Berchiche se le fuera demasiado cruzado un disparo en el minuto 11 o que el chilenón que se sacó de la chistera Raúl García en el 24 fuera justo en dirección a Ter Stegen. Al Barça había que darle con el mazo antes de que pudiera aumentar las revoluciones y darle otra marcha a un partido cuyos derroteros no podían gustarle de ninguna manera. Y el Athletic, volvió a constatarse, no está sobrado de mazo. Todo lo contrario.

Muniain y la chispa

Lo lamentó desde el primer minuto de la reanudación. Los pupilos de Valverde debieron escuchar en el descanso un pequeño discurso de su entrenador titulado 'Así no vamos a ninguna parte' cuya última frase bien podría ser 'palmamos y el Madrid se nos pone a cinco'. Y tomaron buena nota. Se fueron hacia arriba y dominaron con claridad. En las gradas, los aficionados animaban y miraban el cronómetro. Daban ganas de pedir la hora. Y eso que el dominio de los culés no se traducía en ocasiones. El Athletic se defendía bien acumulando gente atrás, que es algo que ha aprendido a hacer en los dos últimos meses.

Digamos que el peligro era más imaginario que real, más producto del miedo que infunde siempre un equipo como el Barça que de la verdadera calidad de su producción ofensiva, muy vulgar en este choque. De hecho, a raíz de la entrada al campo primero de San José en el minuto 56 y poco después de Muniain, el primero en lugar de Beñat y el segundo de Susaeta, el juego ofensivo del Athletic volvió a recuperar la chispa de la primera mitad. Y la victoria volvió a acariciarse. En el minuto 65, una jugada entre ambos jugadores terminó con un gran zapatazo de San José que pudo ser el 1-0. Como pudo serlo el remate de Williams en el 82, salvado por Ter Stegen con una soberbia demostración de reflejos. Sólo el alemán, que detuvo otro disparo de Williams poco después en un contragolpe tres contra tres conducido por San José, impidió una victoria merecida.

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