Todos contentos

El Athletic gana con comodidad a un Celta muy ramplón y sigue dependiendo de sí mismo para entrar en Europa

JON AGIRIANO

Estaba previsto un partido a cara de perro, un pulso sin piedad ni concesiones entre dos equipos muy exigidos. Uno estaba obligado a defender su puesto en Europa y otro su salvación. No era difícil imaginar, por tanto, que saltaran chispas en San Mamés, que en el fragor de la batalla quedaran incluso heridos y juramentos de venganzas futuras. Pues nada, oiga. Pocas veces unas previsiones, un guion imaginario del partido posible, han resultado más fallidas. El Athletic-Celta ha sido un paseo muy tranquilo de los rojiblancos ante un rival que solo compareció los diez primeros minutos y se fue al descanso goleado y rezando para que la suerte le acompañase en otros campos. Como así ocurrió. En fin, que plácida tarde primaveral, victoria facilona con Raúl García y Williams como goleadores, y los cronistas dejando para mejor ocasión los adjetivos épicos que teníamos preparados. Si no fue el triunfo más cómodo del equipo de Garitano en toda la temporada, se le pareció mucho.

3 Athletic

Iago Herrerín; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Dani García, Beñat; Ibai (Córdoba, m.76), Raúl García (Susaeta, m.79), Muniain; y Williams (Aduriz, m.82).

1 Celta

Rubén Blanco; Hugo Mallo, Costas, Araujo, Olaza; Boudebouz, Okay (Jozabed, m.72), Lobotka (Fran Beltrán, m.86), Boufal; Aspas, Maxi Gómez (Boufal, m.63).

Goles
: 1-0, m.16: Raúl García, de penalti. 2-0, m.17: Raúl García. 3-0, m.39: Williams. 3-1, m.89: Iago Aspas.
Árbitro
: Estrada Fernández (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a los locales Beñat (m.45), Muniain (m.60) y Capa (m.86), y a los visitantes Boudebouz (m.24), Araujo (m.35) y Hoedt (m.64). Árbitro VAR: Hernández Hernández (Comité de Las Palmas).
Incidencias
: partido correspondiente a la trigésimo séptima y penúltima jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 42.494 espectadores, según datos oficiales.

El partido se puso entretenido a las primeras de cambio. El Celta asustó a los dos minutos con un gol en fuera de juego tras el saque de una falta y el Athletic no tardó en responder. Un disparo lejano de Beñat lo desvió con una palomita muy florida Rubén Blanco. En ese momento no podíamos saberlo, pero esta jugada contenía mucha información valiosa. En primer lugar, nos decía que Beñat estaba jugando a gusto. Okay y compañía le flotaban y él tenía terreno para maniobrar y buenas vistas panorámicas. Otra información relevante era que Rubén Blanco es un portero mediocre y un poco pinturero, de esos que dan mucho miedo a sus aficionados, especialmente en los momentos de alta tensión. Un tremendo regalo suyo a Williams en el minuto 39 supuso el 3-0 y sentenció el partido.

Como castigo puede que ese resultado al descanso fuera excesivo, pero lo cierto es que la actitud del Celta no pudo ser más decepcionante. Viéndole actuar nadie hubiera dicho que era un equipo que se estaba jugando el cuello. Blando y sin espíritu, con una defensa de hojaldre que hizo una demostración completa de las razones que le han tenido todo el año en el fondo de la tabla, entregado a la combustión de Lobotka y la inspiración puntual de Aspas, el equipo de Fran Escribá sorprendió negativamente a todos los presentes. Todo lo contrario que el Athletic, que jugó con buen ánimo y un criterio muy superior al de otras veces. A esto ayudó la libertad de movimientos de Beñat, ya citada, y también la de Muniain, que anduvo a sus anchas, por fuera y por dentro, indetectable para los celtiñas.

Los rojiblancos no tardaron nada en hacer los deberes. ¡Con lo que les cuesta otras veces! En el minuto 14, justo después de que Lobotka creara una buena ocasión -entró hasta la cocina pero su pase no encontró rematador-, Araujo hizo un penalti aparatoso a Muniain. Raúl García lo transformó. Dos minutos después, con los gallegos todavía en las musarañas, una buena jugada entre Williams y Muniain la empujó de nuevo a la red Raúl García en posición de delantero centro. Que, por cierto, tal vez haya llegado la hora de adjudicársela en propiedad. Como legítimo heredero de Aduriz, quiero decir. En fin, que habían pasado 17 minutos y el equipo de Garitano vencía sin despeinarse a un rival que se suponía fiero y duro, como todo hambriento, y sin embargo no pasaba de ser un lindo gatito celeste.

El regalo de Rubén Blanco

En su descargo, eso sí, hay que reconocer que todo lo que les podía salir mal les salió peor a los muchachos de Escribá. Y es que una cosa es tener un agujero negro en el partido y verte de repente con dos goles en contra y otra encajar un gol como el 3-0, que derribaría a un elefante. Es probable que Rubén Blanco no sepa todavía lo que quiso hacer, si despejar el balón o dar un pase fuerte y bien tocado a un compañero. Tanto si fuera una cosa como la otra, no pudo hacerla peor. Pegó un balonazo en las piernas de Williams, al que le benefició tanto el rebote que sólo tuvo que correr un poco para empujar el balón dentro de la portería. Fue el tiro de gracia para el Celta, que a partir de ese momento ya estuvo más pendiente de los transistores, por decirlo en plan clásico, que de otra cosa.

En esta tesitura, la segunda parte fue ir y venir entre dos equipos que tampoco querían hacerse más daño del necesario. El aburrimiento fue tan solemne que los cronistas tuvimos que dejar nuestro cuaderno de notas en blanco hasta el minuto 75, cuando Córdoba entró por Ibai Gómez. Dos minutos después, le tocó el turno a Susaeta, que salió en lugar de Muniain. Fue un bonito detalle de Gaizka Garitano. El eibarrés pudo disfrutar de una gran ovación del público, que acabó muy contento.

Y no es que pasara nada muy interesante en los últimos minutos, salvo un gol de Williams anulado por el VAR y un penalti a lo Panenka de Aspas en el minuto 88 que supuso el 3-1. Pero lo importante es que el Athletic tenía la victoria que necesitaba para mantener el séptimo puesto y el Celta celebraba el triunfo del Levante en Girona que le daba prácticamente la salvación. Y la gente era feliz y pensaba, con toda propiedad, que para eso había venido al mundo.

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