El fútbol hace justicia al Athletic

Una piña para celebrar el gol de la victoria. / Fernando Gómez

Los rojiblancos, muy mejorados, logran de penalti y en el descuento una victoria crucial que solo la impresionante actuación de Iraizoz impidió que fuera más amplia

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Un penalti en el descuento transformado por Aduriz hizo justicia a un gran Athletic, impetuoso y firme, al que solo una actuación descomunal de Iraizoz impidió lograr una victoria mucho más amplia. El valor inmenso de los tres puntos quedó demostrado en la reacción de los jugadores rojiblancos al terminar el partido. Fue como si hubieran ganado una final y, en cierto modo, es lo que hicieron después de trece jornadas consecutivas de terrible sequía. La realidad, sin embargo, es que quedan unas cuantas finales más hasta lograr el objetivo de salir del pozo. Ya lo advirtió Gaizka Garitano el domingo con toda la sensatez del mundo, la misma que demostró este lunes para dibujar un Athletic reconocible, a la vieja usanza, intenso y directo, que machacó al rival con su tensión y un serial imparable de centros desde las bandas. En fin, que por fin un equipo vino a San Mamés y no solo salió trasquilado, aunque fuera sobre la bocina, sino también convencido de que este estadio es un pequeño infierno y no la bicoca que viene siendo desde hace año y medio.

La afición ocupó sus localidades cruzando los dedos, muy probablemente provista de todos sus amuletos ya que era un día como para llevar en regla todas las supersticiones. A algunos este plan tan agónico no les debió gustar, y más una noche de lunes, de manera que hubo la peor entrada de la temporada. El ambiente, pese a todo, fue el mejor en mucho tiempo. Se ansiaba la victoria como se ansía una pequeña luz al final de un largo túnel cuya salida todavía está lejos. Con desesperación. Lo cierto es que no era fácil recordar un partido con semejante carga de tensión dramática. La pregunta, por supuesto, es cómo reaccionarían los jugadores en una situación así, sin margen de error, columpiándose en el abismo ante un rival que visitaba Bilbao con una dinámica exactamente contraria a la de los rojiblancos: ocho partidos sin perder. Y la respuesta es que decidieron reaccionar con furia, dándolo todo desde el pitido inicial.

1 Athletic

Iago Herrerín; Capa, Yeray, Unai Núñez, De Marcos; Williams (Susaeta, m.61), Dani García, Beñat (San José, m.75), Córdoba (Muniain, m.82); Raúl García y Aduriz.

0 Girona

Iraizoz; Pedro Porro, Ramalho, Bernardo, Juanpe, Granell; Pere Pons, Aleix García (Douglas Luiz, m.62); Borja García, Portu (Lozano, m.71); y Stuani (Doumbia, m.89).

Goles
1-0, m.91: Aduriz, de penalti.
Árbitro
Prieto Iglesias (Comité Navarro). Mostró tarjeta amarilla a los locales Beñat (m.55), Núñez (m.74), Capa (m.81), y al visitante Juanpe (m.83). Árbitro VAR: Cordero Vega (comité cántabro).
Incidencias
:partido correspondiente a la decimoquinta jornada de Primera División, disputado en San Mamés ante 34.060 espectadores, según datos oficiales

Fue una buena idea. Era un día para marcar territorio mental sobre el partido y también para hacer que prendiera la mecha en las gradas. Ambas cosas lograron los rojiblancos durante los primeros veinte minutos, que fueron lo mejor que se le ha visto al equipo esta temporada en lo que se refiere a autoridad sobre el rival, claridad de ideas y ocasiones de gol. Hasta tres muy buenas tuvo el equipo de Garitano, la primera de Williams y las dos siguientes de Aduriz. Sin embargo, un protagonista inesperado se iba a interponer en los planes del Athletic: Gorka Iraizoz. A sus 37 años, el portero navarro, titular por la lesión de Bono, no parece dispuesto a vivir una plácida jubilación en el banquillo del Girona. Quiere ganarse el puesto. Se trata de una ilusión que le honra, sin duda, pero a su exequipo, tan necesitado como está, le sentó fatal.

Los catalanes no pudieron salir de la cueva hasta el minuto 20. Cuando lo hicieron, sin embargo, su precisión fue la del mejor cirujano. Una jugada por la banda derecha de Portu terminó en gol de Stuani. Prieto Iglesias lo concedió, pero el VAR, que en el minuto 7 no quiso saber nada de una mano muy clara de un defensa del Girona tras un remate de Rául García, le hizo rectificar. El uruguayo se había ayudado con la mano para el control antes de empujar a la red. San Mamés lo celebró a lo grande, como es natural. Ese 0-1 hubiera sido brutal por lo injusto y de consecuencias imprevisibles. De hecho, aunque el tanto no subiera al marcador el susto para los pupilos de Garitano fue tan grande que se desconectaron y empezaron a sufrir y a conceder opciones a su rival.

En esos momentos fue inevitable pensar que el Athletic volvía a sus tristes andadas de la temporada y que el Girona se acabaría aprovechando de esos minutos de empanada para ponerse por delante y amargarnos la vida. Sin embargo, la tropa de Garitano volvió a coger el hilo en el tramo final de la primera parte. Un notición. Contribuyeron a ello Capa, Beñat, Dani García, perfecto en los quites, y Córdoba, que escarbaba por su banda y no se cansó de lanzar centros. Es más, tuvo otra gran ocasión en el minuto 41 que volvió a desbaratar Iraizoz. El caso es que, pese al 0-0, la afición de San Mamés se fue al descanso esperanzada. El sufrimiento no estaba siendo en vano. Sus ánimos, tampoco. Le estaba gustando su Athletic, su intensidad, su equilibrio, su juego por la bandas. Era, desde luego, un Athletic reconocible, digamos que una versión clásica, histórica, tradicional.

Los rojiblancos continuaron en esa misma línea tras el descanso. Su problema es que también Iraizoz continuó en la suya, dispuesto a completar una de las mejores actuaciones de su vida, al nivel de aquella antológica que firmó en Lisboa con el Espanyol de Valverde. En la anterior glaciación, vaya. Otras tres buenas paradas del navarro comenzaron a extender en San Mamés una molesta sensación de maleficio. De que ni por las buenas, ni por malas. Ni que mereciéndolo ni sin merecerlo. De que no hay manera de ganar. Garitano no podía pensar algo semejante y jugó sus bazas. Metió a Susaeta por Williams y más tarde a San José por Beñat, se supone que buscando la llegada del navarro. El Athletic insistió. E Iraizoz también. Con la yema de los dedos logró desviar al poste un cabezazo de Aduriz. Increíble. Todo se encaminaba al 0-0 maldito, pero el fútbol esta vez quiso hacer justicia al Athletic. Un penalti de Ramalho a su amigo Muniain, que salió en el minuto 81, lo hizo posible. El lanzamiento de Aduriz fue lo único que no pudo parar Iraizoz.

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