Esto es una aventura

Muniain recibe el abrazo de sus compañeros tras convertir el penalti que dio el triunfo al Athletic. / Luis Ángel Gómez

El Athletic entra en la pelea por la Champions tras ganar de penalti un partido vibrante que se le puso casi imposible con el empate del Levante en el 89

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Lo del Athletic de Gaizka Garitano comienza a ser una gran aventura, bella y trepidante. El equipo continúa avanzando con ambición y ya se acerca a tierras de promisión que parecían inalcanzables. Este miércoles, en una noche de frío siberiano, bajo la lluvia, logró ganar un partido que pareció arruinársele en el minuto 89 cuando el Levante logró empatar en un saque de esquina. Los rojiblancos, sin embargo, no se resignaron y forzaron un penalti que Muniain transformó cuatro minutos después. Las gradas entraron en erupción en ese final tan emocionante, propio de un equipo que ya no esconde sus aspiraciones por una razón de peso: porque no puede hacerlo, porque él mismo ha creado una inercia feliz que le empuja a exigirse más partido a partido. Algún día se estudiará la metamorfosis de este equipo.

3 Athletic

Herrerín; Capa (Ibai, m.72), Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; De Marcos, Beñat (Iturraspe, m.79), San José, Córdoba; Raúl García (Muniain, m.57) y Williams.

2 Levante

Aitor Fernández; Rubén Vezo (Moses, m.80), Erick Cabaco, Postigo, Coke (Luna, m.65); Jason, Rochina (Mayoral, m.69), Rober Pier, Morales; Campaña y Roger.

Goles
1-0, m.5: Yuri Berchiche. 2-0, m.27. Williams. 2-1, m.50: Roger, de penalti. 2-2, m.89: Cabaco. 3-2, m.93: Muniain, de penalti.
árbitro
José Luis Munuera Montero (Comité Andaluz). Expulsó a Cabaco, en el minuto 96, por doble amonestación. Además, mostró tarjeta amarilla a los locales Raúl García (m.6), Yuri (m.77), Muniain (m.78), y a los visitantes Morales (m.4), Vezo (m.43), Postigo (m.45), Roger (m.77), Cabaco (m.85).
árbitro var
Javier Alberola Rojas (Comité Castilla-La Mancha)
incidencias
Partido correspondiente a la trigésima jornada de Liga, disputado en San Mamés ante 36.450 espectadores, según datos oficiales.

Dos futbolistas con necesidad de reivindicarse, Berchiche y Córdoba, fueron los protagonistas en los compases iniciales. Ambos volvieron a ocupar la banda izquierda, lo cual significó la suplencia de Muniain por segundo partido consecutivo. Imaginamos que el navarro no estará muy contento que se diga con esta coyuntura, y más después de venir de la selección, pero puede consolarse pensando que hay mucha competencia en la plantilla. El partido, además, le acabó dando la oportunidad de marcar el gol de la victoria haciendo una demostración de galones y frialdad desde los once metros. El caso es que una buena asistencia de Córdoba por debajo de las piernas de su marcador permitió a Berchiche entrar al área y soltar un obús que Aitor Fernández ni vio.

Era el minuto 5 y el partido se puso en el lugar exacto que deseaban los rojiblancos, convertidos desde hace cuatro meses en un grupo con más fe en su ideario que esos chicos de las iglesias evangelistas de Estados Unidos que van vendiendo biblias por las casas. La ventaja les permitió agruparse en su campo, bien juntitos, con la argamasa justa para que el Levante no consiguiera crear peligro, y salir cada cierto tiempo al contragolpe buscando a Williams en velocidad.

Todo era muy simple. El equipo era predecible a más no poder. No daba ningún margen a la sorpresa. Cada futbolista rojiblanco cumplía su cometido sin salirse una coma del guion establecido. Era como una cadena de montaje. Ahora bien, la efectividad de su juego era indiscutible. Aunque el Levante empezó a tejer un poco a través de Campaña y Rochina, el Athletic no tenía ningún problema para defender su área. Herrerín, de hecho, apenas tuvo que intervenir en una falta muy bien sacada por Jason. Todo parecía extrañamente cómodo y controlado. La extrañeza, por supuesto, tenía que ver con la absoluta novedad que supone ver tranquilos a los jugadores del Athletic cuando están siendo dominados y acechan a su rival al contragolpe. Esto es algo casi contracultural, por mucho que algunos lo consideren un regreso al clasicismo rojiblanco.

No hay quien lo entienda

Aparte de estas virtudes que le han catapultado en la tabla, los pupilos de Garitano disfrutaron ayer de una dosis de fortuna que les permitió llegar al descanso con el partido bien encarrilado. En el minuto 26, tras recibir un gran servicio de Capa, Córdoba hizo un pase al área que, de forma casual, se acabó convirtiendo en una buena asistencia para Williams, cuyo derechazo se tragó de mala manera Aitor Fernández. Era el 2-0 y no hace falta decir que en las tribunas aumentó la sensación de que el fútbol no hay quien lo entienda. En concreto, sus paradojas. Pensar en lo difícil, casi heroico, que resultaba hace bien poco para el Athletic lograr una ventaja de dos goles y lo fácil, casi rutinario, que parece ahora.

El segundo golpe de suerte llegó en el minuto 40 cuando Munuera Montero, tras consultar al VAR, anuló un gol de Koke por una falta en el salto a Herrerín que nadie vio. El castreño tuvo que suspirar aliviado porque su blandura en ese quite fue una insensatez.

La segunda parte tuvo poca historia hasta que todo estalló en seis minutos finales frenéticos, no aptos para pacientes del corazón, flojos de carácter y filósofos racionalistas. Un gol de penalti del Levante en el minuto 50 puso la incertidumbre en un duelo que no parecía tenerla. A partir de ahí, cada equipo tiró con todo lo que pudo en un pulso espeso y trompicado de idas y venidas. Paco López metió a Mayoral, que nada más salir obligó a lucirse a Herrerín con un voleón.

Garitano, por su parte, empleó muy pronto la baza de Muniain, que sustituyó a Raúl García antes de la hora. El navarro, lo mismo que Mayoral, estuvo a punto de marcar en su primera ocasión. También Iturraspe tuvo sus minutos para sorpresa de todos y vivió un toma y daca que, justo cuando ya parecía terminarse, estalló en un traca final espectacular.

El gol de Cabaco pareció definitivo, pero este Athletic tiene una piel muy dura. Más de lo que hubiéramos podido llegar a pensar. Tanta como para ir el domingo a Getafe a luchar por la Champions. Hasta escribirlo produce un poco de vértigo.

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