Solo hubo un equipo en San Mamés

Solo hubo un equipo en San Mamés
JORDI ALEMANY | FERNANDO GÓMEZ | LUIS ÁNGEL GÓMEZ

El Athletic se lleva el derbi con toda justicia tras pasar por encima de la Real con una lección espectacular de entrega e intensidad

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El Athletic se llevó por fin un derbi y lo hizo con una autoridad absoluta, reduciendo a cenizas a una Real tan decepcionante que no llegó a tirar a puerta hasta el minuto 83. Todos los valores competitivos que suele mostrar el equipo txuriurdin en estos clásicos -recordemos la pasada temporada con un puñado de suplentes y meritorios- no existieron. O mejor dicho: los mostró a su manera el equipo de Garitano, amo y señor de un partido que decantó durante la primera mitad con dos goles de Williams y Raúl García. Fueron 45 minutos eléctricos, de una intensidad arrolladora. Si el derbi era un duelo de estilos, que lo era, lo cierto es que no hubo color. El Athletic impuso el suyo con una determinación feroz y la Real claudicó de mala manera.

Los tres puntos -y la forma de conseguirlos, sin ningún resquicio a la duda o la controversia pese a las dos intervenciones del VAR favorables a los rojiblancos- sitúan al Athletic en los primeros puestos de la tabla; ya saben, ese lugar desde donde se divisa un precioso paisaje. Y no sólo eso: un lugar donde también se refuerzan las convicciones. Las del Athletic son cada vez más sólidas y profundas. Entre semana, Gaizka Garitano quiso valorar como merecen los números de su equipo como local y hasta se permitió la exageración de decir que acostumbra a pasar por encima de sus rivales. Dicho así, cualquiera diría que los rojiblancos van de goleada en goleada en San Mamés, de donde los visitantes salen hechos una piltrafa, tirados por las mulillas. Y tampoco es eso. Aquí cuando ganas por dos goles ya te parece motivo suficiente para descorchar el champán. Pero hizo bien el técnico deriotarra en lanzar ese mensaje, que venía a ser como esas fuertes palmadas en el pecho que Carlos Aimar daba a sus jugadores en el túnel de vestuarios. Sus futbolistas, de hecho, salieron como fieras a pasar por encima de su rival. Y lo consiguieron.

2 Athletic

Unai Simón, Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri, Dani García, Unai López (Beñat, m.66), Muniain, Raúl García, Córdoba (Ibai, m.73) y Williams (Aduriz, m.86).

0 Real Sociedad

Moyá, Zaldua, Zubeldia, Diego Llorente, Aihen, Illarramendi (Portu, m.36), Merino, Odegaard; Janujaz (Sangalli, m.78), Willian José (Isak, m.55) y Oyarzabal.

Goles
1-0 (Min. 10. Williams); 2-0 (Min. 27. Raúl García)
Árbitro
Estrada Fernández. Amonestó a Raúl García y Córdoba del Athletic, y a Zaldua y Portu de la Real Sociedad.

La Real, que siempre demuestra mucho carácter en los derbis, esta vez salió a verlas venir. Y lo que vio fue una especie de ciclogénesis rojiblanca. Apoyada en una presión asfixiante y en una intensidad bestial en todas sus acciones, en cada salto o disputa, la tropa de Garitano logró meter a los donostiarras en su campo, cada vez más cerca de la portería de Moyá. El sufrimiento de la Real era evidente. No acertaban a sacar el balón y sus pérdidas se sucedían. Ni Illarramendi ni Merino estaban a la altura de lo que exigía un choque de semejante tensión, lo mismo que Odegaard, Januzaj y Oyarzabal. Con sus mejores futbolistas desactivados, sus defensas, la línea más floja del equipo, no sabían por donde les daba el aire.

El Athletic lo aprovechó con precisión de cirujano en el minuto 11. Tras un saque de banda, Muniain combinó de espuela con Capa, que se aprovechó de la caída de Aihen para entrar al área. Su asistencia a Williams fue perfecta, como lo fue el golpeo del delantero bilbaíno. La ventaja fue un estímulo que aumentó todavía más la voracidad de los locales. Los jugadores de Imanol Alguacil seguían fuera de onda. Algunos, como Zaldua, hasta perdieron el 'oremus' durante varios minutos y, tras ganarse una tarjeta amarilla por una entrada durísima a Córdoba, persistieron en sus golpes y no se fueron a la calle de milagro. Que no se fuera hizo posible que, en el minuto 20, el lateral guipuzcoano protagonizara una jugada que estuvo a punto de meter a su equipo en el partido: una caída al borde del área en un forcejeo con Córdoba que Estrada Fernández consideró penalti en primera instancia.

Golazo

El VAR hizo justicia, como lo haría en la segunda parte en un gol anulado a Isak, y el partido continuó en la misma línea; es decir, con el Athletic pasando por encima de una Real que perdió a Illarramendi por lesión pasada la media hora -Portu entró en su lugar- y se fue al descanso sin tirar a puerta; una estadística tremenda para un equipo que había llegado a San Mamés no sólo con la careta de guerrero troyano que usa siempre en los derbis sino también con ese aire confiado, incluso un poco estirado a veces, que distingue a los equipos que quieren el balón. Los rojiblancos, que pasan por ser lo contrario, sí que lo querían. Bastaba con ver como lo buscaban. Lo querían para que no lo tuviera la Real. Pero también para aumentar una renta todavía exigua. Lo lograron de una forma espectacular e inesperada, tras un zurdazo magistral del Raúl García desde fuera del área. Moyá pudo hacer más, pero la manera de colocar el balón en eso que se llama el palo largo del portero fue magnífico.

La segunda parte tuvo el guión previsto por el Athletic. Mientras las gradas de San Mamés disfrutaban de la fiesta, el equipo hizo un impecable ejercicio de control. Dani García se doctoró con un trabajo de zapa perfecto. Dejando el balón a la Real, que no supo que hacer con él -su única ocasión llegaría en el últimos segundo del partido en un tiro de Odegaard bien parado por Unai Simón-, los locales se sintieron poderosos en el campo y hasta pudieron aumentar el marcador. Pudo hacerlo Ibai Gómez, casi nada más salir en lugar de Córdoba, y también Berchiche, que rindió a un buen nivel y se sacó dos misiles desde fuera del área, una suerte que debería prodigar. El tercero no llegó, aunque algunos soñaron que lo hiciera Aduriz cuando salió en los instantes finales, pero tampoco importó demasiado. Sólo había que ver a la gente en las gradas. Realmente feliz.

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