La Copa no será una distracción

La Copa no será una distracción

Plano y plomizo, superado con claridad por el Sevilla, el Athletic podrá concentrarse a partir de ahora exclusivamente en la tarea de la salvación

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La Copa no será una distracción para el Athletic, que podrá poner los cinco sentidos en la Liga, en su lucha por la permanencia. Resulta duro escribir una frase con semejante carga de resignación, pero esta es la cruda realidad y ocultarla no tiene ningún sentido. El Sevilla, pese a reservar a varios de sus titulares, está en otra dimensión que los rojiblancos y ha dejado la eliminatoria vista para sentencia con una lección de oficio y tres detalles de calidad. No le ha hecho falta más ante un rival plano y plomizo, probablemente convencido de que la de este jueves no era su guerra, de que no puede permitirse ningún sueño -y la Copa nunca dejará de serlo- mientras no haya cumplido antes con su obligación.

La tarde ha sido muy fría y el ambiente en San Mamés tampoco estaba precisamente caldeado, como si la hinchada tuviera la sensación de que el partido tenía un valor relativo, de que el importante se celebraría el domingo, ante el mismo Sevilla, y sería entonces cuando le tocaría volcarse con el equipo. Así las cosas, al Athletic le hubiera venido bien subir la temperatura del juego en los primeros minutos mostrando algún detalle de calidad o de casta. Y no es que no lo consiguiera, sino que ha hecho todo lo contrario. Dos errores garrafales consecutivos de Unai Núñez en los minutos 6 y 7 han terminado con un gol anulado y otro legal, obra de Nolito. No hace falta decir que las gradas se han quedado más heladas de lo que estaban.

Y así han continuado durante toda la primera parte, que ha sido un aburrimiento solemne. El Sevilla, con muchos suplentes en el once pero aún así muy competitivo, se ha refugiado en su campo, bien ordenadito y convencido de que podía pasar el rato sin grandes agobios y cazar algo al contragolpe cuando se terciara. El Athletic se ha puesto a dominar, pero el suyo ha sido un dominio hueco e irrelevante. Necesitaban Dios y ayuda los rojiblancos para dibujar una jugada de ataque con sentido, algo lógico teniendo en cuenta la irritante y desquiciante imprecisión de casi todos ellos. Iturraspe, que volvía al equipo tras un largo ostracismo, parecía jugar con una mochila mental de cincuenta kilos. San José ha vuelto a ser terrible con la pelota, reiterando envíos defectuosos y desconcertantes, lo mismo que Susaeta, que en teoría es uno de los llamados a jugarla en condiciones. De Córdoba y Guruzeta, por su parte, apenas había noticias y las que había no eran agradables.

1 Athletic

Unai Simón; Capa, Yeray, Unai Núñez, Balenziaga; Susaeta (De Marcos, m.78), Iturraspe, San José, Córdoba (Williams, m.66); Guruzeta y Aduriz (Muniain, m.42).

3 Sevilla

Juan Soriano; Mercado, Kjaer, Carriço; Promes, Roque Mesa (Banega, m.55), Amadou, Franco Vázquez (Sarabia, m.76)), Arana; Nolito y André Silva (Ben Yedder, m.68).

goles
0-1, m.6: Nolito. 1-1, m.49: San José. 1-2, m.53: André Silva. 1-3, m.77: Ben Yedder.
ÁRBITRO
Carlos del Cerro Grande (Comité Madrileño). Mostró tarjeta amarilla a los locales San José (m.36), y a los visitantes Roque Mesa (m.37), Vázquez (m.61).
INCIDENCIAS
Partido de ida de octavos de final de la Copa del Rey, disputado en San Mamés ante 33.847 espectadores, según datos oficiales.

El paisaje, en fin, ha sido bastante deprimente y ha hecho a muchos preguntarse si habían acertado cuando tomaron la decisión de acercarse a San Mamés con el bocata en vez de quedarse calentitos en casa o en los bares, qué lugares, tan buenos para conversar, como decía la canción. Y es que los errores han sido continuos también en los centros, de manera que el Athletic, pese a su buena voluntad, no encontraba la manera de inquietar a Juan Soriano. El equipo de Garitano, si embargo, ha logrado empatar en el minuto 40. No lo esperaba nadie, pero Aduriz ha embocado el 1-1 tras un fallo en la salida del portero sevillista. Bastante malo, por cierto.

Ha sucedido entonces algo que harían bien en explicar los responsables del colectivo arbitral, una anulación que viendo la jugada repetida un montón de veces nadie acierta bien a atender. Al parecer, se ha debido a un fuera de juego en la jugada anterior al remate, pero el caso es que no se ve y mucho menos con claridad. En fin, que el VAR sigue provocando polémica. Nadie duda de sus beneficios. Se duda de su utilización, que en algunos casos se antoja la del mono con una metralleta. Dicho sea sin ofender.

Si a la anulación del gol por parte de Del Cerro Grande se suma la lesión de Aduriz en la misma jugada, el golpe de mala suerte para el Athletic no pudo ser peor. El equipo de Garitano, pese a ello, ha salido bien en la reanudación. Reanimado y con valentía. Ocurrió lo mismo en Balaídos, lo cual habla bien del valor de las terapias psicológicos del técnico deriotarra durante los descansos. Muniain, que había entrado por Aduriz, ha estado a punto de empatar de tijereta en el minuto 49. El balón se le ha ido por poco. Quien tuvo mejor puntería fue San José. De cabeza, eso sí. El navarro se ha adelantado a sus defensores en un córner y ha cruzado el balón de manera impecable. El partido ha podido entrar entonces en otra dimensión porque el Athletic se había crecido. Durante tres minutos muchos confiaron en la remontada. El talento de los sevillanos, sin embargo, ha vuelto a poner las cosas en su sitio. Ha sido un visto y no visto. Un pase magistral en profundidad de Nolito ha encontrado a André Silva, cuyo desmarque ha sido perfecto y su finalización en el mano a mano con Unai Simón, impecable.

Es probable que ahí se terminaran definitivamente las pocas esperanzas del Athletic en esta edición de la Copa. Y es que el equipo de Machín, que ha apretado las tuercas con la entrada de Banega y Ben Yedder, se ha ido entonando y demostrando su superioridad. Ésta se ha visto culminada con un golazo del delantero francés desde la media luna del área que ha acabado por sentenciar una eliminatoria con la que, realmente, por unas cosas y otras, no ha sido posible ilusionarse.