El día estelar de Iñaki Williams

Los jugadores, felices al acabar el choque. /Ignacio Pérez
Los jugadores, felices al acabar el choque. / Ignacio Pérez

Dos golazos del delantero rojiblanco sentencian un partido vibrante en el que el Athletic no sólo ganó al Sevilla sino que transmitió claros síntomas de regeneración

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Acabó el partido contra el Sevilla y San Mamés estalló con una mezcla explosiva de alegría, efervescencia y alivio. Había razones sobradas para la fiesta en unas tribunas que llevan más de año y medio de funerales, soponcios y bostezos de hipopótamo. No sólo se trataba de que el Athletic hubiera sumado tres puntos de oro ante un rival temible sino cómo ganó, la seriedad y pujanza demostradas por el equipo durante noventa y cinco minutos y la versión estelar de Iñaki Williams, autor de dos golazos, el segundo de ellos memorable. Este cronista no recuerda una exhibición atlética semejante en un futbolista del Athletic para marcar un gol que, además, sentenció el partido. Las gradas se llenaron de pañuelos, con toda la razón del mundo, y los cánticos de 'Y Llorente qué', tan típicos en los últimos años cuando los rojiblancos marcan un gol en su estadio, escenificaron la división que provoca la posible llegada al club del delantero riojano.

2 Athletic

Herrerín; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Dani García, Beñat (San José, m.71); De Marcos (Ibai, m.65), Muniain, Córdoba (Balenziaga, m.86); y Williams.

0 Sevilla

Vaclik; Jesús Navas, Gnagnon, Kjaer (Bryan Gil, m.87), Sergi Gómez, Escudero (Promes, m.70); Sarabia, Banega, Roque Mesa (Munir, m.79); Ben Yedder y André Silva.

Goles:
1-0, m.23: Williams. 2-0, m.84: Williams.
Árbitro:
Pablo González Fuertes (Comité Asturiano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Dani García (m.64), Muniain (m.76), Herrerín (m.81) e Iñigo Martínez (m.90), y a los visitantes Roque Mesa (m.26), Escudero (m.28) y Gnagnon (m.93).
Árbitro VAR:
Santiago Jaime Latre (Comité Aragonés).
Incidencias:
Partido correspondiente a la decimonovena jornada de LaLiga Santander, la última de la primera vuelta, disputado San Mamés ante 41.342 espectadores, según cifras oficiales.

Desde el pitido inicial quedó claro cuál era para el Athletic el partido importante de esta trilogía de duelos contra el Sevilla. La derrota en la Copa no es que estuviera en el programa, faltaría más, pero viendo la puesta en escena de los rojiblancos este domingo más de uno pudo pensar que Gaizka Garitano la utilizó para tomar buena nota y atar algunos cabos sueltos. Del mismo modo, sus jugadores debieron quedar el jueves bien escarmentados y salieron al campo con la intensidad y el rigor que la ocasión demandaba. Y es que los tres puntos tenían un valor enorme, hasta el punto de que, viendo la tabla clasificatoria, la victoria se podía interpretar -y así lo interpretamos una vez lograda- como la génesis de un punto de inflexión. No es que la situación deje de ser preocupante. Ahora bien, el vértigo al abismo comienza a desvanecerse. Con todo lo que ello significa.

Serio y enérgico, el buen trabajo de presión del Athletic le permitió jugar sin agobios ante un Sevilla inferior en todos los aspectos al del pasado jueves. Aunque Machín pudo contar con más titulares, la baja del 'Mudo' Vázquez hizo bastante daño a su engranaje. El verdadero perjuicio, sin embargo, se lo hicieron los rojiblancos, que no daban puntada sin hilo. Aunque su fútbol era muy básico -presión y largos pases en diagonal desde atrás- y apenas tenía la profundidad que le proporcionaban las cabalgadas cosacas de Ander Capa por la derecha y los desmarques de un Williams muy afilado, el partido estaba bajo control. Está claro que la sencillez conceptual es el arma preferida de Garitano para que sus pupilos remonten el vuelo. Y lo está consiguiendo: tres victorias y dos empates en cinco partidos de Liga le cambian la vida a cualquiera. Y más a un enfermo.

Bien protegido por el mejor Iñigo Martínez que se ha visto en el Athletic, a diferencia del jueves Herrerín fue casi un espectador durante la primera parte. De hecho, sólo tuvo que intervenir en una llegada muy peligrosa de Sarabia pasada la media hora. Esto, en sí mismo, ya era mucho decir ante un rival de la entidad del Sevilla. La grada de San Mamés así lo interpretó, volcándose con los suyos y alcanzando un estado cercano a la levitación cuando, en el minuto 23, el equipo bilbaíno abrió el marcador. Al clímax no sólo contribuyó el 1-0, sino la belleza de la jugada y la autoría.

Dos años y dos meses después, Iñaki Williams marcaba un gol en Liga en su campo. Su carrera, su manera de perfilarse y su zapatazo cruzado, que Vlaclik ni olió, fueron impecables. En realidad, todo el partido del delantero rojiblanco, que ya destacó en Balaídos y parece haber cogido la buena onda, fue magnífico. Incluso en suertes en las que no destaca precisamente, como las disputas por alto con los centrales, ofreció un rendimiento sobresaliente. Kjaer pudo dar fe de ello. Y de otras cosas. El central danés soñará con Williams durante varios días. Lo que dure más o menos la exhibición en las televisiones del 2-0, un gol magistral.

Fue en el minuto 83 y el Sevilla apretaba. Sin crear ocasiones claras, pero apretaba ante un Athletic que se protegía con solvencia. Si no estamos hablando de la mejor actuación defensiva del equipo en los dos últimos años, será por muy poco. Con decir que no se le vio hacer ni una sola tontería está dicho todo. No me extrañaría que Garitano les ponga el vídeo a sus jugadores, sobre todo a los de su retaguardia. Y es que la firmeza mostrada, ese saber estar, ese oficio, esa atención máxima a los detalles, resultó sorprendente, casi impropia de un grupo que se ha caracterizado justo por lo contrario, por pegarse tiros en el pie de todas las maneras posibles.

Aún así, los nervios fueron inevitables en la última recta. Navas no dejaba de intentarlo y Promes salió del banquillo con mucha ganas. En el minuto 81, un derechazo suyo que salió desviado por muy poco provocó un escalofrío. Por mucho que el Sevilla no tuviera su día, se iban a hacer 'molto longos' los instantes finales. Y entonces llegó el jugadón, que tuvo algo de mágico, de inverosímil. El control orientado, el giro, la extraordinaria carrera superando a los dos centrales, el regate al portero, la definición... Sencillamente, algo perfecto.

El Sevilla siguió intentándolo hasta el final de un largo descuento, pero no tuvo su día. El Athletic se jugaba más y lo demostró con rotundidad. Como debía hacerlo. Supe prender la mecha de su hinchada, que en la segunda parte pudo celebrar el regreso de Ibai Gómez, y esa comunión grada-público resultó determinante para sostener un gran esfuerzo continuado durante todo el encuentro. este domingo. Digamos que a la altura de la satisfacción que dejó una victoria estupenda. Sigue lloviendo, por supuesto, pero llueve mucho menos.

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