El Athletic sueña con ser mejor

O mejora sus prestaciones ofensivas o el Athletic siempre estará en el alambre

Muniain disputa un balón el pasado domingo./Luis Ángel Gómez
Muniain disputa un balón el pasado domingo. / Luis Ángel Gómez
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La derrota en Mestalla no ha desvelado nada que no supiéramos respecto al Athletic. De ahí mi extrañeza al comprobar ayer las reacciones de algunos, entre el tremendismo y la indignación. Parecía que el equipo les había estafado cuando, en realidad, su actuación fue similar a otras que ha brindado fuera de casa. La diferencia, claro, fue la derrota, como sucedió en San Sebastián. Pero tampoco es que en Vitoria, Villarreal o en Huesca los pupilos de Garitano rindieran a un nivel muy diferente al del domingo. El resultado, sin embargo, lo cambia todo. Bueno, todo no. Cambia las percepciones y los estados de ánimo. Imaginen, por ejemplo, que los señores del VAR pitan el penalti a Raúl García, Rodrigo pega en el poste el voleón que supuso el 1-0 y el Athletic se viene de Valencia con un nuevo 0-1. No estoy hablando de cosas muy disparatadas. Pues bien, a estas horas todavía habría rojiblancos desfilando por las calles en alegre biribilketa, disfrazados del increíble Hulk, Superman, Thor, Leónidas, Chiellini...

Lo que no puede cambiar el resultado, aunque algunos se engañen con ello, es la verdad profunda de los equipos. Garitano ha rescatado a un grupo que se hundía y lo ha hecho con una terapia tan simple como inteligente: que sus jugadores se sintieran cómodos en el campo. Pero lo que no ha podido hacer, porque no está en su mano -o no del todo, desde luego-, es cambiar la naturaleza de una plantilla que corre un grave riesgo de estar en el alambre dada su falta de calidad en el centro del campo y en la delantera. Ni hay medios creativos de verdadero nivel -Beñat nunca ha sido un portento y ya da para lo que da-, ni interiores desequilibrantes, ni desde luego buenos goleadores ahora que Aduriz, el futbolista que ha marcado la diferencia en el Athletic durante los seis últimos años, está ya al borde del retiro.

Seguro que a algunos esta lectura les parece injusta y pesimista. Los conozco. A muchos los tengo detectados porque indefectiblemente asoman la cabeza y se ponen de pie, como los simpáticos perritos de la pradera, cada vez que Williams y Muniain marcan algún gol. Y no digamos cuando hacen un buen partido. Cómo olvidar su última aparición estelar tras el choque contra el Sevilla, cuando Williams - 'la pantera', le llaman, con un cierto embeleso- marcó dos golazos y puso punto final a una terrorífica racha de dos años sin marcar en Liga en San Mamés. Aquello iba a ser el principio de una nueva vida para el delantero bilbaíno, la epifanía de un crack que nos brindaría un futuro de promisión. Pues bien, desde entonces, y ya van siete partidos, no ha vuelto a marcar. Tampoco lo están haciendo sus compañeros, que conste. De hecho, los rojiblancos no sólo son el segundo equipo menos realizador del campeonato (25) sino también aquel en el que menos jugadores de la plantilla han marcado. Únicamente ocho. Para que se hagan una idea: en el Valladolid, donde los goles son tan escasos que se cotizan como diamantes, diez futbolistas han contribuido, aunque sea modestamente, a esa cuenta

Como es evidente, esta realidad está imponiendo al Athletic una obligación ineludible: encajar muy pocos goles, es decir, ser un bloque enormemente serio y sólido en defensa. Y esto no es nada fácil; de ahí que líneas arriba hablara del alambre, de esa sensación angustiosa de estar en el filo de la navaja en cada partido ya que, si nos hacen un gol, ya nos pueden ir dando la extrema unción. ¿O no significa nada que el Athletic no haya sido capaz de remontar desde hace un año, en concreto desde el 25 de febrero de 2018, cuando se le dio la vuelta al marcador ante el Málaga? Está claro que Garitano tiene un gran trabajo por delante, todo un reto. Y no me refiero sólo a esta temporada, donde la permanencia ya la considero un logro que el técnico de Derio puede colgarse como una medalla en acto de servicio. Pienso más en las próximas, empezando por la siguiente. Si no quiere que cada partido sea una agonía, una dura carga de legionarios romanos en formación de tortuga, el Athletic necesita ser un equipo más compensado, encontrar un equilibrio defensa-ataque, mejorar con el balón sin que ello suponga una perturbación en el trabajo defensivo. Casi nada.