El Athletic de Berizzo tiene la piel dura

El Athletic de Berizzo tiene la piel dura

El equipo rojiblanco, valiente en la primera parte y conservador en la segunda, rasca un punto en el Camp Nou catorce años después

JON AGIRIANO

Catorce años después, el Athletic pudo salir del Camp Nou por su propio pie y no en camilla y con heridas de diversa consideración, como ya empezaba a ser tradicional. Gracias a un esfuerzo tremendo durante los noventa minutos y al mínimo de fortuna imprescindible en estos casos, el equipo de Berizzo rascó un meritorio empate que le viene de perlas tras el bajonazo de moral que supuso la derrota del miércoles. Hasta la victoria fue posible -el Barça logró el empate en el minuto 83-, pero tampoco tiene mucha lógica disgustarse por no haberla conseguido. Hubiera sido un milagro que la tropa de Valverde no acabara de marcar en alguna de las numerosas ocasiones que generó en la segunda parte, sobre todo tras la entrada al campo de Busquets y de Messi. La verdad es que el gol de Munir, que igualó el que logró un extraordinario De Marcos en el minuto 40, cayó por pura ley de la gravedad. O por la ley del cántaro que va a la fuente, que viene a ser lo mismo.

El empate hay que celebrarlo como se merece. Por el punto en sí, que siempre viene muy bien, y por lo que supone de inyección de moral. El Athletic estaba tocado tras el 0-3 ante el Villarreal. Lo lógico era imaginar que le habían entrado dudas y que éstas habían comenzado a afectarle con su efecto tóxico y desestabilizador. Ir así al Camp Nou, con un interrogante sobre la cabeza, es como ir a un ochomil con fiebre y descomposición. Sin querer, uno baja la cabeza y se entrega a su destino inclemente. Sólo unos pocos se resisten a ello. Son los que nunca se rinden. Los indomables. Luke en la prisión de Florida. Berizzo se refirió a ellos el pasado viernes cuando habló de «la gente valiente que intenta cosas». Pues sí, todos queríamos ver a esa gente en el coliseo blaugrana. Sin embargo, no podíamos estar seguros de que eso fuera posible y temíamos que las palabras del técnico argentino fueran a quedarse en eso, en bellas palabras que se lleva el viento. Por suerte, no fue así. Los rojiblancos fueron «gente valiente», un equipo con piel dura, al menos durante la primera parte. En la segunda, ya con poco aire, lo fueron mucho menos. Quizá empezaron a dudar entre lo que es valentía y lo que es temeridad y se confundieron al poner la frontera entre ambos conceptos. El caso es que se dedicaron a defender el botín. Demasiado replegados, con una sola ocasión más en la portería del Barça que Williams se encargó de emborronar, los segundos 45 minutos fueron un via crucis. Menos que la penitencia sirvió para conservar un puntito.

1 Barcelona

Ter Stegen, Semedo, Lenglet, Piqué, Alba, Sergi Roberto (Busquets, min. 51), Arturo Vidal (Messi, min. 55), Rakitic, Coutinho, Luis Suárez y Dembélé (Munir, min. 80).

1 Athletic

Unai Simón, De Marcos, Yeray, Íñigo Martínez (Nolaskoain, min. 23), Balenziaga, Dani García, Beñat (San José, min. 67), Raúl García, Susaeta, Yuri y Williams (Aduriz, min. 78).

goles
0-1: min. 41, De Marcos. 1-1: min. 84, Munir.
árbitro
Jaime Latre (aragonés). Amonestó a Yeray, Rakitic, Busquets, Dani García, Nolaskoain y Messi.
incidencias
Estadio Camp Nou. 78.015 espectadores.

La puesta en escena del Athletic, que perdió por lesión a Iñigo Martínez a los 22 minutos -Nolaskoain salió en su lugar- fue la que necesitaba el partido. ¿Cuánto influyó en ello la sorprendente suplencia de Messi? Imposible saberlo. Es probable que los rojiblancos hubieran salido con las mismas intenciones. Ahora bien, seguro que la ausencia del crack de Rosario les aportó una tranquilidad de espíritu de lo más agradable. En cierto modo, era como si el partido, sin la presencia de un extraterrestre, se hiciera más humano y asequible. De manera que los pupilos de Berizzo se remangaron desde el pitido inicial. Máxima concentración, anticipaciones con el cuchillo entre los dientes, buenos marcajes, presión alta y búsqueda de oro entre los centrales del Barça, que llevan semanas al garete, sobre todo Piqué.

La primera exploración de esa veta estuvo a punto de suponer el 0-1, pero Williams se encargó de tirarlo por la borda. Su defectuosa vaselina, sólo frente a Ter Stegen, fue un despropósito. No tuvo su día el delantero rojiblanco, que pasado el cuarto de hora volvió a desperdiciar otra oportunidad fantástica en un nuevo mano a mano con el portero alemán. Dieron ganas pedir un pañuelo, buscar un rincón con un poco de intimidad y llorar. Llorar, sobre todo, pensando en el grave problema que tiene el Athletic en una posición tan decisiva. A Aduriz ya le ha salido la hoja roja que anuncia el final del librillo de papel de fumar, como en la novela de Delibes. Y Williams no tiene gol. Como tampoco puede decirse que, llegando desde atrás, en la plantilla haya más futbolistas que Raúl García con buen remate, el problema está ahí, candente. Y se sentirá en muchos partidos.

Vieja conexión

El gol nació de una vieja conexión rojiblanca, la compuesta por Susaeta y De Marcos, que hizo su mejor partido en muchos meses. Aparte de firmar el 0-1 con una llegada perfecta, se dio una paliza por su banda, salvó al equipo con dos cruces providenciales dentro del área y hasta sacó de cabeza, a un metro de la raya de gol, una falta de Messi que ya se colaba. Fue una de esas jugadas de estrategia que a los entrenadores les hacen hincharse como pavos. Quizá Berizzo la aprendiera en la 'play station', donde hay niños que sitúan un par de jugadores por detrás de la barrera y les hacen retrasarse rápidamente antes del disparo para cubrir el ángulo al que quizá no llegue el portero.

La salida de Messi y de Busquets al comienzo de la segunda parte mejoró a un Barcelona bastante vulgar hasta ese momento. El bellísimo trazo que durante años dieron al juego azulgrana Busquets, Xavi e Iniesta no aparecía por ningún lado con Sergio Roberto, Arturo Vidal, Rakitic y Coutinho. No podía aparecer. El peligro del Barça sólo llegó en puntuales acciones individuales -en el minuto 26, Unai Simón evitó un gol de Suárez tras un gran pase de Vidal- hasta que Messi salió con la batuta. A partir de ese momento florecieron las ocasiones, entre ellas un balón al larguero y otro al poste que estuvieron en el preámbulo del 1-1 en el minuto 83. Un mejorable despeje de Unai Simón le cayó a Messi, que asistió a Munir. Hasta el empate pareció peligrar ese momento, pero Rakitic tuvo el detalle de fallar una gran ocasión y el árbitro, Jaime Latre, de pita el final del partido.

Más información

 

Fotos

Vídeos