Gregorio Blasco posa en San Mamés. / EL CORREO

Una calle en Mundaka para el jugador más laureado del Athletic

«Ya era hora de que tuviera un reconocimiento que recupere su figura», destacan su nieto, llegado desde México, y el promotor de la iniciativa, que buscan además que tenga un busto en Lezama

Javier Ortiz de Lazcano
JAVIER ORTIZ DE LAZCANO Bilbao

Gregorio Blasco (Mundaka, 1909-Ciudad de México, 1983) tendrá desde hoy una calle a su nombre en la Mundaka que le vio nacer. Fue el portero que jugó el primer partido de Liga en 1928 ante la Real Sociedad, su primer Zamora y, sobre todo, el jugador con más títulos de la historia del club.

Con los rojiblancos ganó 15, cuatro Ligas, cuatro Copas y siete campeonatos regionales en su diez campañas en el club, entre 1926 y 1936. Su compañero Guillermo Gorostiza obtuvo los mismos títulos, pero Blasco le supera en reconocimientos individuales, tres Zamora frente a un Pichichi.

Sólo Piru Gainza, siete Copas, dos Ligas y una Copa Eva Duarte, le supera en títulos nacionales. En esta última clasificación empata con 8 con quienes fueron sus compañeros Roberto Etxebarria, José Luis Ispizua y José Muguerza.

Blasco es el primero de los cinco grandes porteros del santoral rojiblanco, cadena que siguieron Lezama, Carmelo, Iribar y Zubizarreta y en la que Unai Simón debe ser el siguiente. La Guerra Civil le impidió un palmarés aún más descomunal.

Blasco fue uno de los futbolistas que se incorporó a la selección vasca, con la que jugó 60 partidos durante su periplo en plena contienda por Francia, la URSS, México, Cuba y Argentina. Aquel combinado buscaba hacer propaganda en favor de la causa republicana y recaudar fondos para la asistencia social del Gobierno vasco.

La guerra avanzó, Euskadi fue conquistada por las tropas franquistas. La aventura patriótica y dramática de aquella selección quedó varada en México, en donde Blasco se afincó y murió. Jugó allí en el Real España y en el Atlante, al que luego dirigió y del que también fue entrenador de categorías inferiores. «Murió cuando yo tenía cinco años», evoca Gregorio Blasco nieto. Como su padre, fallecido en abril, preside la peña del Athletic en Ciudad de México.

Blasco sólo salió de México dos veces, una para una breve etapa en el River Plate argentino y un frustrado regreso a Euskadi en 1956. Después de seis meses en Plentzia, la familia entendió que su sitio era México. «No se acostumbraron. La vida era más pobre que en México», evoca su nieto.

«Ya era hora de que Blasco tenga reconocimiento. Ha sido una leyenda del club y es una figura olvidada. Hemos andado tardísimo en el pueblo para darle una calle», reivindica el gran impulsor de la iniciativa, Kepa Larruzea, presidente de la peña Athletic Club Gregorio Blasco de Mundaka.

Blasco en un partido en Sam Mamés. / EL CORREO

Larruzea se marcó dos objetivos: que Gregorio Blasco tuviera una calle en su pueblo y un busto en Lezama como los de Piru Gainza y Zarra. En 2019 se puso en marcha y logró que en 2020 el Ayuntamiento asignara al mítico portero una vía situada al lado del polideportivo. El acto de descubrir la placa con su nombre tendrá una importante carga simbólica.

Larruzea ha reclutado porteros. Estarán José Ángel Iribar, que conoció a Blasco en la gira que hizo el Athletic por México en 1976, Juan Antonio Zaldua, Peio Agirreoa, Ziara Vega, una joven del pueblo en el segundo equipo femenino, e Ibon Ispizua, del Bilbao Athletic. Bailará un aurresku a los asistentes. «Es el bisnieto de Germán Ispizua, que fue suplente de Blasco en el Athletic, y he insistido para que sea él quien protagonice ese momento protocolario», dice Larruzea.

Además, habrá representación del Ayuntamiento de Mundaka, del Athletic y de la Agrupación de Peñas. La familia estará encabezada por los nietos Maite y Gregorio y su madre María Elisabeth Diharce, nuera de Blasco, llegados desde México y que estarán acompañados por otros cinco parientes que viven en España. «Gracias a mi abuelo los Blasco sentimos un gran amor por el Athletic. Este reconocimiento su pueblo es muy emotivo para nosotros».