El Athletic vuelve de Vigo con un tesoro

Williams y Muniain han sido los protagonistas del partido. / Ignacio Pérez

Apoyados en la pujanza de Williams al contragolpe, los rojiblancos ganan por primera vez a domicilio y suman tres puntos de oro en su lucha por la salvación

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Obligado a ganar en Balaídos, un estadio que fue tierra de promisión hasta que dejó de serlo la pasada temporada, el Athletic cumplió su objetivo. Celebrémoslo. Por primera vez en toda la temporada, el equipo ganó fuera de casa. Los suspiros de alivio de los hinchas rojiblancos presentes en Vigo, entre ellos el nuevo presidente, Aitor Elizegi, tuvieron que escucharse en las islas Cíes. Qué digo yo. Hasta en las Azores. Y más después de vivir, en un descuento de infarto, cómo Maxi Gómez estuvo a punto de batir a Herrerín con un cabezazo postrero. No hubiera sido justo, en cualquier caso, para un Athletic que mereció la victoria. Fue mejor en las dos áreas y tuvo en sus filas al jugador que desequilibró el partido, Iñaki Williams. Asistente en el 0-1 y autor del 0-2 tras recibir un excepcional envío de Herrerín que la defensa celtiña se tragó de mala manera, el delantero bilbaíno hizo por fin lo que se espera de él.

1 Celta

Rubén; Hugo Mallo, Cabral, Araujo, Juncá; Okay, Lobotka (Sisto, min.63); Beltrán (Hjulsager, min. 80); Brais, Boufal (Eckert, min.74); Maxi Gómez

2 Athletic

Athletic: Herrerín; Capa, Unai, Íñigo Martínez, Yuri; Beñat, Dani García; (San José, min.75) De Marcos, Muniain, Córdoba (Balenziaga, min.88); Williams (Aduriz, min.62)

Goles:
0-1 Muniain min. 19; 1-1 Beltrán min. 46; 1-2 Williams min. 53.
Árbitro:
Martínez Munuera (colegio valenciano ). Amonestó con tarjeta amarilla a Okay y Hugo Mallo por parte del Celta; a Williams, Córdoba, Dani García, Muniain y Aduriz por parte del Athletic
Incidencias:
partido correspondiente a la decimoctava jornada de la Liga Santander disputado en el estadio municipal de Balaídos ante unos 12.000 espectadores.

Gaizka Garitano cambió ayer el perfil ofensivo de su equipo. Lo dispuso para el contragolpe y acertó. A la ausencia obligada de Raúl García, el técnico de Derio añadió la de Aduriz, lo cual demostraba que tenía asumido que su tropa no iba a poder dominar y poner centros en el área rival -su guión casero preferido- sino que le tocaría ordenarse bien y buscar los espacios para salir con velocidad. Por ese camino, ya explorado otras veces por otros técnicos con suerte desigual tirando a mala, intentaría encontrar una victoria vital. El plan funcionó. Los rojiblancos se asentaron bien en el campo ante un Celta con evidentes problemas para elaborar y dando muestras de una debilidad defensiva, sobre todo a la hora de cerrar las bandas, de lo más prometedora para su rival. O los vigueses mejoran en esta faceta básica o pueden pasarlo mal.

En el minuto 7, un centro de Berchiche desde la banda izquierda estuvo a punto de significar el 0-1. Poco después, en una jugada ensayada, Unai Núñez obligó a lucirse a Rubén, que le sacó un cabezazo casi a bocajarro. El partido prometía. Era inevitable confiar en la primera victoria a domicilio de la temporada. El equipo de Garitano estaba un paso por delante de su rival, casi siempre atrancado, lamentando sin cesar la ausencia de Iago Aspas. Sin él, toda la creatividad ofensiva de los gallegos se limitaba a las ocurrencias de Bouffal y al poderío de Maxi Gómez. En el minuto 19, la mayor profundidad del Athletic tuvo su premio con el 0-1. El gol llegó en un contragolpe de libro, tan sencillo como efectivo. Williams lanzó un desmarque y corrió la banda como una centella para asistir a Muniain, que hizo una carrera de casi cuarenta metros sin ser detectado por ningún rival y pudo rematar a un metro de la portería.

Un golpe bajo

La alegría de todo el banquillo rojiblanco -con la excepción de Garitano, que se mantuvo frío y conservó la compostura con gran contención- lo dijo todo sobre la importancia del partido y la tensión con la que lo estaban viviendo los suplentes del Athletic. A esa alegría, sin embargo, le sucedió un disgusto. Como otras veces, al juego de los rojiblancos le sentó mal ese gol tan ansiado. El equipo se destensó, plegó las velas y dejó de hurgar en la herida de los gallegos. Como consecuencia de ello, el duelo entró en una fase vacía de contenido. El equipo de Cardoso dominaba, pero sin llegar a inquietar a un Athletic muy ordenado que parecía conforme dejando que pasara el tiempo. Llegar al descanso con ventaja era algo que casi podía darse por descontado. Con los rojiblancos, sin embargo, nunca se sabe. Cualquier cosa puede suceder. Por ejemplo, que el Celta te marque en un córner pasado ya el tiempo suplementario. Beltrán empujó solo un balón cabeceado por Maxi Gómez, que superó a Iñigo Martínez.

Era complicado saber cómo podía afectar al Athletic, en sus actuales circunstancias, un golpe bajo semejante. Los más pesimistas ya pensaban en un hundimiento inmediato, en el Apocalipsis. Los más optimistas, por el contrario, confiaban en un buen encaje del empate y en una reacción inmediata de los pupilos de Garitano. Y acertaron en su pronóstico. Bien trabajado psicológicamente por su técnico, el equipo demostró cuajó y volvió al camino correcto; es decir, volvió a buscarle las cosquillas al Celta al contragolpe, a través de Muniain y Williams. O de Herrerín, que probablemente sea el futbolista de la plantilla con mejor golpeo de balón. En parado, sin duda. En el minuto 54, un cañonazo perfectamente teledirigido del portero castreño acabó en las botas de Williams, de quien se habían olvidado los dos centrales del Celta. Su definición ante Rubén fue perfecta.

Había que conservar ese 1-2 como si fuera el vellocino de oro y el Athletic lo consiguió. Es más, hasta tuvo un par de opciones de ampliar la renta, sobre todo una de Aduriz, que había salido en lugar de un Williams tocado y cansado. No marcar ese 1-3 tuvo la consecuencia lógica de vivir un largo descuento con el corazón en un puño. Por suerte, esta vez no hubo nada que lamentar y pudo celebrarse una victoria que quizá cambie el destino de este equipo. Ojalá.

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