Houston, tenemos un problema

Los rojiblancos, cabizbajos tras el tanto de Aspas./Fernando Gómez
Los rojiblancos, cabizbajos tras el tanto de Aspas. / Fernando Gómez

Víctima de nuevo de la extrema precariedad de su juego ofensivo, el Athletic cae con justicia en Balaídos y entra en una deriva preocupante

JON AGIRIANO

Incluso hace dos semanas, cuando era líder y no nos cansábamos de observar la clasificación, el Athletic tenía un problema grave. El equipo, bien afinado físicamente, lo compensaba con otras virtudes y competía bien en todos los partidos, pero el problema seguía ahí, latente, amenazador, como una herida que no terminara de cicatrizar. Se trataba de la enorme precariedad de su fútbol ofensivo, sobre todo lejos de casa. Pues bien, por seguir con esta analogía médica: la herida ha empezado a infectarse. Si contra el Valencia en San Mamés los pupilos de Garitano apenas inquietaron la portería rival, este domingo ante el Celta ofrecieron una versión todavía más pobre, rayana en la indigencia. Un tiro desde fuera del área del joven Sancet, que salió en la segunda parte, fue su única opción de gol. Con eso está dicho todo.

Por mucho que trabaje a destajo y tenga una defensa fiable, por mucho que tenga una idea de fútbol cuya prioridad fundamental es el blindaje, un equipo no puede sostenerse con esa ínfima producción en ataque. Lo lógico es que acabe perdiendo, como lo hizo este domingo el Athletic en Balaídos, un estadio que se le venía dando muy bien en los últimos años. Había muchas esperanzas, de hecho, en seguir con esta buena racha ante un Celta que había empezado la temporada fatal, descolocado, sin saber si era toro o torero, como decía Menotti. Pero fue imposible. El equipo de Escribá se impuso con todo merecimiento. Aunque en amplias fases del partido le costó mucho jugar, acabó creando cuatro o cinco ocasiones y en una de ellas, tras un córner en el minuto 75, acabó logrando el 1-0. Lo marcó Iago Aspas tras cabecear a la red desde el segundo palo un cabezazo anterior de Santi Mina.

1 Celta

Rubén; Hugo Mallo, Araujo, Aidoo, Olaza; Lobotka (Pape Cheikh, min. 82), Okay, Rafinha (Brais Méndez, min. 71), Denis Suárez (Beltrán, min. 87; Iago Aspas, Santi Mina

0 Athletic

Unai Simón; Capa, Yeray, Íñigo Martínez, Balenziaga; Dani García, Vesga (larrazabal, min. 81); De Marcos (Sancet, min. 65), Raul García, Muniain (Aduritz, min. 81); Williams

Gol
: 1-0 Aspas, min. 74
Árbitro
: Medié Jiménez (comité catalán). Amonestó a Balenziaga, Raúl García, Yeray, Íñigo Martínez y Capa. También vio tarjeta amarilla Gaizka Garitano
Incidencias
: partido correspondiente a la octava jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 19.690 espectadores.

Las extremas dificultades del Athletic para jugar con criterio y profundidad fueron una constante desde el pitido inicial, como le ha sucedido en los otros tres partidos disputados a domicilio. Ahora bien, resultaron especialmente sangrantes después del 1-0. Lejos de lanzarse al asalto de la portería de Rubén Blanco, el equipo de Garitano se terminó de desinflar. Fue realmente decepcionante. No hubo ni opción de luchar por el empate. Tan sólo barullo, faltas y más tarjetas. La entrada de Aduriz y Larra en lugar de Muniain y de Vesga, que fue la gran novedad en el once, no surtió ningún efecto. Todo lo contrario, por cierto, de lo que supuso la salida al campo de Brahim en lugar de Rafinha en el minuto 69. El Celta tuvo más filo con esta sustitución. Digamos que ganó en claridad arriba y dejó de rizar el rizo una y otra vez, intentando entrar por dentro con paredes, como si fueran el Barça de Guardiola.

Novedades

Imagino a los numerosos hinchas rojiblancos presentes en Balaídos saliendo rápido del estadio para dirigirse con tiempo al mercado de La Piedra y ahogar sus penas del fútbol con marisco, pulpo a feira y buen albariño. Y es que al Athletic, salvo algunas buenas fases de presión adelantada que hicieron daño al Celta en la salida del balón, no le salió nada en la bella tarde viguesa. Ni al entrenador, ni a los jugadores. Garitano incluyó por sorpresa a Vesga en el once. Una de las razones, por lo visto, fue su estatura, el hecho de que el vitoriano podía ayudar en el juego aéreo, lastrado por la lesión de Berchiche y la entrada de Balenziaga. Pues bien, la aportación más relevante de Vesga fue poner en el área pequeña un par de saques de banda.

Otra de las novedades, De Marcos, no tuvo ninguna incidencia en el juego. Extrañó su titularidad, tras mes y medio en el dique seco. ¿No estaba mejor Larrazabal?, nos preguntamos muchos. Salvo una llegada al área en el minuto 10 en la que debió chutar y terminó por dar un mal pase es difícil recordar algo destacable del futbolista de Laguardia, al que tampoco acompañó mucho Capa. Denis Suárez le buscó la espalda en la primera jugada del partido –Aspas cabeceó fuera poco a los 32 segundos– y el portugalujo ya estuvo hasta el final con el freno de mano puesto y más cautelas que un vigilante nocturno de San Quintín.

Bien mirado, la única buena noticia del partido fue la aparición de Oihan Sancet. Tuvo lugar en el minuto 66. El Athletic había llegado hasta ese momento con 0-0 y sus opciones intactas. Es más, el Celta comenzaba a sufrir. En la primera parte había desperdiciado dos buenas oportunidades de adelantarse, la antes citada de Aspas en el arranque y una muy clara de Santi Mina justo antes del descanso. Aparte de ello, en el minuto 19, Iñigo Martínez tuvo que sacrificar su tobillo para desviar un peligrosísimo zurdazo de Aspas. En la reanudación, los achuchones celtiñas al área rival tampoco significaron mayor peligro para Unai Simón. Y los de Escribá empezaron a dudar y a ver fantasmas. Era un buen momento para hincarles el diente y Sancet estuvo a punto de hacerlo en el primer balón que tocó. El navarro demostró clase y desparpajo para sacarse un tiro peligroso desde fuera del área.

Paciencia

Los rojiblancos, sin embargo, fueron incapaces de dar continuidad a esa jugada. Su impericia con el balón fue irritante, como lo fue de nuevo la inoperancia de Muniain y Williams. Que para Garitano el delantero bilbaíno tenga condición de franquicia, como dijo en la sala de prensa, es perfectamente entendible ya que no tiene otro. Que la tenga también el navarro, en cambio, debería explicarlo algún día, a ser posible antes de que se le agote la paciencia que este domingo dijo que hay que tener con él. Y no negamos la virtud de la paciencia, aunque nos gusta más cuando ésta sirve como escudo para los jóvenes que para sostener contra viento y marea a los gallos de la plantilla. Tampoco negamos, desde luego, las carencias evidentes de la plantilla del Athletic del centro del campo en adelante. Saltan a la vista. Podemos resumirlas con sencillez:dos partidos flojos de Raúl García y cero goles del equipo. Lo cual no significa que no haya que corregirlas de algún modo. Porque tenemos un problema y empieza a ser preocupante.