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Iker Álava

El centro de Sevilla se convierte en la Pozas más rojiblanca

La afición del Athletic toma la ciudad hispalense: «Esto es una fiesta, ¡sólo falta ganar mañana!»

Carlos Nieto

Enviado especial. Sevilla

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Viernes, 5 de abril 2024, 15:06

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Solo hay dos colores en el centro de Sevilla. El rojo y el blanco del Athletic. La afición bilbaína ha tomado la capital andaluza, en especial la calle Mateos Gago, a los pies de la asombrosa Giralda. De momento, gana por goleada al puñado de mallorquinistas que se dejan ver por la sede de la final. Sol, cerveza, gafas de sol y camisetas de un equipo que este sábado tratará de alzar su Copa número 25. Hay adultos, niños que viajan por primera vez, familias, matrimonios... Todos con una misma ilusión: volver este domingo a Bilbao con el título. Vamos, que Sevilla ahora es Pozas, literalmente.

Como si de la calle que lleva a San Mamés se tratara, los hinchas se están dejando la garganta en el centro de Sevilla, una ciudad tomada. Tratan de empujar a su formación con uno de los cánticos que hizo célebre Villalibre y su trompeta: «Xa, la, la, la, la... Athletic Club. Xa, la, la, la, la, la... Athletic Club». Es el grito de guerra que ha decidido entonar la hinchada rojiblanca en una de las calles más concurridas de la ciudad, con árboles a los lados, que ofrecen una pizca de sombra a unos aficionados que, es cierto, están pasando mucho calor por el sol que pega en la ciudad.

La calle Mateos Gago, la nueva Pozas.
La calle Mateos Gago, la nueva Pozas. Iker Álava

«Acabamos de llegar. Hemos dejado las maletas en el apartamento y rápidamente a la calle. Esto es una fiesta, ¡ahora sólo falta ganar mañana!», cuenta ilusionado Ander Soto, un joven bilbaíno que se ha desplazado junto a su grupo de amigos. Los cinco cuentan con entrada para el partido y esperan ver por primera vez a su Athletic ganar la Copa.

Hasta Sevilla se ha llegado por tierra, mar (una cuadrilla en barco hasta el Guadalquivir fue la primera en llegar la semana pasada) y aire. «Hemos salido a primera hora en coche y por fin estamos aquí», cuenta algo cansado Fernando Garnika, que ha completado el viaje junto a sus hermanos y nada más llegar se ha dirigido al hotel Barceló Sevilla Renacimiento, el lugar de concentración de la expedición rojiblanca. Se encuentra en la propia isla de La Cartuja, a unos quince minutos a pie del estadio.

Sevilla es grande, muy grande, pero los aficionados saben dónde está la fiesta. Ayer jueves esta céntrica zona ya vivió una especie de apropiación cultural por parte de los athleticzales. Ya este viernes, por el Casco Antiguo de la capital andaluza y sus proximidades solo se ven camisetas zurigorris. Apenas un puñado de aficionados bermellones ansían encontrarse entre ellos para hacerse ver, pero la turba procedente de Bizkaia complica la misión.

Este cronista trata de abrirse paso entre la multitud para buscar un hueco en el que poder sacar el ordenador y piensa en la cantidad de gente que atestará mañana la ciudad en las horas previas al partido. La ciudad de Sevilla se encuentra al borde de los 700.000 habitantes y se prevén que lleguen hasta 100.000 personas entre ambas aficiones, con la del Athletic ganadora en un 70-30%. El desembarco es brutal.

Una familia mallorquina, junto al azulejo de Baleares en la plaza de España de Sevilla.
Una familia mallorquina, junto al azulejo de Baleares en la plaza de España de Sevilla. Carlos Nieto

Conviene recordar que la última final con presencia de aficionados del Athletic fue la de Barcelona en 2015. Allí, la Athletic Hiria abrió desde el viernes, a diferencia de esta ocasión, que lo hará el mismo sábado a las 11.30 horas. Por eso el centro está abarrotado y aún espera un goteo incesante de hinchas. Además, mucha gente viaja de noche para llegar a primera hora de la mañana y se volverá tras el pitido final. Pura pasión.

Una de las paradas obligatorias en Sevilla es su imponente Plaza de España, una maravilla arquitectónica que visitan a diario miles de personas. Están de suerte y la mayoría no lo sabe. ¿Por qué? Debido a que el Ayuntamiento anunció a principios de año que empezará a cobrar por su entrada para «financiar su conservación y garantizar su seguridad». Decisión que por otro lado ha creado un cisma en la clase política y es el principal debate de los vecinos. Pero ese es otro tema.

Además de los cuatro puentes, el pequeño estanque y sus majestuosos pilares, lo que hace única a esta plaza es que cuenta con 48 bancos dedicados a cada una de las provincias españolas. Uno se preguntará que por qué no hay 50. Se debe a que la anfitriona, Sevilla, no cuenta con ninguno de estos 'palcos' y que Tenerife y Gran Canaria están unificadas porque no eran independientes en el momento de su construcción.

Y claro, todo el que se desplaza hasta aquí se dispone a buscar su lugar de origen para hacerse la foto de rigor con el precioso azulejo de fondo y el mapa de la región a sus pies. Bien, en la de Bizkaia (aparece escrita como 'Vizcaya') hay colas. Todos se quieren llevar un recuerdo y eso sorprende a los habituales turistas que recibe la ciudad. «No teníamos ni idea de que se jugaba la final de Copa este fin de semana. Es un ambiente increíble, la ciudad entera está de fiesta, con mucho color», dice asombrado Mark Winkel, natural de Alemania y que junto a su mujer y sus tres hijos están recorriendo Andalucía esta semana.

Con menos afluencia cuenta la de Baleares, que también recibe a los aficionados bermellones. «Veo a los del Athletic muy confiados, a ver si les vamos a dar un susto... Ya estoy viendo el gol de Muriqi en el 90», ambicionan Óscar y Adrià Soler, padre e hijo recién llegados de la isla. Les acompañan unos familiares sevillanos que ejercen de anfitriones y que, curiosamente, son descendientes de durangueses. «Pero aquí vamos con el Mallorca, también se lo merecen».

«¡Cuidado, aita!»

Pasear por el centro de Sevilla puede considerarse un ejercicio de alto riesgo. La ciudad cuenta con un estupendo carril bici que cuando llega al empedrado del casco histórico abandona su habitual verde chillón para respetar el lugar. Eso tiene su parte negativa, y es que los turistas no ven los pequeños distintivos que separan la acera de los 'invisibles' bidegorris. El sonido de los timbres es una constante, al igual que los «¡Cuidado, aita!».

A los patinetes, bicicletas y motocicletas se les unen las tradicionales calesas. Subirse en uno de estos carruajes empujados por caballos es una de las imágenes grabadas en el imaginario sevillano, pero quizás los tiempos están cambiando. O simplemente a los de Bilbao no les va este rollo. «Con tanta cuesta que tienen allí no les importa patear una ciudad tan llana como esta», lamenta Ramón Salazar, cochero de toda la vida y que aprovecha la conversación para indicar que el paseo tiene «una hora de duración, se ven todos los monumentos del centro y cuesta 50 euros». Se resigna al asumir que tiene más tirón entre los turistas extranjeros.

Hay más. Sevilla es un imán turístico, es difícil esquivar los paraguas de los free tours, y nos encontramos en temporada alta, toda vez que estar aquí en verano es similar a la penitencia de Semana Santa, perjudicada hace unos días por las lluvias que azotaron a todo el país. A la final de Copa la seguirá la próxima semana la Feria de Abril, aquí la fiesta nunca para.

Y claro, hosteleros, taxistas, todo el sector servicios, hacen el agosto. «La final de Copa la esperamos siempre con muchas ganas, pero que venga el Athletic es el no va más. Ningún equipo mueve a tanta gente. Ojalá hubiese sido un derbi vasco, porque los pobres del Mallorca lo han tenido difícil para venir», explica Luis Vázquez, camarero de uno de los múltiples bares que no dejan de servir cañas y montados.

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