Los cinco integrantes de la comisión de Estatutos posan para EL CORREO ayer en Ibaigane. / Pankra Nieto

Al cielo por sólo 19 votos de diferencia

Los miembros de la comisión de Estatutos recuerdan su victoria al borde de un ataque de nervios en la asamblea

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Lunes. 23 de marzo de 2022. Después dos años y medio de trabajo, de 1.600 reuniones, de entrevistas con más de 2.000 socios e incontables horas de debate interno, había llegado el día D. Comenzaba la operación Overlord de los Estatutos del Athletic. Los cinco miembros de la comisión para la reforma llegaron al palacio Euskalduna a las cuatro y media de la tarde. Querían ultimar los preparativos de sus intervenciones en la asamblea y pasar un rato agradable. «También era necesario relajarnos, hacer algunas bromas en un ambiente distendido...», comenta Aner Uriarte. Por supuesto, esas horas también sirvieron para compartir temores y sospechas. Una de ellas tenía que ver con la cifra de asistencia a la asamblea. «En nuestros cálculos entraba que con más de ochocientos compromisarios teníamos verdaderas opciones de ganar, de manera que nos dejó preocupadillos que, al principio, hubiera solo 600, luego 700 y al final 765», reconoce Josu Arteta.

Las intervenciones estaban preparadas al detalle. De hecho, el domingo a las nueve de la mañana habían mantenido una reunión telemática para cerrar la puesta en escena del día siguiente. «En este proceso si algo hemos hecho ha sido trabajar mucho y cuidar todos los detalles. Y el último día había que hacerlo más si cabe», explica Ana Urquijo. El objetivo esencial de esas intervenciones era lanzar un mensaje de optimismo, de ilusión en las posibilidades de futuro que se le abrían al Athletic con la aprobación de su nueva 'carta magna'. Y lanzarlo con elegancia, sin estridencias y mostrando el máximo respeto a la figura del compromisario. «Se trataba de no perder ningún voto y conseguir cambiar la opinión de algunos que vinieran con la idea de votar en contra», describe Uriarte.

El dato

En la primera mesa el porcentaje de 'síes' fue inferior al 66,6% y desató la preocupación

Muro de contención

El estado de ánimo de los integrantes de la comisión había ido cambiando a lo largo de las últimas semanas. Hace dos meses, no eran muy optimistas. Ni siquiera Aitor Elizegi. El presidente era consciente de que las dificultades eran máximas, de que existía eso que sus compañeros de comisión veían, en palabras de Arteta, como «un muro de contención». Se trataba de los compromisarios ligados a Josu Urrutia y a la candidatura derrotada en las pasadas elecciones que en estos tres años y medio han votado en contra de todas las propuestas del cocinero de Santutxu sin excepción, incluso al nombramiento de César Sáez como directivo el pasado mes de octubre. Era el suyo un 'no' militante, 'ad hominem'. Como suele decir Elizegi, «hubieran votado que no incluso a la instalación de las escaleras mecánicas en San Mamés».

Los redactores habían hecho sus cálculos sobre la dimensión de esa oposición: entre 180 y 200 socios compromisarios, a quienes se podían sumar algunos partidarios del antiguo Régimen. El hecho de que en las últimas semanas les hubiera llegado una sensación de apoyo abrumador, no les llevó a engaño. Como tampoco les confundió el hecho de que, durante la asamblea, no saliera al estrado ningún compromisario anunciando en público su voto en contra, algo sin precedentes. La realidad es que existía una «oposición silente», como la calificó Aner Uriarte, y podía tener la suficiente potencia como para impedir ese 66,7% de votos afirmativos.

Contra Elizegi

La 'oposición silente', como la calificó Aner Uriarte, estuvo muy cerca de tumbar la reforma

El recuento

A punto estuvo de hacerlo. Sólo 19 votos impidieron un rechazo a los nuevos Estatutos que hubiera provocado una gravísima crisis institucional en el Athletic. Como le ocurrió en las elecciones que le dieron la presidencia en diciembre de 2018, la victoria de Aitor Elizegi fue agónica. Nadie lo hubiera dicho viendo el ambiente de optimismo, casi de euforia, que se cuajó en el hall del Euskalduna, en torno a los primeros vinos y refrescos, mientras votaban los últimos socios. El sí parecía seguro. Abrumador. Era una falsa impresión. Ocurría, sencillamente, que la gran mayoría de los votantes del no ya se habían ido.

El recuento no fue apto para cardíacos. La primera mesa que se contó registró 50 síes y 28 noes. Un 64%. No llegaba. El dato voló como un espectro entre los ponentes. «Me quedé mal, incluso empecé a pensar qué íbamos a decir en caso de perder, pero enseguida recuperé la esperanza», recuerda Ana Urquijo. Gorka Cubes también se llevó un buen susto. «No esperaba ese dato porque el ambiente era de mucho optimismo. Parecía que se iban a aprobar por clamor popular. De hecho, nadie había rechazado el proyecto en el turno de intervenciones. Pero la oposición estaba ahí. La segunda mesa ya fue más positiva y todos nos tranquilizamos un poco, aunque siendo conscientes de que iba a ser ajustadísimo», recuerda.

Terminado el recuento, la tensión se reflejaba en el rostro de los miembros de la comisión. No sabían bien qué hacer. Mandaban Whatsapps, leían mensajes, escrutaban gestos buscando interpretaciones ocultas, a ser posibles favorecedoras... «Estábamos al borde un ataque de nervios», resume Josu Arteta, que cuando Juan Ignacio Añibarro, el secretario general del club, entregó la papeleta con los resultados a Fernando San José creyó verle un gesto de aprobación que le animó. Muy atento, Aner Uriarte vio de soslayo en la papeleta la cifra de 'noes' y ya tenía las cuentas hechas. «Sale, sale», murmuró.

Ana Urquijo y Gorka Cubes le escucharon, pero no se contuvieron hasta que llegó el anuncio oficial. Entonces tuvieron que reprimirse y no celebrarlo como un gol del Athletic. «Habíamos pasado del infierno al cielo. Era un premio al trabajo bien hecho», aseguró Urquijo. Así lo interpretó también Aitor Elizegi. A su lado durante la asamblea, tras la victoria Aner Uriarte pensó en el actual presidente en funciones. «Pensé en que se lo merecía, en su mérito. Se ha vaciado en un proyecto que no era para él sino para su sucesor, para el club. Eso es espíritu Athletic».