Una cierta melancolía con Aduriz

Lo más preocupante del partido contra Leganés no fue la ausencia inesperada de Remiro sino la del guipuzcoano, aunque estuviera presente en el campo

Una cierta melancolía con Aduriz
JON AGIRIANO

Durante el partido contra el Leganés hubo momentos vacíos en los que fue inevitable entretenerse hablando de las cosas del equipo. Uno de los temas preferidos, lógicamente, fue el de los ausentes. Había unos cuantos y fue inevitable que la gente hiciese sus pequeñas taxonomías para distinguirlos. Estaban los ausentes por lesión como Iñigo Martínez y Herrerín, los futbolistas con galones sacrificados por Berizzo -San José, Beñat, Balenziaga, Mikel Rico o Lekue-, un férreo hombre de club como Sabin Merino, un fichaje entre interrogantes como Ganea y hasta un purgado de última hora, léase Remiro. Su ausencia fue la más llamativa el lunes junto a la de Aduriz, que estuvo presente, es cierto, pero ello no impidió que, viéndole sobre el campo, lo incluyéramos sin querer en el listado de los ausentes. Sobre estos dos últimos me gustaría extenderme un poco en estas líneas.

Comienzo por el caso de Remiro, que generado mucho revuelo pero se me antoja bastante menos importante que el de Aduriz. Tengo la impresión de que el portero navarro -o más bien sus representantes- han medido fatal los tiempos y las circunstancias. No se han dado cuenta de que su renovación no era una más, como la de otros futbolistas que terminan contrato en 2019, de que ellos estaban obligados a andar con pies de plomo ante un interlocutor escaldado, herido en su amor propio. Tendrían que haber sabido que, en lo que a negociaciones con futbolistas prometedores se refiere, el Athletic viene a ser ya como ese señor estafado por un vendedor de enciclopedias al que le toca la puerta otro vendedor a domicilio. Corres un serio riesgo de que te cierre la puerta en las narices. O si le pillas en un momento de bajón, que saque la escopeta y tengas que salir corriendo, escaleras abajo.

La verdad es que entiendo perfectamente la actuación de la directiva rojiblanca en este caso; algo que también parece haber hecho Eduardo Berizzo ya que ha tragado con una decisión muy dura para un técnico. Podríamos decir que Remiro ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Urrutia, que desde que llegó a la presidencia está asistiendo, amargado e impotente, a una realidad angustiosa contra la cual nada ha podido hacer: la fuga inexorable de todos los grandes talentos rojiblancos que han sido tentados por clubes más poderosos que el Athletic. Para luchar contra esta marea imparable, el presidente lleva tiempo haciendo declaraciones que son la apoteosis del 'wishful thinking' y efectuando maniobras que él mismo sabe desesperadas: fichajes millonarios, contratos mareantes, renovaciones muy por encima del valor en el mercado... Pues bien, justo después del enorme disgusto que ha provocado Kepa Arrizabalaga, llega Remiro y, sin haber debutado todavía en Primera, cuando el Athletic le brindaba una oportunidad fantástica, se pone estupendo y desdeña la oferta del club en lugar de aceptarla, demostrar lo que vale en el campo y, en unos pocos meses, ganarse un «pedazo contrato» como los que se firman ahora en Ibaigane en cuanto un futbolista despunta. Pues nada, a la grada, que vendría a ser el rincón de pensar de los futbolistas.

Decía que lo de Aduriz me parece mucho más importante y es lógico. A diferencia de Remiro, él lo ha demostrado todo. Desde la perspectiva del Athletic, ya es imposible escribir del donostiarra sin una cierta melancolía. Si estuviéramos en otoño, nos verían dando patadas a las hojas secas del parque. Sospecho que el lunes fuimos muchos los que sentimos que estábamos viendo a otro Aduriz, a uno que, a sus 37 años, ya descuenta los días que le restan para su retirada a final de temporada. No se trata de una crítica, faltaría más. Esto es pura biología. El problema es que el Athletic no ha podido o sabido prepararse para afrontar una realidad preocupante: la de sustituir a su gran figura, al jugador que, con una media de 23,6 goles por ejercicio, una cifra que nos obliga a retroceder a los tiempos de Zarra para encontrar una mejor, ha sido su gran factor diferencial durante los seis últimos años.

El 'Toto' Berizzo se va a encontrar con un vacío que ya empezó a vislumbrar y sufrir Ziganda. No hay que olvidar que, con el juego del equipo desplomándose a ojos vista, Aduriz sólo pudo marcar dos goles en toda la segunda vuelta de la pasada Liga. En fin, que mucho va a tener que mejorar el técnico argentino el juego del equipo para que éste pueda compensar el déficit de gol que, inevitablemente, le provocará esta nueva versión declinante del delantero donostiarra, al que debemos prepararnos para ver en pequeñas dosis, como las buenas esencias. Y cuando no esté, a resignarnos y a animar a su sustituto. Yo soy de los que apostaría por Raúl García, que es el que más se le puede parecer, pero doctores tiene la Santa Madre Iglesia.

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