«Tengo la conciencia tranquila», afirma Uribe-Echevarría

Alberto Uribe-Echevarría, ante los medios. / Ignacio Pérez

El economista bilbaíno recuerda que los socios han hablado y pide unidad a la masa social rojiblanca: «Rememos todos con Elizegi»

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

El revolcón sufrido por la candidatura de Alberto Uribe-Echevarría se apreció anoche a la entrada de Ibaigane, donde las chapas de Bai Athletic eran mayoría y, en algún momento, se escucharon gritos ahogados de alegría. Sin embargo, la demora de los resultados, y la incertidumbre que acompañó la espera, los apagaban enseguida, si bien tampoco en ningún momento los partidarios del exdirectivo dieron muchas señales de vida. A lo largo de la noche, la noticia de que el excontador de Urrutia y su gente habían perdido por muy poco fue acompañada por la de que la cuenta de Twitter de su campaña se había cerrado. Todo eran rumores que apuntaban mal en su dirección. En una de sus últimas declaraciones a Radio Popular, cuando se le habló de la posibilidad de que saliera derrotado, Uribe-Echevarría contestó que había que esperar y que tenía «la conciencia tranquila» tras haber hecho una campaña que buscaba ser limpia.

Y eso fue exactamente lo que dijo nada más oficializarse los resultados, cuando el candidato derrotado, cuyo equipo había entrado el primero para el recuento de papeletas, compareció en las escalinatas del palacio de Ibaigane, escoltado por todos sus colaboradores, justo después de confirmar que no habría ninguna impugnación. «Estamos bien. Nos hemos presentado para ganar y hemos hecho lo que teníamos que hacer», manifestó. Uribe-Echevarría admitió que el voto estaba dividido, pero agregó que el club no debe estarlo. Y pidió a todos los socios: «Rememos todos con Elizegi. Tenemos que estar con él», apeló a la unidad rojiblanca.

En ese momento, se escucharon entre el público voces de «así se habla. Aúpa Athletic». Fue la última intervención de Uribe-Echevarría antes de retirarse y dejar paso a los seguidores de Elizegi, que prorrumpieron en aplausos y dieron bocinazos en los coches al grito de «¡Aitor, presidente!», como si el entorno de Ibaigane fuera una grada de San Mamés. Y acabó diciendo que si en algún momento cambia, que le avisen. «Tienen mi teléfono».

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