Cultivar la confianza

En la seguridad de los futbolistas influye sentirse valorados, saber que se cuenta con ellos, ya sea de titular o como complementario frecuente

Cultivar la confianza
e. c.
Miguel González San Martín
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN

En el fútbol, como en tantas otras actividades, quien tiene confianza prueba casi cualquier cosa y le acaba saliendo bien. Y quien no la tiene no se atreve a intentarlo. Messi volvió a meter un gol de arquero zen, podría haberse tapado los ojos y el balón habría ido al mismo sitio, con la misma potencia y la misma trayectoria. Su precisión es proverbial, tiene las mejores condiciones técnicas y una gran confianza en sí mismo que se desinfla cuando juega con Argentina (sabe que allí no confían tanto en él).

La confianza aumenta con los resultados. Queda ridículo quien se propone una obra de arte o una gran hazaña sin capacitación ni las fuerzas necesarias para conseguirlo, es más frecuente el caso de quien renuncia a intentarlo por inseguridad o apocamiento, el de quien teniendo condiciones teme tanto pegar mal al balón que le acaba pegando mal.

La confianza se agiganta con los buenos resultados, que a su vez dan más confianza, en una espiral creciente y positiva. A veces se incurre en la espiral inversa, que es paralizante. El ideal sería aprender a cultivar la confianza a balón parado, valga la expresión, ya que estamos hablando de fútbol, es decir, entrenar los pensamientos optimistas sin que éstos se vean tan influidos por lo que piensen los demás ni por los resultados inmediatos.

No había empezado aún la temporada cuando unos aficionados le preguntaron a Unai Núñez por el equipo. Núñez, que parece un hombre modesto y más bien tímido, no dudó ni un instante en la respuesta: «Tenemos un equipazo», dijo. Me acordé de aquella rotundidad mientras el Athletic empataba o perdía partidos por ser inseguro, durante la primera parte de la temporada, incapaz de sostener los resultados favorables y más aún de darle la vuelta al marcador. «Que nos vamos a Segunda», le gritaron a Toto el de Gallarta desde un coche, para buscarle la boca. «Si tiramos todos para abajo, sí», contestó como un rayo. La confianza sube y baja también desde el césped a la grada. Así es si así os parece, somos como los demás nos ven.

El Athletic desde que llegó Garitano se parece más al equipazo de Núñez, los resultados parciales cantan. La confianza llegó a partir de la firmeza defensiva. Es improbable mejorar en todo repentinamente. Garitano apostó por un equipo equilibrado y solidario, juntó las líneas, primó el sistema defensivo.

Ante el Levante el Athletic estuvo tan confiado que pudo pecar por exceso. El partido lo rompió Córdoba. No paró de correr, arriba y abajo, con gran vivacidad, y fue decisivo en los dos pases de gol. Ya se había ido solo hacia la portería tras porfiar en el centro del campo hasta llevarse el balón, siendo placado por su marcador, en esa ocasión Morales. Y enseguida dio un gran pase entre las piernas de un defensa, con la derecha, para el primer gol de Yuri, y abrió hacia atrás después de irse hasta la línea de fondo para el de Williams. En la confianza de los futbolistas influye decisivamente sentirse valorados, saber que se cuenta con ellos con alguna regularidad, ya sea de titular o, al menos, como complementario frecuente.

Yuri Berchiche es un jugador temperamental. Su pelotazo en el gol no fue una ocurrencia sino producto de la seguridad en sí mismo, la misma que en ocasiones nos pone un poco de los nervios temiendo que pueda perder el balón en situaciones comprometidas. Un temperamento que le lleva a mantener la absurda pelea de carneros que le costó una tarjeta amarilla.

Durante la primera parte el Athletic tuvo el partido controlado, por más que el Levante tocara bien el balón. En la segunda se creyó capaz de mantener el resultado con la nueva confianza, probó a ser inexpugnable, pero los jugadores iban perdiendo gas, se aculaban en el área, no les duraba nada el balón, se lo quitaban de encima y llegó el empate. Entonces San José dio un fantástico pase interior, De Marcos la puso atrás y Muniain metió el pie buscando el penalti, que clavó por alto con enorme confianza.