Debut como titular y ante el Madrid, Paredes ya es jugador de Primera División

Jon Rivas
JON RIVAS

Es un trago difícil salir a San Mamés como titular por primera vez con la camiseta del Athletic y que sea contra el Real Madrid. Algo así como tomarse un vaso de bourbon de Kentucky, de esos que, según parece, o así al menos lo reflejan las películas y las series estadounidenses, te ofrecen siempre en los despachos de cualquier ejecutivo y que ellos y sus invitados se beben tan ricamente aunque sean las nueve de la mañana. Ya saben, ese mueble bar con botellas de cristal tallado y vasos de los buenos, de los que no se pueden encontrar en un bazar.

Los tragos mañaneros de las películas no impiden después defender un caso en el que quien se lo ha tomado consigue exonerar a su cliente de todos los cargos de asesinato, así que, digamos, tomarse el trago del debut como titular en San Mamés y contra el Real Madrid, jugando además de central con el riesgo que eso conlleva, convalida varias asignaturas de la carrera de futbolista de Primera División. Si hubiera un título universitario de jugador de élite, Aitor Paredes ya tendría aprobados varios cursos y estaría a un paso de hacer el máster. Siguiendo con símiles espirituosos, y aunque yo no bebo, digamos que, en tiempos en los que la corrección política ni estaba ni se le esperaba, y a veces las costumbres eran terribles, me hubiera imaginado la escena del padre que le da a su hijo adolescente un vaso de brandy peleón, le invita a que se lo beba, y después de los correspondientes carraspeos de alguien poco acostumbrado a un brebaje tan fuerte, el padre le da una palmada en la espalda y sentencia eso tan rancio de: «¿Veis? El chaval ya es todo un hombre».

Digamos que Aitor Paredes pasó, con el rito iniciático de jugar contra el Real Madrid su primer partido en el eje de la defensa, por la sanción a Yeray y la lesión de Iñigo Martínez, a convertirse en jugador de Primera. Ya sé que todavía le quedan muchos hervores para asentarse, pero mostró hechuras de futbolista. Al menos en apariencia, salió tranquilo al campo, toco enseguida sus primeros balones con solvencia, y su primera intervención importante se produjo en el minuto 18, cuando se lanzó al suelo para interceptar un lanzamiento a puerta de Benzema.

Luego, como el resto de los defensores, no detectó la acción de, otra vez Benzema, que dio origen al primer gol del Real Madrid, y es que es muy complicado parar a un balón de oro. Sin embargo, Paredes cumplió con su papel, entre otras cosas porque el Real Madrid tampoco atacó demasiado después del tanto. Con veteranía y oficio, decidió resguardarse atrás e intentar contras que no salieron, entre otras cosas, porque la velocidad de Vinicius se diluyó entre sus salidas de tono y sus simulaciones. Es un jugador crispado, y ante futbolistas así, lo mejor es mantener la calma, que es lo que hizo Paredes durante casi todo el partido, bien respaldado, además, por Vivian, su compañero de línea, que también pasó no hace demasiado por el rito iniciático de jugar sus primeros minutos en San Mamés.

Seguro que Paredes acabó frustrado por la derrota, como todos sus compañeros y la mayoría de los 49.316 espectadores en San Mamés, el récord de asistencia desde su inauguración, pero esos son los gajes del oficio que tendrá que afrontar a partir de ahora en su carrera.

En fin: esperemos que esta no sea la última, que vengan muchos más porque las cualidades del chaval le sigan manteniendo en la élite. De todas formas, tampoco tiene que resultar tan desagradable jugar con tu equipo de toda la vida, ser protagonista con la camiseta del Athletic. Entre un rito iniciático y otro, prefiero este de jugar 90 minutos en San Mamés, algo con lo que todos hemos soñado alguna vez, al de tomarte la copa de brandy delante de tu padre a otros que se dan en otras culturas, de esas que se pueden ver en los documentales de La 2, como el de esas tribus en las que los jóvenes se tiran de la copa de un árbol con una liana atada al tobillo.