Un derecho a decidir: ser del Athletic

La decisión del club de envolverse en la bandera del soberanismo rompe (o no tanto) una tradición de no pronunciarse en público sobre asuntos políticos

Gure Esku Dago celebró una cadena humana el domingo./
Gure Esku Dago celebró una cadena humana el domingo.
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

El Athletic ha mantenido una histórica aversión a manifestarse públicamente sobre asuntos con implicaciones políticas. A un club de fútbol, por muy centenario que sea y muy arraigado que esté en un pueblo, no le corresponde protagonismo alguno en cuestiones propias del debate partidista. No solo por respeto a la pluralidad de sentimientos de su masa social, en la que conviven personas con ideologías contrapuestas, sino porque ni ese es su terreno de juego ni tiene sentido que se involucre en materias absolutamente ajenas a las funciones de una entidad deportiva.

Esa tradición le ha empujado a extremos que, llevados al límite, pueden resultar harto discutibles. Por ejemplo, a eludir hasta donde ha podido -y ha podido mucho- el más mínimo gesto o cualquier tipo de compromiso en asuntos en los que el más elemental sentido de la ética debería imponerse a cualquier otro tipo de consideración. Sin ir más lejos, el terrorismo.

Ahora que ETA pertenece al pasado, no estaría de más reflexionar sobre hasta qué punto habría contribuido a reforzar la concienciación social contra la violencia algo tan natural como haber guardado un minuto de silencio en San Mamés tras cada atentado. O que los jugadores hubieran portado brazaletes negros en señal de duelo. Nada de eso ocurrió ni siquiera en los más duros años de plomo ni tras los crímenes que generaron mayor convulsión social. La excusa: el Athletic no quería mezclar deporte y política para no «dividir» a su afición. Dividir significaba que quedara en evidencia una minoría de la hinchada que asumía con naturalidad el tiro en la nuca o el coche bomba.

Con una excepción: un fugaz minuto de silencio durante el mandato de Fernando García Macua, y por iniciativa de la Liga de Fútbol Profesional, en recuerdo de Isaías Carrasco. El concejal socialista, que llevaba una bandera del Athletic en su vehículo cuando fue asesinado, mereció ¡¡¡ocho segundos!!! de recuerdo en el estadio de sus amores y en medio de las protestas de un grupo de radicales. Sí hubo minuto de silencio, en cambio, en San Mamés por el asesinato del exjefe de ETA 'Argala' a manos del Batallón Vasco-Español en diciembre de 1978. Y un día después de que los GAL mataran a tiros al exdirigente de Herri Batasuna Santi Brouard, el equipo rojiblanco y la Real Sociedad saltaron al césped de 'la Catedral' portando una ikurriña con crespón negro.

Por todo ello resulta tan sorprendente -o no tanto, según se mire- que el Athletic rompiera de forma tan estruendosa su tradición y se uniera el domingo a lo que denominó «la reivindicación social del derecho a decidir». El club vasco de élite más reacio a pronunciarse sobre cualquier aspecto fue el único que se sumó a través de las redes sociales a la cadena humana organizada por Gure Esku Dago. Se envolvió así en la bandera del soberanismo. Una demanda legítima, sin duda, aunque no solo discutible, sino muy minoritaria según todas las encuestas -incluidas las del Gobierno vasco- y en la que no se sabe muy bién qué pinta la entidad rojiblanca.

¿Acaso desean sus directivos hacer méritos ante algún partido? ¿O han decidido dar un bandazo y entrar de lleno en el debate político como si fuera su terreno natural? Ya puestos, ¿qué opina Ibaigane sobre los serios indicios de fraude en la OPE de Osakidetza? ¿Cree que debería dimitir por ello algún alto cargo del Gobierno vasco? ¿La reforma de la RGI le parece corta o va demasiado lejos? ¿Considera que hizo bien el PNV al aprobar los Presupuestos del PP primero y derribar a Rajoy después en la moción de censura de Pedro Sánchez? ¿Apoya a algún candidato distinto a Andoni Ortuzar de cara a la próxima elección del EBB? Por cierto, ¿no será que el EBB respalda a alguien distinto a Josu Urrutia para seguir al frente de la nave del Athletic?

Puestos a copiar al Barça, la politización no parece que sea lo más envidiable del club azulgrana. Una de las fortalezas clásicas del Athletic ha sido su condición de punto de encuentro. Un equipo en el que caben todos al margen de las creencias políticas o religiosas, el lugar de nacimiento o de residencia -veánse las múltiples peñas distribuidas por todo el país-, la extracción social o cualquier otra consideración. Un club plural. Transversal. Con una filosofía y unos valores que le han valido la admiración de miles y miles de aficionados en el resto de España y repartidos por todo el mundo. Y que ya han ejercido el derecho a decidir que de verdad les importa: ser del Athletic. El otro es preferible dejarlo para los partidos. Es su campo. El del Athletic solo debería ser el deporte.

 

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