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Despedidas soñadas en San Mamés: marcan Raúl y Muniain y se retiran ovacionados

Despedidas soñadas en San Mamés: marcan Raúl y Muniain y se retiran ovacionados

San Mamés se ha puesto en pie para despedir al capitán, que se ha ido tras abrazar a sus compañeros

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Domingo, 19 de mayo 2024

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Hay que reconocer que las últimas despedidas sonoras en el Athletic le están saliendo bien al equipo rojiblanco. Será porque Ernesto Valverde trae suerte en este tipo de cosas. Uno, que ya tiene sus años, recuerda cuando Rafa Alkorta, una gloria del club, jugó su último partido vestido con la camiseta zurigorri y que no pudo recibir el reconocimiento de la grada porque fue expulsado. Más recientemente con Valverde, en su anterior época ocupando el banquillo bilbaíno, Iraola también se fue en olor de multitudes –buen olor en este caso–, con una victoria que certificaba la clasificación europea ante el Villarreal y también, como en el caso de Iker Muniain y Raúl García, marcando un gol. Recuerden que el Athletic tuvo un penalti para adelantarse, Aduriz le quiso dar la pelota a Andoni para que lo lanzara y el capitán declinó la invitación. Poco después tuvo premio y marcó el segundo.

Es el guion soñado para un futbolista que se va de su equipo. Nadie lo podría haber escrito mejor: una victoria cómoda, dos goles marcados por los futbolistas que se despiden y como colofón la sorpresa, que a la vista de los acontecimientos no lo es tanto, de la renovación de Óscar de Marcos. El hecho de que no hubiera ninguna noticia en relación a su firma o a su despedida hacía suponer que lo primero estaba más cerca de lo segundo y así ha sido. La afición lo ha celebrado, como ha hecho con tantas cosas esta temporada, que si no perfecta, la habría firmado cualquiera después del partido frente al Real Madrid que abrió el campeonato liguero y que trajo nubarrones sobre San Mamés.

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Recordemos aquel encuentro y que el optimismo que podía haber antes de ver jugar al Athletic se esfumó más rápido que el enfado por la forma de celebrar de Bellingham aquel primer gol en el estreno. Pero miren por dónde, eso de que la primera impresión es la que cuenta, que se tomó como eslogan de un anuncio publicitario pero en realidad era una frase de Oscar Wilde, no se cumplió y el pesimismo de la temporada fue dando paso a un moderado optimismo según pasaban las jornadas, el optimismo se convirtió en un amago de euforia, que de vez en cuando se apagaba un poco porque las temporadas futbolísticas tienden a ser largas y casi nunca son perfectas, y se encendía de manera intermitente con los resultados que en general eran buenos.

Por supuesto, el amago de euforia dio paso a la euforia total en Sevilla, a eso de la una de la madrugada del 7 de abril después de la incertidumbre durante muchos minutos en las últimas horas del día 6. Luego vino la gabarra, las celebraciones del famoso Athletic, el famoso Athletic Club, y las despedidas después del partido contra el Sevilla que tuvieron un color especial porque no hay mejor manera de despedir a alguien que en una situación como la que atraviesan el club y el equipo, y no por la puerta de atrás como ha sucedido muchas veces. Para recordar toda la vida, como dijo Iker Munian un poco más sereno, minutos después de que finalizara el partido.

Los seguidores del Athletic siguen en estado de felicidad permanente desde que regresaron de la Cartuja, algunos físicamente, otros de formas virtual, porque todos estuvieron allí, así que cada festejo, cada despedida, se celebra de una manera especial. Los mayores ya conocían como se hacía y lo que se siente; los más jóvenes lo han aprendido rápidamente, tan solo con asomarse a la Ría en aquel día que quedará en la memoria.

San Mamés cerró el domingo, a eso de las nueve de la noche, para el Athletic, aunque todavía quede por disputarse la final de la Champions femenina, pero eso es cosa de la UEFA y posiblemente sea la temporada más feliz de las que se han disputado en el campo nuevo, tal vez porque ahora está allí, a unos pasos, la estatua de José Ángel Iribar, vigilando lo que sucede. Yo, personalmente, seguiré cumpliendo el año próximo mi ritual de pasar junto a ella y tocar la bota izquierda con mi mano derecha. No es por presumir, pero es mano de santo.

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