Aduriz lanza el txupinazo

Aduriz lanza el txupinazo
FERNANDO GÓMEZ | LUIS ÁNGEL GÓMEZ| EFE

El Athletic gana al Barça con un excepcional gol de chilena del delantero rojiblanco nada más saltar al campo en el minuto 87

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Fue algo irreal. Como una ficción soñada. El público de San Mamés aplaudía y coreaba el nombre de Aduriz, que acababa de saltar al campo. No es que esperasen mucho de él, la verdad. Nadie podía hacerlo. Era el minuto 85 y el partido de los rojiblancos estaba para defender el 0-0. La salida al campo del donostiarra era, realmente, casi anecdótica. El Athletic, de hecho, apenas se había acercado a la portería de Ter Stegen en toda la segunda parte. Y entonces sucedió. Capa prosperó por su banda y centró al área. Aduriz vio llegar el balón, ajustó su posición y dibujó una chilena excepcional. Fue un gol formidable, de los que quedan para la historia. Ya pueden pensar en hacer un póster. Sólo con él, el delantero rojiblanco ya ha justificado de sobra esta temporada que muchos llegamos a pensar que podía sobrarle.

Todo lo que ocurrió hasta ese gol mágico, que vino a ser como el txupinazo adelantado de la Aste Nagusia, no merece mucho la pena contarlo, pero hay que hacerlo. La puesta en escena del Athletic fue la anunciada: un ritmo muy alto de presión, ese tipo de frenesí que en San Mamés anuncia a los rivales que la vida va ser muy dura durante hora y media. Los pupilos de Garitano se pusieron a la faena con mucha fe y el Barça no tardó nada en sentirse molesto. Lo cierto es que tampoco necesitaba demasiado el equipo de Valverde para estar a disgusto. Sin chispa, ausente Messi, probando las costuras de un centro del campo joven y experimental formado por Aleña, De Jong y Sergi Roberto, los azulgranas se dedicaron básicamente a mantener el tipo durante un buen rato. Al cuarto de hora, después de que Williams, que ya lo había intentado desde fuera del área en el minuto 7, no acertara en una llegada muy clara ante Ter Stegen, aumentaron sus revoluciones. Eran conscientes de que así no iban a ningún lado. O mejor dicho: de que tenían muchas posibilidades de irse por el desagüe.

1 Athletic

Unai Simón, Capa, Unai Núñez, Yeray, Yuri; Dani García, Unai López (Beñat, m.80); De Marcos (Sancet, m.66), Raúl García, Muniain; y Williams (Aduriz, m.88).

0 Barcelona

Ter Stegen; Semedo, Piqué, Lenglet, Alba; Sergi Roberto (Carles Pérez, m.76), De Jong, Aleñá (Rakitic, m.46); Dembélé, Luis Suárez (Rafinha, m.37) y Griezmann.

Goles:
1-0, m.89: Aduriz.
Árbitro:
Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Mostró tarjeta amarilla al local Unai Núñez (m.64), y al visitante Piqué (m.60).

El partido se igualó y pasó a ser un pulso bastante monocorde y aburrido. El Athletic se mantenía con el ceño fruncido, muy aplicado en todas sus líneas, tapando bien las bandas de forma que Griezmann y Dembélé pasaran desapercibidos. Por delante de una defensa bien plantada, con Unai Núñez bien aseado con la pelota, Unai López intentaba dar criterio a un juego que no dejaba de buscar a Williams, al que ya se puede calificar como el jugador franquicia del club tras el superpedazo contrato que ha firmado. El Barça, por su parte, continuaba a lo suyo, aguantando el pulso de los rojiblancos y esperando su oportunidad.

Siempre se espera más de este equipo, pero la realidad es que hace tiempo que dejó de ser lo que fue. No se trata de que no sea competitivo sino de que se ha hecho terrenal, uno más entre los grandes. Y esto se ha visto muy bien durante los últimos años en el observatorio de San Mamés, frente al Athletic, el equipo que más sufrió en sus carnes a ese Barça apabullante del que este viernes, sin Messi y con Busquets en el banquillo, no había manera de reconocer. Sólo Piqué podía considerarse un rescoldo de aquella grandeza.

La igualdad en el juego, pese a todo, era ventajosa para el Barça, con más calidad para desatascar el partido en alguna acción individual o en alguna jugada fortuita. Por ejemplo, el regalo que Unai López le hizo a Suárez a la media hora y terminó con un chutazo del uruguayo al poste. O el zurdazo al larguero de Rafinha en el minuto 44. Unai Simón salvó el 0-1 con las yemas de los dedos. Estas dos jugadas tenían una lectura reveladora. En cierto modo, el plan inicial del equipo de Garitano se estaba resquebrajando poco a poco. Necesitaba más dominio, más recuperaciones en campo rival para tener opciones de gol. Y no era capaz de lograrlo. Demasiadas imprecisiones.

Como en Moby Dick

Hasta el descanso, el Athletic sólo logró fabricar otra buena llegada. Fue en el minuto 36, tras un abordaje de Capa por su banda. Protagonista al final en el gol de la victoria, el portugalujo es un futbolista con espíritu de aventura y cada cierto tiempo necesita salir en busca de ellas, como Ismael, el personaje de Moby Dick, necesitaba de vez en cuando embarcarse y ver la parte acuática del mundo. La pena fue que su pase atrás le llegara en una posición forzada a Raúl García. Ter Stegen lo atajó sin despeinarse. Nadie lo hubiera dicho en ese momento, pero lo cierto es que el portero alemán ya apenas iba a tener trabajo en el partido. El Athletic perdió fuelle muy rápido, algo que no estaba en los pronósticos. El caso es que, desde el arranque de la segunda parte, ya dejó claro que lo suyo iba a ser un largo y pedregoso ejercicio de resistencia.

Se trataba de aguantar a un Barça que no estaba para echar cohetes pero seguía siendo un hueso. La entrada de Rakitic en lugar de Aleña y las ganas de reivindicarse de Rafinha, que había salido en la primera parte en lugar del lesionado Suárez, mejoraron algo al Barça. Ahora bien, no lo suficiente. Su dominio acabó siendo cansino e intrascendente. Un remate de Rafinha, un cabezazo de Rakitic, otro de Griezmann... Muy poca cosa para tanta estrella. La baja de Messi se sentía hasta en las antípodas. El partido se fue encaminando para el 0-0, que ya era visto como una conquista de los rojiblancos. Hasta que apareció Aritz Aduriz, marcó su gol y ya sólo pudo hablarse de él.

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