Dolor de cabeza

Partido de futbol ente el Athletic de Bilbao y el Espanyol, Aduriz observa a Naldo./Fernando Gómez
Partido de futbol ente el Athletic de Bilbao y el Espanyol, Aduriz observa a Naldo. / Fernando Gómez
JUAN CARLOS LATXAGA

A veces en una pequeña frase se resume todo un tratado. Confesaba el lunes pasado Naldo, el central brasileño del Espanyol, que acabó el partido contra el Athletic en San Mamés «con la cabeza hinchada» de tanto despejar balones en su área. Cincuenta centros enviaron los jugadores del Athletic en aquel choque, aunque solo once encontraron rematador. Afortunadamente, uno de ellos tomó el camino hacia la red gracias a la intermediación de la cabeza de Raúl García.

Poner casi un centro cada dos minutos dice mucho del estilo de juego de un equipo. Obtener tan paupérrima renta describe sus carencias, enormes en lo que se refiere a la precisión con la pelota. Vamos, que aquella impericia de la que se quejaba Bielsa sigue siendo una de las características que definen a los futbolistas rojiblancos.

Está muy bien que el Athletic siga manteniendo sus señas de identidad en el juego. Que se note de dónde venimos y todo lo que aprendimos de los ingleses. Aquí siempre hemos sido más partidarios del 'kick and rush' que del 'passing game'. Un equipo debe ser siempre reconocible en la fidelidad a su historia.

Patear le pelota y correr. Vértigo, velocidad y búsqueda del camino más corto hacia el gol. Apertura a la banda, centro y remate. San Mamés siempre se enciende cuando ve a su equipo empleando las viejas armas. Pregunta a cualquier socio veterano y te dirá que al fútbol se ha jugado toda la vida por los extremos.

Claro que el socio veterano ha visto jugar -y centrar- a Argote y a Rojo; a Gainza y a Iriondo si hace mucho tiempo que le dieron la insignia de oro por los cincuenta años de carnet.

Resulta desesperante para el aficionado y sin duda tiene que ser descorazonador para el futbolista, observar este enorme desperdicio de balones francos en cada partido. Y es realmente dañino para el Athletic que todos sus esfuerzos caigan en saco roto en el último instante por la repetición de errores o decisiones equivocadas, provocadas casi siempre por la desconfianza que generan las limitaciones técnicas.

En muchos partidos uno no sabe si admirar el derroche de entrega y sacrificio de los jugadores, o compadecerles por tanto trabajo en vano, desperdiciado en el último momento por un pase que parece dado con una bota de madera.

Es verdad que la calidad y el talento vienen de fábrica y que lo que natura no da Lezama no presta; que zurdas como la de Argote entran pocas en la docena. Pero no parece mucho pedir a futbolistas del nivel de los que visten hoy en día la camiseta rojiblanca unos mínimos de precisión a la hora de manejar su herramienta de trabajo, que no es otra que la pelota.

¡Y qué decir del balón parado! Hubo un tiempo en el que cuando el Athletic forzaba un córner, San Mamés lo celebraba como medio gol. Ahora, en la grada se cruzan apuestas sobre si el balón llegará al primer palo o volará tres metros por encima de las cabezas de los jugadores.

Hace unos años alguien encontró la descripción perfecta para definir los centros de los jugadores del Athletic en una sola palabra: pedrada. Y ahí seguimos, tratando de derribar las murallas rivales a pedradas. Cincuenta lanzaron en el último partido con el resultado conocido por todos: un gol y el central del equipo rival con la cabeza como un boxeador sonado.