Cuando los rivales echan una mano

Jugadores del Athletic aplauden a San Mamés después de empatar a uno el derbi contra el Alavés./Manu Cecilio
Jugadores del Athletic aplauden a San Mamés después de empatar a uno el derbi contra el Alavés. / Manu Cecilio

Las derrotas de Getafe, Sevilla y Valencia le permiten al Athletic volver a aspirar a todo

Robert Basic
ROBERT BASIC

Pocas veces las palabras de un entrenador resultaron tan premonitorias como las que pronunció Gaizka Garitano nada más terminar el derbi del sábado con el Alavés. «Mañana valoraremos este empate». El Athletic había perdido una magnífica oportunidad de sellar su presencia en las competiciones continentales en un derbi decepcionante, pero el técnico rojiblanco quiso ver el lado bueno de la vida. «Valoro la reacción del equipo en la segunda parte y también el hecho de que mantenemos la distancia, dijo. Entonces no sabía que la jornada iba a ser una caja de bombones envuelta en el papel de regalo que endulza la Liga a los bilbaínos y les convierte una vez más en aspirantes a todo.

El Athletic decepcionó contra el Alavés y perdió la ocasión de abrir una brecha insalvable con sus más inmediatos perseguidores. De haber ganado, los rojiblancos hubieran dejado a seis puntos más el average a los vitorianos -en el peor de los casos al Betis y al Espanyol también- y a ocho a la Real Sociedad. Es decir, la séptima plaza era suya y solo había que preocuparse de pelear con el Valencia por algo más. Los ánimos no eran los mejores a la conclusión del derbi y quien más quien menos daba por imposible aspirar a algo más que la actual posición. Pero la jornada de ayer dio una tremenda alegría a los hombres de Garitano, quienes asistieron encantados a una sucesión de resultados favorables.

¿Quién podía pensar que el Valencia iba a fallar en Mestalla contra el Eibar? ¿Que el Sevilla no iba a sacar algo de Montilivi y que el Getafe no aprovecharía la ocasión de puntuar ante una Real que no se juega absolutamente nada y que afianzaría su dulce locura en la zona Champions? Nadie, o muy pocos. Pero el fútbol demostró una vez más su grandeza y desafió la lógica. «Se está quedando un domingo espectacular», escribió Ibai Gómez en las redes sociales. No le faltaba razón. Por la mañana perdieron los chés, luego cayeron los hispalenses y unas horas después los gladiadores de Bordalás mordieron polvo en Anoeta. Un desenlace increíble que permite a los bilbaínos ilusionarse de nuevo con una Europa sin previas.

Los daños podían haber sido irreparables si los favoritos hubieran cumplido con las expectativas. El Valencia estaría con un colchón de cinco más el average y tanto el Sevilla como el Getafe hubieran entrado en otra dimensión con 58 puntos cada uno, inalcanzables para los vizcaínos. Pero la realidad es otra y, pese al mal fútbol y la falta de ideas, sobre todo en el ataque, los marcadores de ayer refuerzan al Athletic en su sprint final hacia Europa. A falta de tres jornadas todo es posible: la sexta plaza está a dos puntos y la Champions a cinco. No es fácil, pero ha dejado de ser imposible porque los rivales directos han echado una mano a los bilbaínos.

Acceso más 'barato' a Europa

Solo quedan tres partidos para que la Liga baje el telón y se despida hasta agosto. Todo indica que el acceso a las competiciones continentales será algo más 'barato' que en los años anteriores, cuando la Champions pedía números importantes y la Europa League -para ser exactos la sexta posición- exigía rozar los 60 puntos. De hecho, es casi su media de la última década (59,3), mientras que el promedio del cuarto puesto se sitúa en 67. Ahora no será necesario sumar tanto, pero todo dependerá del rendimiento final de un reducido grupo de equipos, entre ellos el Athletic, que persigue su acomodo en la zona noble de la tabla. Si los rojiblancos ganaran todo lo que les queda -Valladolid, Celta y Sevilla- tendrían casi seguro un verano tranquilo y sin previas. Todo lo que sea cerrar la competición con menos de seis puntos de los nueve en juego conduciría en principio a la séptima posición, siempre y cuando no se produzca un desplome que pusiera incluso en peligro esta posibilidad.

El caso es que los rojiblancos pasaron de una cierta decepción a una renovación anímica inmediata. Ven que el Valencia encadena dos derrotas seguidas, que el Sevilla ha perdido dos de los últimos tres partidos y que al Getafe se le está haciendo larga la Liga. Bordalás vio ayer la roja por sus protestas al árbitro. Los nervios están a flor de piel, pero el Athletic viene de donde viene y sabe que ahora no le puede temblar el pulso.