Ernesto Valverde, en Lezama durante su última etapa en el Athletic. / manu cecilio

Un aro salvavidas llamado Valverde

Resulta curioso que los dos candidatos con los proyectos más antagónicos coincidan en la figura del entrenador

Juan Carlos Latxaga
JUAN CARLOS LATXAGA

En el Athletic ya existen antecedentes de candidatos coincidiendo en el entrenador, aunque para ser más exactos habría que decir que existe un antecedente y medio. En 2004 Fernando Lamikiz, Juan Pedro Guzmán y José Alberto Pradera estuvieron de acuerdo en que Ernesto Valverde, que cumplía su primera etapa en el Athletic, continuara en el cargo. En 2007 Juan Carlos Ercoreca y Fernando García Macua eligieron a Caparrós. Pero aquello no tiene nada que ver con lo de ahora. Entonces el Athletic acababa de salvar el pellejo en el último partido, con Mané en el banquillo, Ana Urquijo en la presidencia sustituyendo al dimitido Fernando Lamikiz y con el club en estado de alarma. Caparrós fue el entrenador de consenso de los dos favoritos pero en aquellas elecciones no todo el mundo tuvo tan claro que el técnico debía estar fuera del debate. Javier González, el tercero en discordia, se presentó con Vicente Del Bosque.

Barkala y Uriarte han anunciado, prácticamente al mismo tiempo, que han elegido a Ernesto Valverde como entrenador si ganan las elecciones. Pero esto no tiene nada que ver con el consenso. Valverde es el flotador al que se han aferrado ambos candidatos cuando el agua les estaba llegando por el cuello, o algo más en el caso de Uriarte después del asunto de su director deportivo. Es curioso que los dos candidatos más alejados, epítome del debate entre los viejos modos y la modernidad que plantean algunos, coincidan en la figura del entrenador.

Si nos atenemos a sus declaraciones previas y a las ideas que iban desgranando aunque fuera con cuentagotas, Ernesto Valverde no era el primer entrenador en la lista de preferencias de Barkala y Uriarte; según explicó ayer mismo el propio entrenador, tampoco era su intención participar en la liza electoral. La apuesta del primero era Pochettino, pero el asunto se fue complicando a medida que la resolución de su contrato con el PSG se ha ido demorando hasta hacer imposible anunciarlo como futurible del Athletic antes de las elecciones. Barkala ha encontrado a última hora un nombre lo suficientemente sonoro como para enfrentarlo a Bielsa. Que su primera opción, Pochettino, tenga poco que ver con el estilo, la forma de ver el fútbol o las ideas de Valverde, es lo de menos. Estamos en elecciones y aquí vale todo.

Si algo bueno va a quedar de estas elecciones es que gane quien gane, el Athletic tendrá un gran entrenador

Que Valverde sea también el entrenador elegido por Jon Uriarte tiene más miga. La candidatura de la modernidad, la que anunciaba un entrenador con fútbol rock and roll, joven y con ideas novedosas, la que asegura que no son tiempos para segundas etapas… se queda con Valverde, quien a sus 58 años abriría no una segunda, sino su tercera etapa en el Athletic.

La candidatura del proyecto para poner al Athletic en el siglo XXI ha venido sosteniendo desde que se presentó una idea de organización del trabajo según la cual toda la estructura deportiva descansaba en la persona de su director, que sería el encargado de elegir al entrenador del primer equipo según su criterio profesional. Un CEO que trabajaría pensando en el largo plazo, por encima del corto plazo al que siempre está condenado un entrenador, en palabras de Xabi Álvarez, el colaborador de Uriarte que el martes se encargó de la presentación de Carlos Aviña.

En resumen, una buena idea en teoría, arruinada en la práctica por los acontecimientos. Cabe preguntarse ahora si fue Carlos Aviña quien eligió a Valverde o si el joven entrenador rock and roll era otro con menos 'marca comercial' que Ernesto para enfrentarse a Bielsa. La sensación de improvisación y oportunismo vuelve a ser inevitable en torno a una candidatura que llega a las elecciones con un entrenador de última hora y sin un referente para Lezama.

Las cartas están encima de la mesa y ahora solo queda por saber cómo va a funcionar el aro salvavidas de Valverde, esto es, cómo se va a repartir el voto entre tres candidaturas que presentan dos entrenadores. La masa social rojiblanca está ante una gran responsabilidad y la elección no es fácil; requiere una reflexión profunda, lo más alejada posible de la visceralidad lo que, a estas alturas, hay que admitir que suena bastante utópico. Si algo bueno va a quedar de estas elecciones es que, gane quien gane, el Athletic tendrá un gran entrenador. Por cierto, ¿a quién votará Valverde?