Jon Uriarte en el momento de su presentación. / IGNACIO PÉREZ

El Athletic espera propuestas creíbles

Las elecciones se presentan más igualadas que nunca, con tres candidaturas serias

Juan Carlos Latxaga
JUAN CARLOS LATXAGA

Cumplido el trámite de la proclamación oficial de los tres candidatos a la presidencia del Athletic, empieza ahora el proceso electoral propiamente dicho. La recogida de avales ha sido como la fase de grupos de las competiciones europeas; te puedes llevar un susto pero no es probable que sea irremediable si haces lo que debes y mantienes la necesaria diligencia, porque el calendario te concede cierto margen para corregir algún error. Que se lo digan a Jon Uriarte, que a falta de tres días para cumplirse el plazo estaba lejos de la cifra mínima y en apenas dos días triplicó la altura del listón.

Las elecciones se presentan más igualadas que nunca, con tres candidaturas serias que acumulan suficiente materia gris para gestionar el Athletic con solvencia. En esta ocasión la novedad radica en que no hay un tercero anecdótico que solo aspira a desequilibrar el duelo entre los otros dos, porque los tres están en igualdad de condiciones al margen del número de avales que haya conseguido cada uno.

Esa igualdad de fuerzas y la calidad de las candidaturas deberían ser una buena noticia para el club. Los tres aspirantes están obligados a esmerarse en afinar sus propuestas si quieren ganarse la credibilidad ante la masa social. Esta vez la máquina de humo está guardada en el armario y no parece que nadie esté pensando en usarla.

En elecciones la discusión se parcela en tres grandes campos: el deportivo, el económico y el social. El Athletic espera ahora propuestas creíbles y factibles. Análisis ponderados a partir de datos objetivos y propuestas de solución para los puntos débiles. El club no está en la ruina, Lezama no es un erial y la plantilla del primer equipo masculino es razonablemente competitiva, aunque preocupa la desbandada en el femenino. Todo es mejorable, claro, y se supone que a eso vienen los tres aspirantes, a tratar de hacer un Athletic mejor en todos los sentidos.

Las elecciones le hacen más mal que bien al Athletic, fomentan el guerra civilismo más dañino

Oiremos hablar del déficit estructural, de la necesidad de optimizar los ingresos y de lo importante que sería que el club pudiera sacar algún dinero de los jugadores que descarta. Todo eso que se suele decir cuando las urnas aparecen en el horizonte y queda como un eco que se va alejando hasta que vuelve a sonar con fuerza cuatro años después.

Seamos sinceros. Lo que al socio le interesa de verdad es que el Athletic gane partidos mientras el club sigue su camino sin sobresaltos, como ha ocurrido durante la inmensa mayoría de sus 124 años. Por eso, en estas elecciones, como en todas las demás, los nombres de los responsables de la parcela deportiva serán más decisivos que los de los gestores. El palmarés del entrenador pesa más que el currículo y los másteres de los directivos. Que eso sea bueno o malo es otra discusión. Lo ideal sería que todo el mundo tuviera muy claro que el próximo 24 se elige presidente y junta directiva, no entrenador y coordinador de Lezama. Pero esto es fútbol y quien no sepa atenerse a esa realidad está perdido.

Lo que sí cabe esperar de los candidatos y, sobre todo, de sus adláteres, es que no embarren la campaña. Si las patas económica y deportiva admiten discusión, la pata social ya está lo suficientemente quebrantada como para seguir incidiendo en errores pasados. Es muy triste tener que admitirlo, pero las elecciones le hacen más mal que bien al Athletic, porque fomentan el guerra civilismo más dañino. Los socios rojiblancos son de los pocos que todavía disfrutan del inmenso privilegio de poder elegir a los dirigentes del club. Pero desde hace demasiado tiempo ese privilegio acaba convertido en un lastre. La mejor noticia de estas elecciones sería que el día 25 el club despertara con una masa social unida en torno a un presidente. Juntos somos más fuertes.