¡No es el banquillo, es el césped!

XABIER AIERDI

El Athletic tiene tres problemas. Muy gordos, por cierto: suspende en filosofía y también en matemáticas. En letras y en exactas. Un auténtico desastre. No tiene masa crítica deportiva para lo que la afición ansía calladamente y no explicita, que consiste en estar en la crème de la crème de las competiciones caseras y europeas. Y no tiene masa monetaria ni tan siquiera para afrontar ese déficit de calidad inherente a la filosofía. Esta temporada ha acabado donde más o menos le corresponde. Y así será. Y si así queremos que sea, que así sea. No hay discusión posible. ¡Qué fácil sería si el problema fuera Ibiza!

Pero como ya ha habido algún opinador que nos ha recomendado que nos hagamos del Barça si no nos gusta lo que hay, pues aquí estoy, ¿antes de ir al exilio? En el Athletic no hay derecho a decidir.

Bueno, pues a mí no me gustan varias cosas de las que hay: la primera, que se repitan banalidades del tipo «vamos a mejorar el rendimiento de Lezama» o «vamos a mejorar la gestión económica». No son posibles ni uno ni lo otro. La filosofía no se sostiene. Además, no puede haber economía para esta filosofía. Hay varios futbolistas que ganan muchos miles de euros netos al día, alguna que otra decena. Espero que los postulantes a presidir el Athletic lleven su economía familiar y empresarial mejor y con más realismo que en el Athletic. Desde luego, si aplican los mismos criterios que en el club, van directamente a la bancarrota. Yo, por avisar.

Empecemos por Lezama. Lezama saca muchos jugadores, pero más de segunda o de segunda B que de primera. Es decir, saca lo que hay, lo que se puede. No hay más que advertir en qué equipos recalan los que no entran en la plantilla del Athletic o los que se van de ella. Es la prueba del algodón. ¿Eso significa que Lezama funcione mal? Todo lo contrario, funciona de maravilla, con parámetros acertados incluso cambiando cada cuatro años todo el plantel. No se puede exprimir más. Hay no obstante un problemilla: que de ser un jugador standard de segunda a ser un jugador solvente de primera hay un salto cuántico tan enorme que difícilmente puede darse, salvo en contadísimas ocasiones. De hecho, no se da. Y cada vez se dará con menor frecuencia. ¿Que pueda haber una hornada mejor? Claro, de maravilla, pero la probabilidad mengua.

Segunda cosa que no me gusta: que cuando haría falta una gobernación de concentración haya tres candidaturas, muy similares en los análisis, y queriendo traernos unos entrenadores que no hacen sino agravar la situación de la matemática y que no resuelven nada, porque el problema no está en el banquillo. Yo, por querer, quiero a Iraola, pero de presidente. De entrenador, lo macharíamos en pocos meses.

Por ello, nos vendría mejor un gobierno de coalición que catalogue los problemas del Athletic, los estudie, abra un proceso constituyente, canalice debates, incorpore a la masa social al debate, y pase a votación las propuestas. Decidimos y punto. Ya tenemos plan estratégico para un par de décadas. Más democrático, más realista y saber dónde estamos. Desde luego, cada uno por su lado genera cacofonía y poca claridad, porque no pensarán los candidatos que los anteriores rectores anteriores del club sean analfabetos funcionales.

No hay dos sin tres: tercer problema. Hay una cierta cobardía institucional para afrontar con seriedad todo lo que tenemos entre manos. Y como lo de la concentración no va a servir, pues desearle suerte al presidente ganador, que haya suerte y que nos vaya más bonito. Antes de acabar, el problema no está en el banquillo, sino en el césped. Ah, y en las matemáticas. Para la elección anterior escribí un artículo que sucintamente decía lo mismo, y lo titulaba ¿Ocasión malograda? Sí, para lo fundamental. El problema sigue estando en el césped. Y en caja. Reaccionemos para que de victoria en victoria no lleguemos a la derrota total. ¡Inteligencia y suerte!