El técnico argentino, mucho más delgado, explicó en un vídeo el seguimiento a los jugadores. / I. Iturgaiz

El volcán en erupción

Bielsa hace una disección apabullante del Athletic y demuestra que está muy ilusionado con su posible regreso

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Esta vez, a diferencia de lo ocurrido hace once años, el público y los periodistas que acudimos a la presentación de Marcelo Bielsa, en este caso como entrenador de la candidatura de Iñaki Arechabaleta a la presidencia del Athletic, estábamos preparados. Preparados, se entiende, para volver a escuchar al técnico de Rosario con la atención, la curiosidad y el asombro inevitable que producen los personajes únicos. Y el 'Loco' no defraudó. Todo lo contrario. Mucho más delgado, por supuesto más viejo y seguramente más sabio, Marcelo Bielsa se hizo presente en un vídeo de más de una hora en el que no solo volvió a demostrar un conocimiento de la plantilla del Athletic tan espectacular como el que mostró en 2011, sino que lo superó de largo.

Con los análisis exhaustivos que realizan el técnico argentino y sus colaboradores, a quienes uno imagina viendo vídeos y tomando notas de sol a sol, cruzando los dedos para que la corriente eléctrica no se caiga de repente en Máximo Paz, sucede algo curioso. No solo provocan admiración, sino también una cierta incredulidad por el grado superlativo de detallismo. Que Bielsa asegurase ayer que él y su equipo han visto los 45 partidos del Athletic, todos los del filial, cuatro del Baskonia, los tres de la fase final del juvenil y un buen número de partidos de los jugadores cedidos, por no hablar de un montón de encuentros de la Liga, se daba por supuesto conociendo al personaje.

Pero que esta vez haya editado un completísimo vídeo individual de cada futbolista rojiblanco -el de Berenguer, por ejemplo, dura dos horas y dos minutos- superó todas las previsiones. Y qué decir de que haya estudiado a los futbolistas rivales hasta el punto de conocer en qué puestos han jugado esta temporada en función de las variaciones de esquema que realizaba su entrenador. Y puso el ejemplo de un futbolista tan versátil como Marcos Llorente. El público presente se repartía en esos momentos entre quienes abrían la boca sorprendidos, sonreían abrumados o se preguntaban si, llevado a su máxima expresión, el sentido de la responsabilidad en el trabajo puede llegar al disparate.

El rosarino ha hecho un análisis del equipo todavía más completo que el que realizó en el año 2011

La de ayer, en cualquier caso, fue una demostración de que, a un mes de cumplir 67 años, Marcelo Bielsa está más en forma que nunca y que su meticulosidad obsesiva y su ingente capacidad de trabajo provocan una sugestión formidable: te dice este hombre que ha contado también el número de veces que un jugador pestañea a lo largo del día y te lo crees. Sus detractores dirán que estos conocimientos enciclopédicos que reúne sobre cada equipo al que puede llegar a entrenar son 'blablabla', palabrería de un argentino embaucador. Ahora bien, ninguno de ellos se atreve a rebatir los datos que aporta o a comprobar su validez, no vaya a ser que ya no vuelvan a sentirse cómodos y orgullosos con sus prejuicios.

Una de las cuestiones más interesantes de la presentación del rosarino fue su elegancia con el anterior inquilino del banquillo rojiblanco, al que elogió en varias ocasiones y cuya continuidad en el Athletic defendió ante el propio Arechabaleta. Para Bielsa, el proyecto de Marcelino debía continuar porque «tenía margen de mejora y no estaba acabado». Habló del Athletic 2021-22 como de «un equipo muy, muy bien trabajado», ejemplar en las jugadas a balón parado y en la presión tras pérdida. Comparado con el suyo de 2011, cree que es «de calidad comparable, pero con más jugadores».

El 'Loco' demostró que sigue siendo él mismo, pero también que ha madurado. Ha pulido las aristas de alguna de sus certezas y ha cambiado algunas cosas importantes, empezando por su método, que ha evolucionado en la última década, como se ha visto durante los tres años y medio que ha estado en el Leeds. Digamos que es un técnico diferente, más moderno, más volcado en las tecnologías para controlar las cargas de trabajo y poder organizar entrenamientos más eficaces. Los de ahora son más cortos, la mitad que en otra época. Eso sí, el objetivo del trabajo diario es el mismo de siempre: hacer progresar a los jugadores, «explotar virtudes que muchas veces no saben que tienen» y mejorar así al equipo.

Aunque sabe que todavía no es más que el entrenador de un candidato en unas elecciones muy inciertas, a Marcelo Bielsa se le notó ayer ilusionado con la posibilidad de volver al Athletic. La ilusión, ya se sabe, es una emoción muy potente en el fútbol y el rosarino quiere transmitir la suya a los jugadores. En la parte final de su larga exposición, mostró una imagen de dos volcanes, uno inactivo y otro escupiendo lava y gases al cielo. Hablando de este último dijo que estaba liberando todo lo que llevaba dentro, que es lo que quiere conseguir de sus futbolistas. Y no es de extrañar. Al fin y al cabo, él siempre ha sido un volcán en constante erupción.

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