En clave electoral

Capitanes intrépidos

Patxi Herranz
PATXI HERRANZ

Todo marino sueña con la mar y con un buen puerto donde descansar. Ahora que Ricardo Barkala, capitán de la Marina Mercante, había conseguido su deseo tras una larga lista de ocupaciones, no le da tiempo a vaciar el petate para pensar en una jubilación serena y se embarca en otra epopeya atrapado por cantos de sirenas en aguas turbulentas: las elecciones del Athletic.

Al comienzo de esta singladura se comentaba 'sotto voce' que podría ser candidato de consenso, e incluso venía avalada su candidatura por las mejores recomendaciones de su partido. Quizá fue este hecho el que le hizo soltar amarras y ponerse a navegar en el océano rojiblanco, un escenario soñado por cualquier candidato a presidir el club de sus amores, evocando desde su Portugalete natal una gabarra remontando la ría con 11 leones por banda viento en popa, y soñando con repetir la gesta bajo su jefatura. Pero amárrame los flechastes en los obenques que se avistan dos navíos y persiguen el mismo tesoro. ¡Todo a estribor!

Es ahora cuando debe enseñar que tiene un plan propio más allá de los apoyos recibidos

Así comenzó hace poco más de un mes para Barkala otra travesía muy diferente, en la que una vez metido en harina está obligado a ganar por ese papel de favorito que todos le concedían y además demostrando que su proposición no era simplemente un nuevo encargo para un lobo de mar con patente de corso. Es ahora cuando debe enseñar de la forma mas gráfica que tiene un plan propio y un modelo convincente mas allá de los apoyos recibidos por sus más cercanos colaboradores.

Le hará falta a Ricardo Barkala todo un manual de supervivencia en caso de naufragio, porque sorpresas ha vivido el club recientemente, donde los a priori favoritos acabaron siendo sobrepasados por otro temerario contendiente al que no se le acabó de perdonar nunca tal osadía. Su nave ya no es la única y son esos casos análogos de candidatos con vitola de ganadores que finalmente se quedaron en la isla de Forges los que acongojan. Siempre le quedaría la opción de volver a la paz de un potente Puerto de Bilbao que no deja de crecer, pero el regusto al mirar por los amplios ventanales de su despacho sería el de un final con sabor amargo, como el de esas paredesde las casas de los marinos ubicadas en zonas cercanas a la costa en las que el salitre provoca con el tiempo daños irreparables.