Iñigo Martínez concluye contrato en 2023 y negociará su renovación con la próxima directiva. / athletic

El deseo y la realidad

El poder que otorga a los jugadores la filosofía del Athletic hace muy difícil implantar en el club los contratos al estilo Premier, es decir, con variables por objetivos en torno al 40%

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Hay deseos de los socios del Athletic que, llegada la campaña electoral, se convierten de inmediato en promesas obligadas de los candidatos. En estas que comenzamos a vivir, por ejemplo, no deja de hablarse de la necesidad de que, a partir de ahora y sin más dilación, el club firme a sus jugadores contratos por objetivos. Sería la única forma, coinciden más o menos los pretendientes al sillón de Ibaigane, de ir aliviando hasta disolverlo el déficit estructural, en torno a los 25 millones por temporada, que soporta el club por su excesivo gasto en plantilla. Y no sólo eso. También sería -y esto ya es un clamor entre la masa social rojiblanca después de cinco temporadas sin entrar en Europa- una buena forma de hacer justicia vinculando el dinero que perciben los jugadores a su rendimiento y resultados.

Hablar de contratos por objetivos, sin embargo, obliga a una matización inmediata para no caer en equívocos. Y es que el Athletic, como casi todos los clubes de la Liga, llevan muchos años incluyendo pequeñas variables por logros (internacionalidades, goles, partidos jugados, etc.) en los contratos de sus jugadores. Lo que se defiende ahora -Jon Uriarte lo hizo sin ir más lejos el pasado miércoles en Olabeaga- va más más allá, directamente hacia el modelo inglés.

Para ponernos en situación y dicho a grosso modo: los futbolistas de la Premier tienen unas percepciones fijas que suponen entre el 60 y el 70% del total de sus emolumentos. El resto son variables vinculadas básicamente a las conquistas colectivas -títulos, clasificaciones para Champions o Europa League- y a la participación que haya tenido el jugador. La frontera la ponen en Inglaterra en el 60%. Este es el porcentaje de partidos oficiales, es decir, correspondientes a la Premier, la FA Cup, la Carabao Cup y la competición europea, que necesita disputar un jugador para cobrar una parte importante de su remuneración total. Por cierto, para que el partido compute es necesario que el futbolista sea titular o, si ha sido suplente, que juegue al menos 45 minutos.

Va a ser muy interesante comprobar cómo negocia el nuevo presidente el contrato de Iñigo Martínez

Dicho esto, hay que centrarse en el Athletic, en su realidad actual y sus particular idiosincrasia. Y hacerse una pregunta. ¿Es posible imponer aquí los contratos por objetivos al estilo Premier, es decir, con una masa salarial variable del 40%? En esta vida todo es cuestión de intentarlo, pero la verdad es que no parece nada fácil. Al contrario. Para empezar hay una dificultad esencial que tiene que ver con la filosofía rojiblanca. Digámoslo de un modo bien claro: el Athletic es el único club en el que los jugadores tienen la sartén por el mango. En ningún otro los representantes acuden a negociar contratos con la ventaja decisiva de que sus pupilos son casi intocables, de que el club no puede prescindir de la mayoría de ellos porque no tiene otros con los que sustituirles. Esta es la cruda realidad y el que no la acepte puede seguir engañándose o viendo capítulos de Heidi hasta el amanecer.

Pensemos, por ejemplo, en la renovación de la que todos estamos pendientes: la de Iñigo Martínez. Hablamos de un futbolista estratégico, fundamental. Libra por libra, el más importante de la plantilla. Pues bien, salvo que la oferta por objetivos que le presente el nuevo presidente sea de tal calibre que sólo ese 60% de fijo suponga ya una cantidad convincente e irrechazable, ¿alguien piensa que el central de Ondarroa podría aceptar un contrato más o menos como el actual y con un 40% en variables?

Qué quieren que les diga. Yo no lo veo. Entre otras cosas, no veo a Iñigo Martínez aceptando el agravio comparativo que se produciría respecto a otros futbolistas estratégicos de la plantilla que tienen magníficos contratos en fijo y encima de larga o larguísima duración. Y lo que ocurre con el central internacional podría suceder más adelante con otros jugadores de menor categoría. Lo cierto es que no debe ser fácil la convivencia en un equipo que afronta un partido -pensemos en uno decisivo para entrar en Europa- y se encuentra con que unos futbolistas no se juegan un euro en el envite y otros, en cambio, se juegan muchos miles.

Aunque algún día habrá que intentarlo con valentía, el Athletic lo tiene muy complicado en este tema. Los contratos por objetivos al estilo Premier son una necesidad, evidentemente, pero también lo es tener un buen delantero centro goleador. Y no lo hay ni se le espera.