Ernesto Valverde. / afp

Entrenador Valverde coge por tercera vez las riendas del Athletic

En estos dos años alejado de los banquillos, 'Txingurri' ha publicado un libro de fotos, tocado con su grupo y recorrido Bizkaia en bici

J. GÓMEZ PEÑA

Cuando tras ganar dos Ligas seguidas, una Copa y llegar a las semifinales de la Champions, el Barcelona de Bartomeu decidió destituir a Ernesto Valverde, en enero de 2020, le hizo un regalo que no tiene precio: tiempo libre para repartirlo entre sus otras pasiones, la familia, la fotografía, la música y el cicloturismo. La exigencia del deporte de élite tiraniza el día a día de los entrenadores de primer nivel. El fútbol se traduce hoy en datos y estadísticas y se archiva en miles de vídeos que ocupan horas y horas. De repente, Valverde pudo desconectar. Volvió a casa, a Bilbao, al abrazo familiar, al grupo musical donde juguetea con su guitarra, a su rutas en bicicletas por Enkarterri... Y a pasar, cámara en mano, desapercibido bajo la mascarilla y capturar esas imágenes que tanto busca, las que, como él dice, supongan un impacto, un golpe en quien las mira.

Ahora, ya con 58 años, el Athletic ha vuelto a reclamarle. Por tercera vez, será el técnico del conjunto rojiblanco. Después de dos años y medio, el foco se gira hacia él. El discreto Valverde regresa al escenario mediático. La pasión del fútbol que no cesa. Al nuevo entrenador del Athletic le gusta lo fronterizo. Mirar desde el otro lado del objetivo. A través de su cámara. De aquella vieja 'Oympus Pen' con la que empezó a congelar el tiempo cuando tenía 15 años. Así, 'Frontera', ha titulado su segundo libro de fotografía, publicado en 2021. Ha sido su manera de ordenar todas esas imágenes que se apilaban en el disco duro. Instantáneas con pegada – «que no sean amables, que incomoden», dice–, como la de un campo de girasoles muertos sobre la nieve que evoca el escenario devastador de una batalla.

A Valverde le apodaron 'Txingurri', 'hormiga' en euskera. Le va bien el mote. Es paciente. Y no para. «Es de los que se entretienen con muchas cosas», describen quienes conocen al otro Ernesto. Nada que ver con el técnico serio que lidia con los micrófonos de las ruedas de prensa. Eso forma parte de su trabajo en el fútbol. El otro Valverde es bromista, alegre, divertido... Y sin tiempo ni para pestañear. Lo exprime. Durante estos dos años y medio alejado de los banquillos, ha visto mucho fútbol, de ligas extranjeras y de la española. No se ha descabalgado de su vocación. Un entrenador es como un bombero, siempre preparado por si hay que acudir a un incendio. Todo lo sucedido sobre el césped ha quedado archivado.

Eso sí, sin la presión de ocupar un banquillo. Y así ha podido montar exposiciones de fotografía, dar charlas sobre su último libro, apoyar a una ONG catalana que rescata náufragos y hasta llenar de música con su grupo algunos locales de Bilbao. En un vídeo que circula por las redes sociales se ve a Valverde y su guitarra tocando con la banda 'A morir' (en la que figura su profesor de música) durante una cena con otros entrenadores vascos. Amigos y música. Y 'Txingurri' saltando de un lado a otro de esa muga. Como le gusta.

Privacidad

En esa lista de pasiones ocupa bastante tiempo la bicicleta. De ruta. Las gafas y el casco le dan eso que tanto le gusta, privacidad. Pedalea como uno más. A veces solo y otras acompañado por amigos, algunos de su paso anterior por Lezama. El Corredor del Cadagua sacó miles de coches de la vieja carretera que va hacia Güeñes y Zalla, convertida ahora en un paraíso ciclista. Es una de sus rutas. Jura que el ciclismo no se le da muy bien, pero mantiene el hábito de exprimirse de los deportistas de élite, tengan la edad que tengan.

Estar alejado de los banquillos le ha permitido también viajar, volar. Disfrutar de otros paisajes con su esposa y sus tres hijos, ya mayores. Y siempre con una pequeña cámara a mano. Por si acaso. En 2012, Valverde sacó adelante su primer libro, 'Medio Tiempo', con la colaboración del escritor Bernardo Atxaga. Ese año lo empezó en el Olympiacos griego y lo acabó en el Valencia. Enseguida, en 2013, inició su segunda estancia en el Athletic (la primera fue de 2003 a 2005). Al Barcelona llegó en 2017 y ahí, con Messi y demás estrellas, estuvo hasta enero de 2020, cuando le regalaron dos años largos de tiempo libre.

Ahora regresa al Athletic. Pasión exclusiva. La fotografía, la bicicleta y la guitarra quedarán para ratos sueltos. Cuando empezaba como jugador, Valverde ni se planteaba ser entrenador. Pero el paso del tiempo es como un alfarero. Te da forma. Maduró como futbolista y descubrió los mecanismos de su deporte. Le picó la vocación de construir un equipo, de ponerle su sello. Cuando fija el ojo en su cámara, Valverde solo necesita dos colores, blanco y negro, para generar una imagen con impacto. En el fútbol, en cambio, todo lo ve mejor de rojo y blanco.