Marcelino se despidió recientemente del Athletic tras dirigirle temporada y media. / ignacio pérez

A la espera

La identidad del futuro técnico se convierte en el epicentro del interés en la campaña electoral rojiblanca

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Faltan doce días para las elecciones y el hincha del Athletic vive la cuenta atrás con un estado de ánimo confuso, a medio camino entre la expectación y la inquietud, las esperanzas y los temores. Nada más natural, por otra parte. Lo digo porque, hasta la fecha, todo lo que ha oído el aficionado rojiblanco ya lo había oído con anterioridad o no lo ha acabado de entender demasiado. Y lo que arde en deseos de oír no lo ha escuchado todavía.

Vayamos por partes. Lo que ha oído hasta ahora el 'athleticzale' son promesas que se remontan a hace cuarenta años, aunque es probable que alguna sea más antigua aún y ya se escuchara en 1913, en los tiempos en los que Teresita Zazá cantó por primera vez el 'Alirón, alirón, el Athletic campeón'. A estas alturas, los aficionados aceptan esas promesas como una parte inevitable de las elecciones. Son una música de fondo dulce que en el fondo no significa nada pero es agradable de escuchar. De hecho, los candidatos están obligados a tocarla. De lo contrario estarían perdidos. Ya saben a lo que me refiero: un Athletic más competitivo, asiduo a las competiciones europeas; una factoría de Lezama convertida en referencia mundial; una plantilla con los mejores futbolistas vascos y sin sueldos fuera de mercado; mayores ingresos típicos y atípicos, mayor y más potente presencia en los gobiernos del fútbol español, paridad, cercanía al socio, buena imagen institucional...

Otra cosa diferente, y que empieza a llamar la atención de estas elecciones, son los primeros fichajes que han trascendido y algunos nombres que se han escuchado. El de Ramón Planes, por ejemplo, elegido por Ricardo Barkala como futuro director deportivo. Los caminos del fútbol son inescrutables, pero lo cierto es que muy pocos hubieran sospechado que Planes, un profesional itinerante que suma ya diez clubes en veinte años de carrera y cuyas últimas referencias nos llegaron como integrante, junto a Pep Segura y Eric Abidal, de ese triunvirato de triste recuerdo en la dirección deportiva del Barça de Bartoméu, pudiera acabar algún día en el Athletic.

Lo de Iñaki Arechabaleta, por su parte, también sorprende, pero quizá haya que considerarlo un signo de los tiempos. Me refiero a que su primer fichaje haya sido Josh Schirmer, un entrenador norteamericano, analista de partidos del Sparta de Praga, que vendría a Lezama como responsable de Metodología de todos los equipos femeninos del Athletic. En el caso de Jon Uriarte, la sorpresa llegó por una intención suya que el aficionado rojiblanco no acaba de entender del todo. Nos referimos a la de contar con un director deportivo plenipotenciario que sería el encargado incluso de elegir al entrenador. Una responsabilidad enorme, tan grande que es lógico que muchos se sorprendieran el pasado jueves cuando uno de los nombres que afloraron para asumirla fuera el de Carlos Aviña, el director deportivo del Círculo de Brujas, un mexicano de 31 años experto en Big Data.

Lo que el hincha quiere oír y no escucha, por supuesto, son nombres de entrenadores para sustituir a Marcelino. La gente está impaciente, pero tampoco es cuestión de criticar a Arechabaleta, Uriarte y Barkala en esta cuestión. Y es que estas gestiones son casi siempre lentas y complejas. José Julián Lertxundi anunció a Hiddink dos días antes de las elecciones, Javier Uria a Jupp Heynckes una semana antes, Urrutia a Bielsa con diez días de antelación... Fichar un técnico de primer nivel que esté libre, se arriesgue a comprometerse con un aspirante y sea, a la vez, un reclamo electoral es muy complicado. En ocasiones, imposible.

En el caso de Barkala, la corriente parece conducir hacia Mauricio Pochettino, cuyas horas en el PSG están contadas. La figura del argentino, por cierto, obliga a recordar su amistad con Ramón Planes, con el que coincidió en el Espanyol y el Tottenham. En los cuarteles de Uriarte había sonado Paulo Fonseca, ex de la Roma y del Shaktar, pero parece que el mozambiqueño lo tiene hecho con el Lille. Ahora suena Marcos Rose, uno de los técnicos sin equipo más codiciados del fútbol europeo por mucho que esta temporada su Borussia de Dortmund haya sido una completa decepción. Iñaki Arechabaleta, por su parte, no ha dado pistas, pero su vicepresidente, Iñaki Goirizelaia, dejó caer ayer una frase que disparará, como una traca de feria, las especulaciones. Será «el que más atractivo tiene en la masa social».