Elecciones Athletic Los grandes retos del nuevo presidente

Devolver al equipo a Europa y paliar el déficit estructural del club serán las dos principales obligaciones del próximo inquilino de Ibaigane

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La noche del viernes el Athletic tendrá un nuevo presidente, el número 33 en sus 124 años de historia. Esta vez, la imagen victoriosa del candidato vencedor, rodeado de los suyos, tendrá otro escenario. Ya no será en las escaleras del palacio de Ibaigane sino en San Mamés, en algún lugar de las gradas, del anillo del central, quién sabe si en el propio césped... Ese hombre feliz comenzará al día siguiente una nueva vida cargada de grandes obligaciones y sometida a una enorme presión. Ser presidente del Athletic y estar a la altura de esa responsabilidad es un reto extraordinario en sí mismo. Imaginen lo que supone representar al club durante las 24 horas del día todos los días del año durante los próximos cuatro años.

Y luego están los retos concretos, contantes y sonantes, que el candidato ganador ha planteado, en forma de promesas, durante la campaña electoral. Los conocemos todos, pero no está mal recordarlos. Como son muchos, podemos clasificarlos en tres apartados. En el deportivo, el reto del nuevo presidente pasa por devolver al Athletic a Europa después de cinco años de ausencia. Es cierto que, si nos atuviéramos a sus promesas y fuésemos estrictos, le exigiríamos también que el equipo gane títulos y que al club no se le escape ningún gran jugador vasco. Pero tampoco es cuestión de ponerse quisquillosos. Con que el equipo progrese y suba ese escalón que le permita clasificarse para competición europea todos nos daríamos por satisfechos.

¿Y Lezama? El reto de convertir la factoría rojiblanca en una de las mejores del mundo, una referencia planetaria, desde luego, en un fecundo vivero para el primer equipo también está ahí. Como siempre. El problema -también como siempre- es que, al término del mandato, el socio nunca acaba de saber si esa promesa electoral se ha cumplido o no. Porque lo cierto es que todos los presidentes se van del club convencidos de que su trabajo en Lezama ha sido mucho mejor y más eficiente que el de sus predecesores. Pero es que, además, hay otra cuestión que no debemos olvidar si queremos ser justos. Me refiero a que las bondades del trabajo con la cantera de una directiva no las disfruta ella sino la que le sigue.

Buena voluntad

En el apartado económico, el reto es igual de evidente que en el terreno deportivo. Si volver a Europa, que aportaría al club 15 millones, es difícil lo mismo ocurre con la necesidad de aumentar los ingresos y terminar con el déficit estructural, en torno a los 25 millones, que arrastra el club. Lo cierto es que no se sabe cuál de las dos cosas es más complicada, si ajustar unas cuentas dañadas por el excesivo gasto en la plantilla deportiva o lograr quedar entre los seis (o los siete) primeros clasificados en la Liga. Durante la campaña se han escuchado un montón de iniciativas, todas ellas llenas de buena voluntad, para ir ajustando el balance del club. Y habrá que ver si funcionan. A cada candidato (Barkala, Arechabaleta y Uriarte) se le juzgará, lógicamente, por el nivel de cumplimiento de las diversas iniciativas que ha planteado a lo largo de este mes.

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El tercer gran objetivo para el nuevo presidente no ha aparecido en toda campaña y no hubiera estado mal haberlo sacado a la luz, aunque fuera un poco de soslayo. Me refiero a mantener el buen talante, cercano y cariñoso con los socios, que ha tenido Aitor Elizegi y, desde luego, a continuar con la política de comunicación, abierta y eficaz, que el club ha tenido durante los tres últimos años y medio. En este sentido, haría bien el nuevo mandatario rojiblanco en conocer la opinión de los medios sobre el trato que han recibido y las condiciones en las que se les ha permitido ejercer su labor desde enero de 2019. Y ya metido en materia, también podría informarse bien de cómo y con quién se vivieron aquellos años de oscuridad y hermetismo informativo que transcurrieron entre 2011 y 2018.

Sería trágico, realmente, volver a sentir que Ibaigane es un búnker. Aunque es cierto que en el Athletic estamos acostumbrados a los 'deja vú' -los hemos vivido de diferente tipo durante la temporada y también en esta campaña electoral- ése sería intolerable.