Jon Uriarte, en Ibaigane.

El nuevo presidente

Jon Uriarte, presidente: El reto de modernizar el Athletic

Llega a Ibaigane sin director deportivo, con los nuevos modos de las redes sociales y con el plus de liderar el equipo más joven para romper con «vicios del pasado»

JUAN CARLOS LATXAGA

Jon Uriarte ha cumplido los 44 años en plena campaña electoral. Que se sepa, no lo celebró con una fiesta al uso, con tarta, velitas y todas esas cosas, porque el candidato estaba muy ocupado con los asuntos de las elecciones que no son pocos. Ahora tiene tiempo para celebrarlo y con doble motivo. A pesar de estar ya en el ecuador de la década de los cuarenta, hay socios que cuando hablan de Uriarte se refieren al «chaval», algo ciertamente asombroso por mucho que los cuarenta de ahora sean los treinta de antes, y todas esas zarandajas que nos está imponiendo una sociedad que rinde culto a la juventud.

A la edad de este 'chaval' antes ya se tenían un par de hijos y una hipoteca por lo menos, pero, será cosa del marketing o vaya usted a saber por qué, estas elecciones han acabado resumidas para buena parte de la opinión pública, en un debate entre un candidato juvenil y dos carcamales que están en la sesentena. Kennedy fue presidente de los Estados Unidos a los 43 y a nadie se le ocurrió llamarle «chaval». Javier Uría llegó a Ibaigane a los 39, Fernando Lamikiz a los 46 y Fernando García Macua a los 44 y tampoco se les recuerda como unos juveniles precisamente.

Jon Uriarte ha sabido cultivar esa imagen joven que tan bien le ha venido para reforzar su mensaje de renovación y aire fresco para el Athletic. Ha sido un candidato distinto encabezando una candidatura diferente que ha hecho una campaña que ha tenido poco que ver con las tradicionales. Se diría que desmarcarse de lo que ha sido habitual en el Athletic ha sido una de sus obsesiones.

IVÁN MATA

Ya sabemos que el nuevo presidente ha sido diferente desde siempre. A los cinco años fue el único espectador con una camiseta de la Real Sociedad en el desfile triunfal de la gabarra por la ría. Él quería ir vestido de futbolista, como mandaba la ocasión, pero en casa solo tenían una camiseta del equipo de su familia materna, su tío Luis Uranga sería presidente de la Real años más tarde. Los años en la ikastola Lauro, en los jesuitas de Indautxu, en la Comercial de Deusto, los amigos y la influencia paterna terminaron inclinando la balanza hacia el lado rojiblanco.

La campaña electoral ha puesto a prueba a un emprendedor vocacional que se curtió entre los tiburones de la City londinense antes de lanzarse a la aventura de trabajar por cuenta propia. Al nuevo dirigente rojiblanco la experiencia londinense solo le sirvió para ratificarse en su vocación de empresario. Y para adquirir una experiencia profesional envidiable, claro, que le ha servido para ir creciendo hasta transformar el negocio original, basado en las nuevas tecnologías, en otros de corte más tradicional, que tienen que ver con las inversiones en inmuebles, en la Bolsa y en el sector hotelero.

Nuevos modos

Uriarte está dispuesto a meter al Athletic en su mundo de las nuevas tecnologías y los negocios adheridos a las mismas. Aire fresco, modernidad, cambio, siglo XXI, son conceptos que ha venido repitiendo referidos al club. Las nuevas maneras de hacer las cosas se han visto a lo largo de la campaña. La de Uriarte ha sido la primera plancha desde que comenzaron las elecciones al Athletic que no ha abierto una oficina electoral en Bilbao. Su sede ha sido un espacio de coworking y su comunicación se ha basado en los videos y las redes sociales, que ha dominado con holgura frente a sus rivales.

Su campaña ha sido también la que más y más graves contratiempos ha sufrido, hasta el punto de que no ha tenido reparos en confesar que hubo un momento en que estuvo a punto de arrojar al toalla. La puesta en circulación de unas capturas de la cuenta de Twitter del que habían elegido para ser la clave de bóveda de su proyecto deportivo pudo ser la puntilla para una candidatura que se convirtió en favorita tras la presentación de los avales, pero que fue perdiendo fuelle a medida que pasaban los días sin noticias sobre sus planes. Los debates, o mejor dicho, su ausencia, han sido uno de los caballos de batalla de estas elecciones por su negativa a participar en los que le habían propuesto. A cambio lideró la organización de uno de la mano del Colegio de Periodistas, pero su propuesta acabó en un cruce de reproches y acusaciones que afectó a la propia Junta Directiva del órgano de los informadores.

Su gestión de los tiempos también ha sido diferente a la del resto y eso ha provocado una cierta sensación de falta de presencia en los medios tradicionales, que no corrigieron las entrevistas que Uriarte ha concedido a lo largo de una campaña que se le ha hecho larga. Para colmo, cuando por fin se lanzó a comunicar su programa, el affaire de Carlos Aviña echó por tierra su planificación.

Sobresaltos en campaña

El nuevo presidente ha llegado a las urnas sin un director deportivo y con un entrenador compartido a última hora con otra candidatura por su condición de banderín de enganche electoral. Ernesto Valverde no era su primera opción, como se deduce de las descripciones que hizo del perfil de entrenador que buscaba. Pero, por encima de todos los problemas, se ha impuesto en las urnas y desde mañana se sentará en el sillón de Ibaigane dispuesto a poner en práctica todo lo que ha venido prometiendo en la campaña. Su victoria electoral pone de manifiesto que su mensaje ha calado no solo en la parte más joven de la masa social del Athletic, sino también en sectores de socios cansados de la forma en la que se ha gestionado el club en los últimos tiempos.

El de esta candidatura ha sido un mensaje con un punto populista, de grandes promesas de cambio, de poner en la balanza todo lo nuevo que representaba frente a lo viejo y obsoleto achacable a los demás. Futuro contra pasado, en resumen. Y el socio ha elegido un futuro que ve lleno de big data, nuevas tecnologías y negocios estratosféricos que transformarán al viejo Athletic en el club más moderno del mundo. Su primera tarea cuando hoy se siente en la poltrona de Ibaigane será, sin embargo, encontrar a la persona que encabece el área deportiva, un asunto de urgencia porque la próxima temporada está a la vuelta de la esquina y hay que tomar muchas decisiones en Lezama.