En clave electoral

Lezama, la factoría del Athletic

Lezama es desde hace 50 años nuestra academia, un colegio exclusivo para formar deportistas y descubrir talentos, el Hogwarts vizcaíno de los magos del balón

PATXI HERRANZ

Cuando pienso en Lezama me viene a la cabeza la película «el club de los poetas muertos», donde su profesor, véase entrenador, interpretado por un gran Robin Williams, inculcaba a sus pupilos a no conformarse con lo ordinario y a disfrutar del momento. Carpe Diem. Los 4 pilares de su instrucción diaria eran: tradición, honor, disciplina y excelencia. Así queremos muchos imaginarnos la factoría de los sueños rojiblancos, desde donde nos sorprende de vez en cuando ver a un joven saltando al campo de los mayores con el vértigo propio de un debut, pero siempre arropado por una afición que lo celebra a lo grande con generosidad.

Desde hace años se vive un ciclo de vida de los entrenadores y staff técnico que depende de la candidatura que gane, se repite de forma sistemática el cambio de los profesionales que están, por los que deben ocupar sus puestos por promesas electorales o favores prestados, impidiendo que haya una estabilidad o un criterio consensuado que sin embargo se persigue durante décadas. Quítate tu que me pongo yo. De momento no hay quien lo cambie. No se necesita que se cante el «we are the world» entre los presidenciables, pero a muchos les gustaría llegar a ver un proyecto a largo plazo donde se contase con formadores especialistas en diferentes edades, porque el cerebro de un futbolista no funciona igual a lo 10 que a los 15 o 18 años.

Antaño aquellos chiquillos que eran entrenados por colosos, como Jesús Garay que regresó a casa para entrenar a los cachorros, Nico Estefano, Piru Gainza que fue quien trasladó al club la necesidad de crear la escuela de Lezama, o el mismo Iñaki Sáez entre otros, sabían que el camino no conducía solamente al primer equipo, sino que estaba diseñado para formarles como jugadores, madurando desde el disfrute a la dedicación profesional. Y ese respeto reverencial que se notaba en las instalaciones debería perpetuarse con jugadores que han sido santo y seña en el Athletic. En la actualidad y no solo en Lezama se ciñe todo al resultadismo para medrar en clubes que blindan a niños, críos que se estampan cuando llegan arriba al estar mal asesorados por padres enamorados de su provenir talentoso. Algún presidente tendrá que cerrar ese bucle, al igual que hemos modernizado los estatutos, debemos entender Lezama como una academia donde al igual que en una ikastola hay profesores de primaria y de secundaria. Es de ley que existan unos estándares técnicos que sean reconocibles por una afición que, salvo excepciones, no domina lo que tenemos porque se mueve mas que los precios y apenas conoce a nadie hasta que llega al primer equipo.