Alrededores de Ibaigane en los últimos comicios rojiblancos, el 27 de diciembre de 2018. / MAnu cecilio

Un melón sin abrir

Jon Uriarte ha dado un golpe de efecto y ya es favorito, pero lo cierto es que todavía no se ha desvelado ninguna de las grandes cuestiones que decidirán la victoria el 24 de junio

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Las elecciones del Athletic han entrado en ese paréntesis que se produce desde la jornada de la presentación de los avales hasta que la junta electoral los certifica y bendice a los candidatos. Suelen ser cinco días en los que la campaña gira, en gran medida, alrededor del número de firmas presentadas por los aspirantes al sillón de Ibaigane. El debate siempre es el mismo. Los precandidatos que han presentado menos avales restan importancia al dato y el que ha logrado más apoyos disimula su satisfacción. Aunque no echa las campanas al vuelo, en el fondo sabe que ha ganado el primer set, por decirlo en lenguaje tenístico ahora que vivimos la feliz resaca del triunfo de Rafa Nadal en Roland Garros.

También suele suceder algo curioso en estos días de paréntesis que recuerda a lo que le ha sucedido varias veces al Barcelona con la Supercopa. Ya saben, cuando la gana es importantísima y, en cambio si la pierde, no pasa de ser el torneo de la galleta. En el Athletic lo que ocurre a veces es hay candidatos que se pasan días y días dando mucha importancia a los avales porque están seguros de que va a ser los que más tienen y, cuando eso no sucede, les restan de repente casi todo el valor.

Hay algo, en cualquier caso, que resulta indiscutible y, en buena medida, explica que las firmas sean consideradas en el Athletic como una especie de primarias. Y es que sólo una vez en la historia -en las anteriores entre Aitor Elizegi y Alberto Uribe-Echevarría- el candidato con menos avales se impuso luego en las urnas. Lo de 2018 fue la excepción a una regla y las reglas acostumbran a existir por razones de peso. En Estados Unidos, por ejemplo, Ohio se ganó una gran reputación porque, durante 56 años, el candidato más votado en ese estado fue siempre presidente. Y lo mismo ocurre en Colmenarejo, un pueblo al que peregrinan los expertos demoscópicos porque clava siempre los resultados a las elecciones de la Comunidad de Madrid.

En el caso del Athletic, es evidente que Jon Uriarte dio el sábado una gran sorpresa que ha llevado las elecciones a un escenario nuevo. Nadie contaba con que el empresario bilbaíno pudiera aportar semejante caudal de apoyos. Y no porque comenzara la recogida con más de una semana de retraso respecto a sus rivales, ni tampoco por despreciar su tirón como candidato, sino porque, a las seis de la tarde del jueves 2, es decir, menos de 48 horas antes de presentarse en Ibaigane con las cajas, él mismo anunció en sus redes sociales que acababa de parar el contador de avales tras llegar a los 2.500. Es decir, en día y medio reunió 3.754 firmas, una cifra tan asombrosa que algunos tenemos verdadera curiosidad por saber cómo se produjo esa avalancha y cómo la vivieron sus beneficiarios.

Estamos hablando de un récord histórico que ha convertido a Jon Uriarte en el favorito de las elecciones. Esto es indiscutible. Otra cosa diferente, a mi juicio, es que muchos socios, sugestionados por la diferencia de firmas -Ricardo Barkala presentó 1.804 menos e Iñaki Arechabaleta, 2.950- consideren que los comicios rojiblancos están ya poco menos que decididos. No lo creo en absoluto. Las elecciones empezarán a decidirse a partir del jueves, es decir, cuando los tres aspirantes tengan que dejar de lado sus discursos voluntaristas, prácticamente intercambiables, sobre las grandes cuestiones del club, y bajar a la tierra a concretar sus propuestas y a explicar claramente a los socios cómo y con quién -sobre todo con quién- van a mejorar al Athletic.

Es cierto que Uriarte tiene algo ganado, aparte de las firmas. Para muchos, como se ha visto, representa la novedad, el aire fresco, la juventud moderna y pujante. Hasta sus 43 años parecen situarlo en un equipo de juveniles cuando, en realidad, se trata de una edad muy normal para ser presidente del Athletic. Javier Uria lo fue a los 39 años, Ignacio Ugartetxe a los 40, Urrutia y Macua a los 43, Lertxundi y Lamikiz a los 45... Ahora bien, hasta ahora la concreción de Uriarte ha sido nula, todavía menor que la de sus rivales. De hecho ni siquiera se conoce a los componentes de su candidatura. En fin, que quedan poco más de dos semanas para el gran día y hay un candidato que ha tomado ventaja, desde luego en la percepción general, pero la realidad es que el melón de la presidencia del Athletic está todavía sin abrir.