Bielsa, en la salida del hotel para acudir a la vuelta de octavos de la Europa League ante el United. / jordi alemany

Un impacto muy fuerte

El posible regreso de Marcelo Bielsa da un vuelco al escenario electoral del Athletic

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La noticia de que Marcelo Bielsa se ha comprometido con Iñaki Arechabaleta y sería su entrenador en caso de victoria en las elecciones del día 24 dio ayer un vuelco completo al escenario electoral del Athletic. Radio Popular adelantó a mediodía lo que ya empezaba a ser una sospecha colectiva y, desde ese momento, ya no se habló de otra cosa. Lógico. Todo lo demás se convirtió en secundario y obligó a los otros dos candidatos a estudiar bien la estrategia de un contragolpe que deberá ser potente y efectivo.

Tanto Jon Uriarte como Ricardo Barkala saben perfectamente quién es y lo que supone Bielsa en el Athletic. Con toda seguridad, tienen un buen número de 'bielsistas' en sus planchas. Y son conscientes, por tanto, de que van a necesitar un técnico muy potente para hacerle frente. Por cierto, si el presidente de la Autoridad Portuaria de Bilbao acaba presentando a Mauricio Pochettino se daría un caso de los más curioso que llenaría páginas de periódicos y horas de radio y televisión en Argentina: el del técnico del PSG disputando un banquillo a su maestro, al hombre que le entrenó durante años en Newell´s y en la selección y le descubrió para el fútbol.

Este descubrimiento es una historia conocida, pero tan graciosa que merece la pena repetirla. Ya era noche cerrada y Pochettino, todavía adolescente, dormía en su casa de Murphy. Su madre se sobresaltó al escuchar que llamaban a la puerta. Eran Marcelo Bielsa y Jorge Griffa, que seguían con su interminable periplo de 'scouting' por toda la provincia de Santa Fe. La mujer no quiso despertar a su hijo, pero permitió que Bielsa entrara en su habitación y le echara un vistazo. El Loco levantó un poco las sábanas, observó las piernas del chaval y de inmediato le anunció a su madre que querían ficharlo para la cantera de los 'leprosos'.

El rosarino tiene mucho predicamento entre la afición, sobre todo entre los más jóvenes

El Loco dejó una huella imborrable en el Athletic. De ahí que la posibilidad de su regreso haya agitado tanto la campaña. Esto no quiere decir, sin embargo, que no tenga detractores. Claro que los tiene. Muchos le niegan el pan y la sal, desprecian sus logros y hablan de él poco menos que como de un argentino embaucador. Parecen sentir por él una inquina personal.

Un ejemplo es el de quienes ayer mismo hablaban de su fracaso en el Leeds, algo realmente inaudito. Resulta que un entrenador coge a un equipo hecho una piltrafa que venía de luchar por la salvación, le pone a jugar como no había jugado en su vida, está a punto de ascender la primera temporada, gana el título de la Championship y sube a la Premier en la segunda, queda noveno a seis puntos de Europa en la tercera con algunos partidos memorables, se convierte en un ídolo de una afición que le adora, le levanta estatuas, pone su nombre a calles y le compone canciones... Y resulta que ha fracasado porque, en su cuarta temporada, el equipo, sin refuerzos, se viene abajo tras una mala racha y varias lesiones de sus figuras.

También hay un punto de irracionalidad, por supuesto, en la adoración que tantos y tantos aficionados sienten por el técnico de Rosario. Pero, bien mirada, es una sinrazón explicable. Porque Bielsa es mucho más que un entrenador muy peculiar, con sus filias, fobias y manías. Analizar a este hombre exclusivamente por los resultados, olvidando el juego de sus equipos y el crecimiento de sus jugadores, es tan corto de miras, tan pobre, como analizar un bello paisaje con la lente de un agrimensor. El Loco es una promesa de furia y belleza, de riesgo y aventura. De ahí su enorme predicamento entre tantos hinchas del Athletic, sobre todo entre los más jóvenes, a quienes hizo sentir sus emociones más fuertes como rojiblancos. Escuchando a estos hinchas siempre he tenido la sensación de que la primera nostalgia de sus vidas ha sido la que han sentido al recordar cuando a lo loco vivieron mejor.

Está claro que Bielsa no deja a nadie indiferente y que su presencia va a tener un impacto muy fuerte en las elecciones. El peligro sería que también provoque que se enconen aún más y, tras habernos quedado ayer sin un debate a tres entre los candidatos, vivamos hasta el día de la votación una semana muy poco edificante. Ya saben, una de esas en la que nos entran ganas de hacerle a nuestro viejo carnet del Athletic un funeral vikingo en la ría.