Elecciones Athletic Votemos, que no es poco

No es cierto que votar divida. Lo que divide de verdad es que los aficionados de un equipo vayan por un sitio y los que mandan por el otro. Eso y las malas artes ajenas a Gure Estiloa

DAVID SALINAS-ARMENDARIZ Abogado

Ls elecciones ponen de manifiesto una serie de principios o valores del Athletic que los socios y aficionados zurigorris siempre hemos tenido a gala defender. No hablamos de dogmas, pero casi, y más allá del entorno athleticzale a veces no se acaban de entender muy bien. O no se quieren entender, por aquello del espejo cóncavo en el que algunos nos siguen observando. No, no nos vamos a referir a nuestra filosofía deportiva, sino a algo más básico, más de raíz aún.

Es un valor del Athletic (si bien éste no en exclusiva) el hecho de ser, de continuar siendo en pleno fútbol profesional, una asociación deportiva y no una sociedad anónima deportiva. Es decir, el club rojiblanco es propiedad de todos sus socios y socias. Cierto es que esta condición la comparte (por el momento) en la Liga española con Real Madrid, Barcelona y Osasuna, y ello por mor de que cuando la legislación estatal estableció la obligación de constituirse en SAD para los clubes profesionales (de fútbol y de baloncesto) sólo el cuarteto cumplía con la solvencia que permitía esquivar la conversión. La razón de la exigencia generalizada era poner freno al dispendio a través de un régimen de responsabilidad con propiedad por acciones. Otra cosa ha sido la real efectividad de tal régimen. Precisamente por no verse clara su bondad, y con motivo de decisiones europeas que lo han cuestionado, fue recientemente modificada la ley del deporte. Hoy, desaparecida ya la exigencia, no se prevé que ninguna SAD deje de serlo, y, en sentido inverso, habrá de verse si de los exentos alguno tendrá que transformarse, por su mala gestión, para atraer capitales ajenos. El Athletic va a ser que no. En Bilbao hay una especie de juramento de mantener la forma asociativa tradicional, y de ello es prueba su consagración en los Estatutos sociales recientemente aprobados.

Por lo anterior, no debería perderse de vista la relevancia de que seamos todos los socios y socias quienes elijamos a presidente y junta directiva, y que controlemos luego su gestión a través de mecanismos que conduzcan también al 'un socio/a, un voto'. La masa social del Athletic tiene el privilegio (el lujo diría alguno) de ser quien decide el rumbo del club, poniendo, controlando y quitando a sus dirigentes. No es necesario adquirir acciones y conformar mayorías a base de entrada de capitales, como ocurre en los otros 16 clubes SAD. No está en riesgo que un magnate o una corporación veleidosa asalten Ibaigane. Que pregunten en clubes de nuestro entorno, a sus aficionados, que lo hagan en Burdeos o en Valencia, lo que supone que grandes fortunas personales o fondos de inversión adquieran un club y lo manejen a su interés y antojo. De nada sirve el sentir masivo de los seguidores cuando éstos no tienen real forma de participar en las decisiones del equipo de sus amores. Ya desearían ya, los hinchas de numerosos clubes europeos no haber vendido su alma al diablo.

En esta materia de conservar el actual estatus asociativo y no caminar a la conversión en SAD se han pronunciado los tres candidatos a la presidencia del Athletic. Y los tres han declarado que con ellos al mando el Athletic no será una sociedad de capital, que socios y socias continuarán siendo los dueños del club. Despejado el horizonte, no convendría minusvalorar esa posibilidad actual y sucesiva de elegir a los próximos rectores de la entidad rojiblanca. No creamos que ha llovido del cielo.

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Tampoco esa gran virtud de participación social y democrática que tiene el acto que protagonizaremos el viernes debería enturbiarse por prácticas torticeras de fango electoral. Quienes las utilicen han de verse penalizados. No todo vale para llegar al poder, aunque sea de una sociedad deportiva, que es privada pero es de todos, y que ha de ser en todo ejemplar.

En San Mamés, en San Juan, usaremos del privilegio de votar, que no es cierto que divida. Lo que divide de verdad es que los aficionados de un equipo vayan por un sitio y los que mandan por el otro. Eso y las malas artes ajenas a Gure Estiloa.