Etxeita, cedido al Huesca

Etxeita./E. C.
Etxeita. / E. C.

El defensa jugará en el recién ascendido hasta final de temporada

ROBERT BASIC

La «opción de salir» de Xabier Etxeita ya es una realidad. Y es un adiós prácticamente definitivo. El defensa se va cedido al recién ascendido Huesca hasta final de temporada. El central de Amorebieta (30 años) regresó a Lezama hace cinco años y ahora se marcha con el mismo ruido que generó al llegar, ninguno. Siempre discreto y cumplidor, hombre de equipo con mayúsculas, el central emprende una aventura de un año lejos de Bilbao, donde siempre ha vivido con el máximo respeto y el compromiso de un profesional leal y al servicio del colectivo, por muy fuera que estuviera de los planes de su entrenador. Jamás ha perdido el foco en el día a día y tampoco se la ha oído quejarse, reclamar más minutos o pedir que le abran la puerta porque merece jugar cada domingo. Siempre ha estado ahí, en el primer o el tercer plano, dispuesto a echar una mano si hacía falta. Ahora, Eduardo Berizzo no le necesita y se lo hizo saber. El defensa entiende que está en un mundo de adultos y asume con naturalidad que reanudará su carrera en otro sitio, donde sí le necesitan. En su nuevo club acertará y se equivocará, cometerá errores y marcará goles, también los evitará, pero si el fútbol es imprevisible su actitud no lo es: siempre cumplirá con sus obligaciones a rajatabla.

El 12 de enero, el Athletic anunció la renovación de Etxeita hasta 2019 y la posibilidad de ampliar el acuerdo por una temporada más si cumplía una serie de objetivos, básicamente de partidos jugados. Pero la llegada de Berizzo ha hecho trizas el papel en el equipo del jugador, fuera del paraguas rojiblanco. «Etxeita tiene la opción de salir. La hemos conversado, y no era conveniente que jugara por precaución. Mejor resguardarlo y que eso se defina con claridad», reconoció el 'Toto'. El técnico argentino transmitió al vizcaíno que no entra en sus planes y al mismo tiempo alabó su «profesionalidad» que, en su opinión, es la llave que le abrirá las puertas de otros equipos. «Se lo debemos», dijo en referencia a las facilidades que tiene que darle Ibaigane a la hora de salir en busca de minutos por su intachable comportamiento y una hoja de servicios inmaculada. A sus 30 años, el central acumula mucha experiencia y vuelve a desligarse del club de su vida, esta vez de forma definitiva.

Etxeita debutó con el Athletic hace casi una década y tuvo que marcharse para volver. Primero salió rumbo a Cartagena, donde estuvo una campaña, y después triunfó en el Elche. El central brilló en el conjunto ilicitano y en el verano de 2013 regresó a casa a petición expresa del presidente Josu Urrutia. El deustoarra fue el principal valedor de su fichaje, que además no le costó ni un euro a Ibaigane. Pero el retorno resultó al principio fallido porque el defensa era transparente para Ernesto Valverde. Sencillamente, no existía y se pasó todo el año en blanco. Solo dispuso de tres partidos (dos como titular) y aún así no perdió la sonrisa ni la confianza. Al año siguiente, Txingurri le dio 34 encuentros y en el curso 2015-2016 tiró la puerta abajo con la friolera de 47 compromisos entre Liga, Copa, Europa League y Supercopa. Estaba en la cumbre, en lo más alto, y de nuevo comenzó con un descenso que tres cursos después ha sacado momentáneamente del club.

Un ejemplo

Tras aquel año magnífico, Etxeita volvió a desaparecer. Otra vez conviviendo con el silencio y las sombras, que cada vez eran más alargadas y oscurecían su figura. Pese a ello, siguió trabajando como siempre aunque sabía que el fin de semana estaría en la grada, o en casa, viendo a sus compañeros por la tele. Valverde le puso como ejemplo genuino de profesionalidad en más de una ocasión e invitó a los jóvenes -y a no tan jóvenes- a mirarse en el espejo del de Amorebieta. «Es un futbolista que ha trabajado de manera constante en la sombra. Todo lo que tiene se lo ha ganado», decía cuando el jugador era titular indiscutible. También después, rendido ante el compromiso de un joven que venía todos los días a Lezama como si fuera el último. Sufriría por dentro y tragaría bilis, pero jamás dejó de cumplir con su obligación y de buscar una oportunidad que no llegó.

Tampoco con José Ángel Ziganda, quien solo le dio continuidad en la Europa League -12 partidos-. Tuvo sus luces y sus sombras, como todo el mundo en una temporada rota e indigesta, pero estaba siempre a disposición de su entrenador y se ganó la renovación. Un año más con opción a otro. Lo firmó, discreto y sin hacer ruido. Ninguno. Como ahora. La música que sonó el día de su regreso también suena ahora, la del silencio de un profesional que se va prácticamente de forma definitiva del Athletic.

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