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La gabarra a su paso por Portugalete y Getxo. Yvonne Iturgaiz
Te quiero, hermano
Opinión

Te quiero, hermano

Félix G. Modroño

Jueves, 11 de abril 2024, 23:38

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Las lágrimas apenas le permitían distinguir las caras de los cientos de miles de personas que abarrotaban ambas márgenes de la ría. La gabarra navegaba bajo el Puente Colgante, convertido en un majestuoso Arco de Triunfo, alentada por una marea rojiblanca que expresaba con cánticos su sentimiento de euforia unánime y su orgullo por su jovencísimo equipo de fútbol, solo compuesto por chavales formados en la cantera de la tierra, de acuerdo con la filosofía del histórico club, que quizás no fuese el mejor, pero sí único en el mundo.

Junto a él, sus compañeros daban rienda a su alegría, cada uno según su carácter, reflejado en el terreno de juego. Todos se mostraban felices y perplejos al contemplar cómo la celebración de su proeza rebasaba todas las expectativas. Cuarenta años después, habían conseguido que el preciado título regresara a Bilbao, provocando que los aficionados más veteranos removieran su nostalgia, al tiempo que se felicitaban por que sus hijos pudieran vivir lo que ellos sintieron tantos años atrás. A su lado, inseparable, su hermano pequeño sonreía de ese modo sencillo y noble que caracterizaba a toda su familia, aparentando esa despreocupación con la que regateaba a los defensas rivales.

No le cabía más felicidad. Con frecuencia, se llevaba la mano al pecho, donde su corazón ya se había fusionado con el escudo del Athletic. Por fin tenían en sus manos ese ansiado título que tantas veces se les había escapado de los dedos. A su dicha, se unía la satisfacción por el deber cumplido. En las aguas de la ría, se hundía esa carga de responsabilidad que llevaba sobre sus hombros, por corresponder a quienes creyeron en él, por compensar a quienes lucharon por forjarle un futuro, enfrentándose a las penurias, a la tristeza y a los desengaños. Y lo había conseguido junto a sus amigos... ¡y junto a su hermano!

Mientras la gabarra se acercaba a Bilbao empujada por los vientos del éxtasis colectivo de todo un pueblo identificado con su equipo, oyó que alguien le susurraba al oído: Te quiero, hermano, te quiero. ¡Aupa, Athletic!

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