El fichaje de Herrera: operación retorno, necesidad y virtud

¿Ha de dejarse la puerta abierta incluso a aquellos que «se fueron mal» si se presenta la ocasión de que vuelvan a casa? Yo lo tengo bastante claro. Sí.

David Salinas-Armendariz
DAVID SALINAS-ARMENDARIZ

«Viene porque es vasco y tiene calidad». Con estas palabras justificaba el 23 de junio de 1972 el entonces presidente rojiblanco Félix Oráa el fichaje de José María Lasa del Granada por 8 millones de pesetas. Se daba inicio, no sin controversia, a la que dio en llamarse «Operación Retorno», por la que el Athletic, ante la inminente llegada de extranjeros y oriundos al fútbol español, vio la necesidad de reforzarse dentro de su ya inherente filosofía. Oráa tomó dos iniciativas de calado para intentar mantener al club entre los mejores: abrir Lezama como semillero propio, y abrirse a la incorporación de destacados jugadores vascos cualesquiera fueran los clubes en los que militaran.

Esta entonces revolucionaria política la desarrolló su sucesor, José Antonio Eguidazu, y la completó Beti Duñabeitia, primer presidente democrático del club, reclutándose en cinco años, además de a Lasa, a Zabalza del Barcelona, Irureta del Atlético, Churruca del Sporting, Tirapu del Valencia, y Aitor Aguirre del Racing de Santander, este último el único vizcaíno, llegando a barajarse el fichaje de Christian Sarramagna, vascofrancés del Saint-Étienne. La «operación retorno» inicial, la propiamente dicha, pudo considerarse satisfactoria en su globalidad por las prestaciones futbolísticas conseguidas, y la experiencia abrió el camino a que el Athletic, desde ese momento, acudiera puntualmente al mercado exterior para repescar jugadores vascos que en origen hubieran escapado de sus redes. Es lo cierto que han sido Real Sociedad y Osasuna, con la subida de su potencial, los focos de predominante atención, si bien esto ya no cabe incluirlo en el capítulo de retorno a casa al que nos referimos.

Avanzando en la historia, puede catalogarse sin duda también de «operación retorno» (aunque no sea una acepción comúnmente utilizada) el regreso a la disciplina rojiblanca de jugadores que estuvieron y se marcharon del Athletic, bien con la aquiescencia del club, bien sin ella. Hablamos de futbolistas de nivel que decidieron irse y se planteó, años después, la oportunidad de contar de nuevo con ellos cuando se pusieron a tiro económico (citaremos, entre otros, a Alkorta, Ferreira, Ocio, Del Horno, Karanka, o al propio Aduriz). Y la polémica se ha solido desatar cuando esos jugadores a rescatar abandonaron el club en contra de la voluntad de éste y del sentir de los aficionados, por pagarse las cláusulas de rescisión contractuales, o al irse gratis con el final de su relación con la entidad rojiblanca (los ejemplos están en la mente de todos). La cuestión es: ¿ha de dejarse la puerta abierta incluso a aquéllos que «se fueron mal» si se presenta la ocasión de que vuelvan a casa? Yo lo tengo bastante claro. Sí. Si el equipo los necesita deportivamente. Es más, el club debería preverlo y facilitarlo, con pragmatismo y sentido de la realidad, en el mismo momento de su salida, aún indeseada. En eso, otros clubes tienen la visión que al Athletic le suele faltar.

La llegada del bilbaino Ander Herrera ha respondido a las dos ideas de operación retorno señaladas: en 2011 vino del Zaragoza, donde se había formado, y ahora regresa después de su salida de Bilbao en 2014. Su vuelta es una acertada apuesta. Se trata, pese a sus 33 recién cumplidos años, de un muy buen jugador, de un mediocampista de calidad y capacidad organizativa, que ya dio óptimas prestaciones al Athletic hace ocho años, y que se ha mantenido en la élite del fútbol europeo en clubes como el Manchester United y el PSG. Siendo incuestionable que afronta el final de su carrera, tampoco hubiera sido posible volver a contar con sus servicios si ello no fuera así, siempre, desde luego, desde la exigencia de una conservada condición física, de lo que los técnicos del club seguro se habrán cerciorado.

La operación era impensable hace unos meses (la anterior directiva ya intentó su incorporación), pero los astros se han alineado este verano, y el buen hacer negociador de los nuevos gestores de la entidad rojiblanca ha hecho el resto. El rendimiento efectivo que acabe dando el jugador en esta su segunda etapa sólo el tiempo lo dirá, pero la aportación de Herrera en la zona de creación se adivina de sumo interés, como así lo ha entendido Valverde, que lo conoce sobradamente.

La siempre abierta operación retorno sigue siendo herramienta necesaria para hacer un Athletic más fuerte. Celebremos hoy el regreso a casa del «locuaz jugón».