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La final y los siete enanitos

Aficionados del Athletic en San Mamés.
Aficionados del Athletic en San Mamés. / Luis Ángel Gómez
  • Tras la perplejidad inicial, muchas son las reacciones ante la sede de la final de Copa; y todo se resume en siete personajes. Diferentes formas de ver un desenlace

Cuando el miércoles conocí que la final de Copa tendría acento catalán, me sumergí, como todo aficionado, en redes, medios y tertulias. El teléfono quemaba y el cargador no daba abasto ante la sufrida batería. Pero un servidor no puede evitar observar las cosas desde una cierta distancia y con un interés casi antropológico. Porque hay un tipo de fauna que va conformándose entre los habituales de la jungla futbolera. Y uno, que pertenece a ella, ha recordado a los amigos menudos de Blancanieves. Siete personajes y una final de Copa. Eso sí, allí 'blanco', lo justo y necesario y acompañando al rojo. Pero hay enanos. Y cada cual actúa de diferente manera, tono e intensidad ante la decisión de la sede. Antes de seguir, les confesaré dos cosas. Una: no imaginaba, ni por asomo, que sería en el Camp Nou. Y dos: me incluyo en alguno de los perfiles de los enanos. Incluso en varios.

EL GRUÑÓN: Lleva cabreo. No entiende que se haya decidido dar tal ventaja al equipo más potente. Al conocerlo, primero juró que no iría. Por encima de su cadáver, añadió. Después que lo haría, pero llevaría bocata y no gastaría un euro. Pasados los días, está buscando hotel, con el ceño fruncido, pero con vehemencia. Es un gruñón, pero son millones. Tantos como aficionados reservaron en Sevilla, Valencia y Madrid. Tengan paciencia con él. Bastante lleva encima.

EL MUDITO: Decía que era imposible que se jugara en el Camp Nou. De hecho, tenía fuentes en las altas esferas que le informaban de que sería en Valencia o en Sevilla. Muchos de sus cercanos pillaron billete de avión y de AVE. Ahora se acuerdan mucho de él y su familia. Pero no abre la boca.

EL DORMILÓN: Todavía no se ha enterado de que el 30 de mayo encontrar hotel en Barcelona será más difícil que lograr que sobreviva un pollito de colores comprado en un mercadillo. Cuando llegue la fecha se tirará de los pelos. O no. Porque es de carácter tranquilo. Calzonazos más bien.

EL BONACHÓN: No le importa que se juegue en Barcelona. Ya ha empezado a hacer contactos por las redes con culés. Y en Facebook ha puesto a un gatito del Athletic y otro del Barça abrazándose. Muy tierno todo. De hecho, ha empezado a escribir eso de que lo importante es estar en la final y que viene a ser como ganar amigos en tiempos revueltos. De bonachón a ñoño-plasta hay una corta distancia. Así que si tiene uno en casa, no lo estrangule. Piense que es como un Koala, pero más grande.

EL SABIO: Tiene la clave de la elección de la sede. Y sus teorías, sentencias deberíamos decir, las expone en Twitter. En ellas hay de todo. Contubernio, intereses oscuros, mano negra, Gaspart el sibilino, unos chinos que pasaban por ahí, Florentino que es más malo que la tiña, Urrutia abducido…Por cierto, también sabe lo que le ha pasado a Fernando Alonso y entiende las películas de Matrix. Un crack. Y más falso que una moneda de tres caras.

EL ROMÁNTICO: Su pareja pasa del futbol. Pero ya se sabe que "…el Athletic no tiene nada que ver con el balón". Es otra cosa. Algo místico. Así que intenta convencer a su media naranja de que será un fin de semana ideal. Con su hotel chulo y elegante, su cena el día previo, un desayuno en la habitación…y luego están los rincones de Barcelona. Conozco un caso cercano y es ella la que intenta convencerle a él. Lo que confirma un dato. Aquí no hay sexismo, sino forofismo.

EL INSOPORTABLE: No le gustaba Valencia porque era repetir. Tampoco La Cartuja por no estar activa. En cuanto al Benito Villamarín y el Sánchez Pizjuán le parecían pequeños y vetustos. El Calderón ni regalado, porque perdimos. Pero hay más. Tampoco quería ir al Bernabéu, porque "si no te quieren en un sitio, no se va". Total, que la culpa la tenía la Directiva del Athletic por calzonazos, la Federación Española por chorizos, el Barça por jetas y la Moreneta por no respetar a la Virgen de Begoña y Aduriz y Etxeita por meter los goles en la semifinal y liar este follón. Eso sí, no aportaba ni aporta una opción. En las redes sociales dan mucho la tabarra. Deben de tener una vida muy triste.

Estos son los siete enanos de nuestro cuento. No incluimos a la Madrastra. Esa que puede ser de ambos sexos y más de una. O de uno. De hecho son legión y antagónicos. Pero en el fondo son iguales. Sólo hablan del cansino asunto de la pitada. Unos proponiéndolo y otros azuzando en vez de apagando brasas. De hecho hablan del contubernio vasco-catalán, mientras que los otros quieren dejar clara su postura sobre reyes y peones. Y si unos insisten en desalojar el campo si hay 'sonido ambiente', los otros ya están comprando el silbato. No los soporto. Porque prostituyen la final.

El problema más grave es que, además de resultar cansinos, se miran al espejo y se ven guapos de la muerte. De hecho, no detectan ni una arruga en su discurso. Y por eso irán a más en los próximos días y meses. Al tiempo. Porque no hay cuento sin malo. Y este es perverso. Tiene muchas caras. Demasiadas. Pobrecitos enanos. No se lo merecen.