El Correo
Athletic Club

El despertar de una pesadilla recurrente

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Una aficionada rojiblanca reacciona en un momento del partido. / AFP

  • Bilbao vuelve a la normalidad después de un nuevo mazazo, pero con la certeza de que volverá a alimentar su fe para desafiar a la lógica y levantar un trofeo al cielo

El Barça se ha empeñado en despedazar el sueño del Athletic de levantar un título en el sigo XXI. Ya son tres las ocasiones en las que ha retenido a los rojiblancos en la orilla, después de que su hinchada venciera por goleada en la calle, a la hora de caldear el ambiente y en la grada. Ayer incluso se apoderó de su propio estadio. Las estrellas más mediáticas y los mejores futbolistas del mundo no salían de su asombro al ver que el mismo Camp Nou que había vibrado decenas de veces esta temporada y que se encaminaba al triplete les pitaba. Es imposible predecir si la maldición que persigue al Athletic en las finales durará mucho tiempo, pero la certeza de que los rojiblancos reconstruirán su fe en busca de sacar de nuevo la gabarra es absoluta.

La afición posee una fuerza descomunal para sobreponerse a los desengaños en las finales, sin duda por el irrefrenable deseo de levantar un título más de tres décadas después o, en muchos casos, ver al Athletic en la gabarra por primera vez en su vida. Por esa recompensa impagable, esa reivindicación que desafía a la lógica y sólo es posible en el club rojiblanco, su entorno avivará la llama en cuanto aparezca la más mínima esperanza de alzarse con un trofeo.

Tras unos primeros minutos de zozobra y angustia tras el nuevo mazazo, muchos pensarían que no merece la pena alcanzar la final para llevarse un revés tan severo una y otra vez. Sin embargo, más allá de la obviedad que supone llegar hasta el choque decisivo para tener la opción de conquistar un título, el Athletic no puede permitirse caer en una travesía en el desierto, como la que vivió entre 1985 y 2009. Regenerar la ilusión cada cierto tiempo resulta vital para un conjunto como el rojiblanco, que tiene en la Copa su competición fetiche.

Duro amanecer

Bizkaia ha amanecido hoy dolorida, algo silenciosa después de haber estado sumergida en una auténtica fiesta de proporciones gigantescas. 22 pantallas gigantes se instalaron en Bilbao, y algunas más en numerosos puntos de Bizkaia e, incluso, en Castro Urdiales. Las banderas que ondean hoy en los balcones traslucen aún el orgullo que ayer invadió la el territorio, que se resiste a hincar la rodilla por muchas veces que pierda.