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final de copa

La Defensora del Pueblo considera la pitada "un rasgo de odio"

La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril.

La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril. / BLANCA CASTILLO

  • "El himno debe ser respetado por todo el mundo", sentencia Soledad Becerril

La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, ha rechazado hoy que los gritos o las pitadas al himno nacional por considerar que son "un rasgo de odio, antipatía e irascibilidad". Becerril ha hecho estas declaraciones a los medios de comunicación sobre la pitada al himno durante la final de Copa después de entregar el premio Institución del Defensor del Pueblo a Cáritas Española en su primera edición por su labor en favor de los más necesitados.

"El himno debe ser respetado por todo el mundo", ha subrayado la Defensora del Pueblo, quien ha reconocido que "a unas personas les puede gustar más o no". Becerril ha estimado que los gritos o las pitadas son "rasgos de odio, de antipatía y de irascibilidad, todo lo que debemos procurar rechazar". Ha declinado comentar si las autoridades deberían tomar alguna iniciativa disciplinaria o de sanción.

En este sentido, los secretarios de Estado para el Deporte y de Seguridad, Miguel Cardenal y Francisco Martínez, respectivamente, presiden desde pasadas las 13.00 horas la reunión extraordinaria de Antiviolencia, convocada para analizar la pitada.

Además de los secretarios de Estado asisten a la reunión la directora general de Deportes, Ana Muñoz, representantes de la Federación Española de Fútbol (RFEF), la Liga de Fútbol Profesional (LFP), la Policía y la Guardia Civil. Está previsto que esta tarde hacia las 19.00 horas Miguel Cardenal y Francisco Martínez ofrezcan una conferencia de prensa para anunciar las decisiones de la Comisión y las posibles propuestas de sanción que acuerde.

Hay que recordar que dos días antes del encuentro, Miguel Cardenal y Francisco Martínez remitieron sendas cartas al Barcelona, al Athletic y a la Federación Española de Fútbol (FEF) para advertir de la posibilidad de castigar a quienes se considera reponsables de una hipotética pitada que, como era previsible, se hizo realidad.