Un punto en la mina de Getafe

Un punto en la mina de Getafe

El Athletic, que se adelantó a los seis minutos, rasca un empate ante el rocoso equipo de Bordalás en un partido que tuvo el crudo guión previsto

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Llevábamos días hablando del partido de Getafe en unos términos tan crudos que faltó poco para que las madres y esposas de los jugadores les despidieran en el aeropuerto con lágrimas en los ojos, temerosas de no volver a verles en buen estado. El hecho de que Gaizka Garitano no incluyera en la convocatoria a Sancet y Vivian aumentó en los más sensibles la sensación de alarma. Parecía que quería evitar a los chavales una experiencia traumática para gente de su edad. La cosa no fue para tanto, salvo que el trauma tuviera que ver con la estética del fútbol, que sí sufrió una afrenta. El Getafe-Athletic fue, sin más, un partido feo como pegarle a un padre en el que los rojiblancos, que se adelantaron en el marcador a los seis minutos, arañaron un punto. Ya suman cuatro y lo celebraron con comedimiento pero sin ocultar la satisfacción. Salir vivo del Coliseum, aguantándole el pulso a la tropa de gurkhas de Bordalás, es algo que afianza por dentro a los equipos.

El partido tuvo un arranque extraño. En una noche en la que los goles se cotizaban carísimos, a precio de oro, cayeron dos en los primeros doce minutos. El Athletic se adelantó tras un perfecto pase de Capa que Raúl García embocó de forma impecable llegando en carrera. La jugada dejó un poso de sorpresa. Pareció demasiado fácil, una concesión rara del Getafe. Pero lo cierto es que el mérito fue de los rojiblancos, que salieron al campo con ambición, sin dejar de mirar la portería de David Soria. Desde un principio, lo hicieron por la banda derecha, a través de De Marcos y de Capa, al que le tocó bailar con Cucurella, que es como tener como pareja de baile a un leopardo. Fue una pena que, apenas seis minutos después, en una jugada aislada -un centro del propio Cucurella que Mata enganchó adelantándose a Yeray y pasó por debajo de las piernas de Unai Simón- los madrileños empataran.

1 GETAFE

David Soria; Damián Suárez, Djené, Cabrera, Raúl Carnero (Nyom, m.65); Fajr (Portillo, m.76), Maksimovic (Bergara, m.40), Arambarri, Cucurella; Enric Gallego y Mata.

1 ATHLETIC

Unai Simón; Capa, Núñez, Yeray, Yuri; Beñat (Aduriz, m.73), Dani García; De Marcos (Larra, m.45), Raúl García, Muniain (San José, m.89); y Williams.

GOLES
0-1: M.5 Raúl García; 1-1: M.11 Mata.
ARBITRO
Mateu Lahoz (Comité valenciano). Amonestó a Damián Suárez (m.64), Bergara (84), del Getafe; y a Capa (m.4), del Athletic.
INCIDENCIAS
partido correspondiente a la segunda jornada de la Liga Santander, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe (Madrid), ante 10.103 espectadores.

El gol sentó mal al Athletic, que se sentía a gusto dale que te pego, batiéndose el cobre con un rival que discute con muy parecidos argumentos a los suyos. Cedieron metros y el Getafe lo aprovechó para ponerse a dominar y protagonizar alguna que otra llegada con peligro. El partido empezó a complicarse para los rojiblancos, que prácticamente vivían de la combustión de Capa y De Marcos y de los movimientos en ataque de Raúl García y Williams. La banda izquierda, con Berchiche y Muniain, era un erial; una cosa hueca e inane, impropia de dos futbolistas de su jerarquía dentro de la plantilla. Que el navarro aguantara en el campo casi los noventa minutos fue uno de esos misterios que sólo el responsable de la decisión puede desentrañar.

Los de Garitano, pese a todo, supieron sostenerse durante ese rato de despiste y, llegada la media hora, lograron cambiar la sintonía del partido. Aprovechando que las ideas de los azulones, pocas y muy básicas, se fueron desvaneciendo poco a poco, no sólo devolvieron el equilibrio al juego sino que se pusieron a dominar. Sin ninguna profundidad, es cierto, pero al menos controlando el cotarro y recobrando la confianza en su fútbol. Por llamar de algún modo a la sucesión de balonazos, despejes, quites, encontronazos, rebotes y demás quincalla que era el juego de los dos equipos. Un juego, eso sí, hecho con una exquisita deportividad, demostrando ambos contendientes que en la trinchera también hay unos códigos honorables. En este sentido, Getafe y Athletic fueron este sábado como esos soldados franceses y alemanes capaces de hacer un alto en el tiroteo para intercambiar tabaco por papel de liar y poder fumar un rato tranquilos.

Pequeñas cosas

Tras el descanso, el choque se convirtió definitivamente en lo que, desde hace días, se suponía que iba ser. Siendo generosos deberíamos decir que se convirtió en un toma y daca, en un ir y venir asfixiante entre dos equipos muy sacrificados y pasionales. Siendo menos benévolos, diríamos que fue un horror, uno de esos partidos que te hacen preguntarte si el fútbol no está, realmente, muy sobrevalorado como espectáculo. Incluso como pasatiempo. Teniendo en cuenta que ninguno de los dos equipos fabricó una sola ocasión -descontemos un chutazo lejano de Cucurella en el minuto 58- y que tampoco hubo ocasión de disfrutar de una buena jugada, la pregunta es pertinente: ¿Qué sucedió en los segundos 45 minutos?

Podemos consignar algunas pequeñas cosas. Por ejemplo, el debut de Larrazabal, que justo antes del descanso entró por el lesionado De Marcos. El chaval tiene potencia y velocidad y protagonizó un par de internadas por la derecha. Falló en el pase, como falló también al sacar dos córners durante el descuento. Aduriz también tuvo sus minutos. Entró en el minuto 71 por Beñat, que este sábado jugó en lugar de Unai López, al que la titularidad le ha durado un suspiro. El delantero donostiarra, sin embargo, no puede ejercer otra vez de salvador. Hubiera sido excesivo. El partido tenía un final justo que era el empate y al él se llegó casi por inercia. Vascos y madrileños siguieron anulándose entre sí con una aplicación extrema. Podrían haber seguido cuatro días seguidos así, corriendo y despejando, ganándose el pan con el sudor de sus frentes. Los espectadores no creo que hubiéramos aguantado tanto.