Athletic: La gran diferencia

Balenziaga felicita a Raúl García por su gol. /Fernando Gómez
Balenziaga felicita a Raúl García por su gol. / Fernando Gómez
JON AGIRIANO

Llevamos desde el mes de agosto buscando en el Athletic lo que podríamos llamar, así con mayúsculas, la GRAN DIFERENCIA respecto a la pasada temporada. Es la nuestra una reacción natural ya que lo visto fue tan deprimente como pasarse ocho meses en un tanatorio. Es lógico, por tanto, que nuestras siempre afanosas ilusiones rojiblancas estén puestas ahora en iniciar una nueva vida y que, impulsados por ese deseo, llevemos semanas cribando las aguas del río en busca de la gran pepita de oro, de la GRAN DIFERENCIA regeneradora entre el equipo de Berizzo y el de Ziganda. Los más optimistas aseguraron haberla encontrado ya en el primer partido ante el Leganés. Incluso en el choque contra el Huesca intuyeron algunos un leve brillo áureo. Y qué decir del partido ante el Real Madrid. Para muchos, aquello fue definitivo. El Athletic ya era otro. Había regresado del lado oscuro y debíamos celebrarlo.

Algunos, probablemente los más afectados por el humo tóxico de tantos partidos infumables, hemos necesitado esperar un poco más. Pese a nuestra buena voluntad, no fuimos capaces de ver nada prometedor en las dos primeras jornadas -fechas, como oigo decir ahora, en plan argentino, a los narradores de televisión- y tampoco en el partido contra el Madrid encontramos esa ansiada novedad germinal. Vimos un gran duelo, por supuesto, pero no mejor que otros que le hemos visto al Athletic, incluso estando deprimido y con muletas, ante su rival predilecto. Nuestra caída del caballo camino de Damasco, nuestro despertar a la fe, llegó el domingo en el Benito Villamarín. Los primeros veinte minutos de los rojiblancos fueron tan sugerentes que sentimos ganas de postrarnos, deslumbrados como pastorcillos a los que se les aparece la Virgen. Bueno, quizá esté exagerando un poco. Quiero decir que sentimos una cierta plenitud, lo cual no deja de ser un milagro, sobre todo si el partido lo disputa el Athletic fuera de casa.

La GRAN DIFERENCIA estaba ahí, nítida y categórica, en el horno de Heliópolis. Era la convicción. El Athletic jugaba con una ambición feroz, metiendo ocho futbolistas en el campo rival. Más que un equipo, era una conjura. Representado por su discípulo más cercano, el espíritu de Marcelo Bielsa volvía al equipo rojiblanco y eso era algo digno de celebrarse. Porque esa forma de jugar sólo es posible desde el convencimiento absoluto de los futbolistas, que creen a ciegas en su entrenador y están dispuestos a seguirle en su aventura. Justo lo que no sucedió con el 'Cuco' Ziganda, cuyo caso me sigue intrigando, sobre todo en lo que se refiere a dos cuestiones. La primera, la constante contradicción entre el discurso del técnico y la cruda realidad del juego de su equipo. La segunda, la maldición cada vez más manifiesta que pesa en el Athletic con los entrenadores que han sido exjugadores del club, lo que antes llamábamos técnicos «de la casa». Desde la primera época de Javier Clemente, es decir, desde hace más de treinta años, sólo Ernesto Valverde ha sido capaz de sobreponerse a ese maleficio. (Algunos día tendremos que sentarnos a analizarlo).

Fue tan bonito lo que vimos en la primera parte que la acción de Susaeta fue un jarro de agua fría difícil de olvidar. A los detractores históricos del eibarrés, que le seguirían mirando con recelo aunque marcase diez hat-tricks seguidos y siempre de chilena, se unió ayer un amplio coro de hinchas indignados. Estaban tan molestos, sincronizados y movilizados que podrían haber fundado una asociación de afectados por las dos tarjetas amarillas del Villamarín. Y es que 'Susa' fue el domingo el cenizo que te interrumpe lo que más te gusta en el peor momento posible, el manazas que toca el mando y te apaga la televisión cuando la película está en lo más emocionante. Tanto tiempo esperando para ver a ese Athletic y va el tío y nos deja con la miel en los labios. Sea como fuere, tampoco hay que condenarle a la picota. Y no lo digo sólo pensando en su hoja de servicios. Salvo que pensemos que lo del equipo de Berizzo en Sevilla fue una casualidad, Susaeta no ha hecho otra cosa que retrasar ese partido redondo que estamos esperando. Y que llegará con toda seguridad si el Athletic continúa por este camino.

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